MIS COSAS DE JACA

Estas páginas van destinadas a todas aquellas personas que quieren a su ciudad, como me sucede a mí con la mía, Jaca. Hablaré, pues, de “mis cosas” esperando que alguna de ellas pueda ser también la tuya o, sencillamente, compartas mi afición por “colarme” entre el pequeño hueco que separa la memoria de la historia, lo general de lo particular o lo material de lo inmaterial. Estas “cosas de Jaca” están construidas a base de anécdotas , fotos de ayer y hoy, recuerdos y vivencias mías y de mis paisanos y de alguna que otra curiosidad, que me atrevo a reflexionar en voz alta. No es mi propósito, pues, ocuparme de los grandes temas de los que ya han tratado ilustres autores, es más bien lo contrario: quiero hacer referencia a rincones ocultos, héroes anónimos, huellas olvidadas, sendas por las que ya no se pasa, lugares que fueron un día centro de atención y hoy han sido relegados a la indiferencia, al olvido o al abandono; a unos escenarios donde se sigue representando la misma obra pero con otros actores.
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lunes, 12 de junio de 2023

SAN JUAN DE LA PEÑA 2. DE LOS CAMINOS DE HERRADURA A LA LLEGADA DE LOS PRIMEROS TURISRAS



DE LOS CAMINOS DE HERRADURA A LA LLEGADA DE LOS PRIMEROS TURISTAS 





La altura a la que se encuentra, los empinados barrancos, la espesa vegetación y las murallas naturales de conglomerados nunca hicieron fácil el acceso a San Juan de la Peña, pero fue precisamente esta naturaleza salvaje la que garantizó durante siglos su protección e independencia. Baste recordar al respecto cómo el guerrillero de Embún Miguel Sarasa eligió dichos parajes para hacer de ellos su fortín y defenderse de las tropas napoleónicas en julio de 1909. Sin embargo, esto no fue obstáculo para que esforzados viajeros, del siglo XIX y principios del XX, movidos bien por la curiosidad intelectual o por mero placer aventurero, se acercaran a los Monasterios. 





Ahora bien, ¿cómo llegaban hasta allí? Las comodidades de las que disponemos hoy para desplazarnos hacen costoso ponernos en su lugar. Pero sería conveniente recordar que reyes, abades, monjes, lugareños, devotos en romerías... durante siglos y hasta 1931 acudieron con los mismos medios: a pie o en caballerías.


De Santa Cruz de la Serós a San Juan de la Peña por el camino de herradura, 1917. El autor de la fotografía, Daniel Dufol Álvarez, hizo una breve pausa para, en un recodo de la senda, desde su montura, con el pueblecito de Santa Cruz de la Serós al fondo, tomar esta instantánea. Los jinetes y los dos espoliques de casa Jusepe de Santa Cruz remontan el camino hacia las empinadas y peligrosas cuestas de la Galochera o Escalar que los conducirán, en una hora, al  Monasterio Alto.


Nos puede acercar a esa forma ancestral de acceder a San Juan de la Peña lo que nos cuenta en El Pirineo Aragonés, en abril de 1896, el coronel de artillería historiador y académico Mario de Sala Valdés

Tres caminos existen para subir a San Juan de la Peña, el primero por Anzánigo, hay que salir en el tren de las 2 de la tarde, emplear hora y media en el trayecto a dicho pueblo, coger en él las caballerías y subir la sierra dirigiéndose por Botaya al Monasterio Alto, para lo que se tarda de tres a cuatro horas. Es el camino mejor, pero el más largo y así es posible  visitar los dos monasterios en un mismo día. El segundo, por el barranco de Atarés, accidentado y áspero, exige el empleo de una hora de coche (de caballos) y dos y media de mulo. El tercero, por la Venta de Esculabolsas y el Escalar, es el peor de todos, pero el más breve. Se llega a la Venta en carruaje en 5 cuartos de hora, y teniendo allí los mulos preparados solo se tarda hora y media en subir al monasterio Alto”.



