MIS COSAS DE JACA

Estas páginas van destinadas a todas aquellas personas que quieren a su ciudad, como me sucede a mí con la mía, Jaca. Hablaré, pues, de “mis cosas” esperando que alguna de ellas pueda ser también la tuya o, sencillamente, compartas mi afición por “colarme” entre el pequeño hueco que separa la memoria de la historia, lo general de lo particular o lo material de lo inmaterial. Estas “cosas de Jaca” están construidas a base de anécdotas , fotos de ayer y hoy, recuerdos y vivencias mías y de mis paisanos y de alguna que otra curiosidad, que me atrevo a reflexionar en voz alta. No es mi propósito, pues, ocuparme de los grandes temas de los que ya han tratado ilustres autores, es más bien lo contrario: quiero hacer referencia a rincones ocultos, héroes anónimos, huellas olvidadas, sendas por las que ya no se pasa, lugares que fueron un día centro de atención y hoy han sido relegados a la indiferencia, al olvido o al abandono; a unos escenarios donde se sigue representando la misma obra pero con otros actores.

sábado, 7 de junio de 2014

PLAZA CORTES DE ARAGÓN (ANTIGUA CALVO SOTELO)


                                              


ÚLTIMA REMODELACIÓN DE ESTA PLAZA


Nunca se sabe dónde está la sorpresa. Tomándome una caña, periódico en mano, en la terraza del bar Ulzama, me ha dado por bajar la cabeza y he visto algo raro en una de las piedras del suelo.
VILLA BAGATELA O CHALET DE LOS ARAUJO
 Me levanto, me doy una vuelta por la plaza, y veo que está toda llena de esas piedras raras. Y  me he dicho a mí mismo : ¡Vaya!, ¡La de vueltas que da la vida!. De repente, me han venido a la cabeza algunos trajes con los que se vistió esta plaza. 
 VILLA BAGATELA, INVIERNO DE 1975




Me veo sentado en lo que fue la verja de un bonito chalet (que yo conocí como el de los “Araujo”, pero que en realidad se llamaba “Villa Bagatela”)  disfrutando de la sombra   de  sus árboles, que  sembraban el suelo de castañas pilongas.



 También estoy viendo cómo han ido cambiando las fuentes, desde una de trazo modernista, con caño y pila, que solitaria vigilaba unos jardincitos, a otras mas recientes que, con mayor o menor acierto, han ido imitando  a estanques naturales. 


FUENTE DE PILA Y CAÑO

Cierro los ojos, los abro de nuevo y  veo  la plaza vestida de otra manera:  aparece ante mí una casa hecha a base de costeros barnizados: “La Casa de la Pradera o La Ponderosa”  la llamaban algunos; en su momento una cosa "moderna", "atrevida", con  la que Jaca reafirmaba su vocación turística y que fue sede  de la antigua oficina de Turismo. 

"LA  PONDEROSA"


Entonces, la plaza estaba rodeada de taxis y con  ellos un taxista  muy especial par mí,   un excelente músico que, entre cliente y cliente, desde el interior de su Renault Gordine, de color beige, amenizaba las tardes de siesta con su violín  o su saxofón: era Andrés Sánchez, con el que tuve el placer de compartir “cartel” amenizando  el baile en las fiestas de Ascara, allá por el 1968.
PARADA DE TAXIS


Pago al camarero, me levanto, me dirijo hacia la antigua calle del Teatro, me paro en el escaparate de una tienda de deportes. Y me pregunto si no era justo allí donde estaba la puerta del Teatro de la Unión Jaquesa. 
Avanzo hacia el interior de la tienda y "veo" el antiguo bar del teatro, al taquillero, las butacas de madera, la cortina de pipas que caía desde el gallinero, el anfiteatro y el palco,  al que no nos dejaban entrar, pero, sobre todo, me veo subiendo unas escaleras por la parte de la derecha hacia el lugar más divertido del teatro: el “gallinero”. Desde esos bancos de madera que se disponian en semicírculo, impacientes por que terminara ese tostón, que llamaban No-Do, devorábamos las películas de Tarzán, Maciste el Coloso, Ben-Hur etc.,  interrumpidas  de vez en cuando por algún pataleo sobre la tarima, al que seguía el grito de ¡acomodador!, ¡acomodador!, tras el cual aparecía la luz de su linterna, que conseguía, en el acto, un silencio sepulcral.

TEATRO UNIÓN JAQUESA
 De vuelta, por la acera de la derecha, casi en el rincón  de la plaza, me paro ante una pequeña y vieja casa cuya pared parece caerse a trozos, con dos  ventanas y  una puerta, que piden a gritos una mano de pintura, para reponer su color original, y casi estoy a punto de entrar a  saludar a mi viejo amigo, el zapatero Gómez , Manolo, el zapatero más “pincho” de Jaca. ¡Qué personaje, ese  zapatero remendón de los de antes! Siempre alegre y dicharachero, con el sentido común, con mayúsculas, como título académico, con respuestas para todo, y, por supuesto,  sin que hubiera zapato que se le resistiera. Igual  ponía unas tapas que les hacía un cosido remendón  a aquellos zapatos cansados de dar patadas al balón,  y que él conocía como si fueran de la familia. Te los devolvía con una amable sonrisa  y siempre con la misma frase: “Toma, Potente, aquí los tienes, brillantes como los chorros del oro”, o "a quí los tienes, te he puesto unas potentes  suelas  maravilla criatura."
Pero los chavales como yo no lo admirábamos por su trabajo, lo que nos impresionaba eran sus brazos, sus potentes bíceps. Había sido aficionado al boxeo y tenía colgado del techo un  pequeño saquito de arena al que, en sus ratos libres, sacudía mamporrazos, al tiempo que lo  rodeaba dando pequeños saltitos, e incluso hacía una exhibición de  su manejo de la comba.

LOCAL DEL ZAPATERO MANOLO GÓMEZ
 No sé cómo se las arreglaba, pero de allí salías  con los zapatos arreglados, admirando su deporte, su agradable conversación, su trato cariñoso y siempre con el saludo y la despedida  de rigor: "!Hola, Potente!  ¡Adiós, Potente!"


ENLOSADO CON ICNOFÓSILES
Continúo rodeando la plaza entre abetos y sauces llorones, y sigo mirando al suelo, volviendo a observar esas “piedras tan raras” con las que han hecho el nuevo piso de la plaza  diciéndome: ¡Esto sí que  es un enlosado de época!, ¡pero no de cualquier época!, nada más y nada menos que del Eoceno, de unas losas sacadas del lecho marino, que las pisadas de los peatones  se encargarán de desgastar poco a poco, haciendo desaparecer las huellas petrificadas  o icnofósiles, que unos bichitos dejaron, cuando iban en busca de comida, hace unos cuarenta millones de años. Y , !mira por dónde!,  descubro que esos adoquines de la calle Mayor, que siempre se habían sentido orgullosos y habían  presumido de ser los dueños de las calles de Jaca, tienen unos nuevos vecinos a los que no  pueden llamar forasteros.

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ACTUAL PLAZA DE LAS CORTES DE ARAGÓN