 Y continúa: “Como no queríamos pernoctar en este, fue el tercer camino el elegido. El 23 de agosto efectuamos la expedición bien provistos de municiones de boca. A las cinco de  la mañana salíamos en carruaje por la carretera de Pamplona siguiendo la orilla izquierda del río Aragón y a las seis y cuarto estábamos en la venta de Esculabolsas donde los mulos procedentes de Santa Cruz llegaron con retraso, a las 8 h. Los mulos viejos y acostumbrados trepaban por estas asperezas sin dar un mal paso. Al principio fuimos un cuarto de hora por la rambla de Santa Cruz; luego principiamos a subir por una senda pedregosa que acentúa su desnivel hasta llegar a la Galochera o Escalar en que la pendiente es más pronunciada y el paso peligroso al borde de grandes precipicios entre hayas, fresnos, encinas, pinares, boj, acebo, matas de fresa, olorosos chordones y toda clase de plantas medicinales.



Idéntico camino fue el que recorrió el hispanista y mecenas de Sorolla  Archer M. Huntington, estadounidense fundador de la Hispanic Society of America cuando, poco antes, en 1892, tras visitar Jaca y Panticosa, acompañado del  jaqués Leopoldo, cogió la diligencia (probablemente “La Sangüesina” que tenía su salida en el Portal de San Francisco de Jaca) que lo conduciría a Esculabolsas, donde el ventero ponía a disposición de los viajeros mulo o mula y guía de calzón corto, por 5 pesetas. Llegado a lo alto, Archer M. Huntington, tras describir con detenimiento la historia y los monumentos, realizó 7 fotografías (Huntington, 1898,198-215). 



Instantáneas tomadas en 1913 por el prestigioso oftálmologo
jaqués, sentado en el centro, y sus paisanos y amigos hermanos Lacasa

 Sin automóviles y sin carreteras, aquellos atrevidos turistas que llegaban a San Juan de la Peña solían ser de cercanías. En este caso, con el fondo de la impresionante cubierta de roca y la capilla barroca de San Voto, el jaqués Benito Langa Berbiela (el segundo a la izquierda, sentado) con su esposa Teófila Del Hoyo Paúles (la primera a la izda., de pie), familia y amigos posan en la arquería del claustro del Monasterio Viejo. Foto F. de las Heras, cedida por Margarita Langa Albertín. 


Por el segundo camino, el de Atarés, pasando por Santa Cruz de la Serós, probablemente el más utilizado en el medievo, pasó Juan Bautista Labaña  en 1610, ubicando el Monasterio a dos leguas y media de Jaca; lo mismo que José María Quadrado quien nos advierte de la torre que vigila la entrada al valle de Atarés, hoy llamada "Torre del Moro" o “Torre de Santa Cruciella”:  “Entre densos matorrales asoma en el lado de un cerro la cuadrada torre que llaman Torraza, cuya destrozada frente conserva todavía un elegante ajimez” (Quadrado,1844,191). Por este mismo trayecto, pero en sentido contrario, descendió de San Juan, en 1903, el rey Alfonso XIII con una comitiva de 80 o 90 jinetes.







 Las  instantáneas nos muestran distintos momentos del viaje  de Alfonso XIII a S. J. de la Peña. Fotos publicadas en Nuevo Mundo y ABC en 1903 Y parte del discurso que Juan Moneva y Puyol, de espaldas le dirige a su majestad. 


Pero sigamos a  Mario de Sala Valdés, que no era el primer visitante que llegaba al Monasterio Alto y lamentaba su amenaza de ruina. Habían pasado unos 60 años desde que los monjes se vieron obligados a desalojar el Monasterio Alto, y Mario contemplaba los resultados del abandono: 

… brechas en los tejados, podredumbres de enmaderados, hundimiento de las paredes y bóvedas amenazando derrumbamientos... En la amplia portería conocimos al incomparable Modesto, veterano de talla erguida y plateados bigotes, antiguo y actual guardián que enamorado de las ruinas cobraba con puntualidad su pobre salario cuando el Real Monasterio estaba a cargo de la Diputación oscense; pero desde que en 1889 el insigne cenobio mereció que el gobierno lo declarase Monumento Nacional, no ha recibido un sólo céntimo aquel hombre excelente que, después de 5 años de dieta absoluta, vive de milagro... y no deserta. (En efecto, Modesto Vozmediano, el buen guardián, murió a principios del año de 1895, cuando empezaba a cobrar, y su viuda, Jerónima Toyas falleció 2 años después en el mismo Monasterio). 


 Benito Langa Berbiela (sentado en el centro) junto a su esposa  Teófila Del Hoyo Paúles (sentada a su lado), con sus familiares y amigos. Llegado el momento del almuerzo, se disponen a comer bajo uno de los dos robles centenarios, de unos 370 años, que todavía existen en la Pradera junto al Monasterio Alto. En este caso en el “cajico” de Botaya, así llamado por tener los habitantes de este pueblo el privilegio de poder comer bajo su sombra el día en que se celebra la tradicional romería de San Indalecio, desde 1187. De la misma forma lo hacen los de Santa Cruz de la Serós en el otro roble que queda más alejado. Foto F. de las Heras, cedida por Margarita Langa Albertín.


Fue en las dos primeras décadas del siglo XX cuando comenzó a aparecer un visitante de cercanías, de Huesca, Jaca y Zaragoza, que se acercaba a San Juan de la Peña no tanto con la intención de explorar y loar aquellas ruinas, sino con la determinación de hacer algo por ellas. A todos ellos, a los que bien podemos calificar de “turistas militantes”, les embargaba una especie de obligación moral, semejante a la de aquel que no quiere ver “espaldada” la casa de sus antepasados. Eran en su mayoría personas con responsabilidades políticas, eclesiásticas o destacados académicos y escritores: ateneístas de Zaragoza como Juan Moneva y Patricio Borobio; prelados de Jaca como Manuel Castro Alonso y el Deán del Cabildo Dámaso Sangorrín, con su erudito trabajo “Ni Covadonga ni Galión”; políticos como el alcalde de Jaca Antonio Pueyo y diputados como Gavín y Lacasa Sánchez Cruzat; catedráticos y escritores como Ricardo del Arco. con su libro El real Monasterio de San Juan de la Peña; Benigno Baratech, Luis Mur,  Domingo Miral y Mariano Cavia, entre otros. ¡Al fin algo nuevo! Algo que no respirara abandono y ruina, algo que atrajera al visitante. En definitiva, algo que diera esperanza de futuro a San Juan de la Peña. 

 Excursionistas a caballo en en la Pradera de San Indalecio, 1920. Instantánea tomada junto a la destartalada vivienda del guarda del Monasterio. Entre los cuatro atrevidos jinetes, de izquierda a derecha, observamos al incansable defensor y admirador de los monasterios Ricardo del Arco, a Luis Mur Ventura, a Gregorio Castejón, al guarda de San Juan de la Peña y a Manuel Casanova. Foto Fondo Ricardo del Arco. Placa de vidrio, 9 x 12 cm, FDPH. 


Aunque no fue hasta 1915 cuando aquellos pioneros viajeros-turistas pudieron acomodarse, con cierto decoro, en una coqueta casa de ladrillo, aislada, en plena llanura de San Indalecio y próxima al ala sur del monasterio Alto, la Casa Forestal. Casa que también, además de cobijar a los vigilantes y cuidadores del monte, sirvió con posterioridad como vivienda a los guardias de los Monasterios, que venían haciendo su vida entre un destartalado edificio con corrales situado junto al lado izquierdo de la entrada del Monasterio Alto y un pabellón del convento cedido por la Comisión de Monumentos. 


  Casa de forestales,1914. En esta casa, aislada en plena llanura de San Indalecio, descansó antes de regresar a Zaragoza, a principios de septiembre de 1934, el presidente de la República Niceto Alcalá  Zamora cuando visitó San Juan de la Peña. Foto Nicolás Viñuales: Fondo Hermanos Viñuales _00422, FDPH.    


De corto recorrido, pero plena de entusiasmo, fue la iniciativa que apareció en primera plana en el periódico local La Unión el 3 de abril de 1919, firmada por “Paquito de la Montaña”, seudónimo que ocultaba al escolapio, maestro y licenciado en Filosofía padre Otal. “Por la restauración de San Juan de la Peña”. “Solemne asamblea para esta tarde a las seis”. En ella, el Ayuntamiento de Jaca invitaba a todas la fuerzas vivas a una asamblea, en el Salón de Sesiones de la Casa Consistorial, para formar una “Junta de Protección a San Juan de la Peña”, y el autor  hacía un llamamiento a todas las clases sociales, corporaciones y entidades del  Reino, abriendo una suscripción Regional y solicitando un óbolo de todos los Ayuntamientos de Aragón, de todos los Centros y Corporaciones y recabando el apoyo de todos los diputados y senadores del Reino para alcanzar del Gobierno la mayor de las  subvenciones.


 Notables jacetanos y oscenses, afines a la “Junta de Protección a San Juan de la Peña,” en visita “patriótica,”  juran fidelidad a la obra de los Monasterios en el altar del Monasterio Nuevo, 1920. De Jaca: Antonio Pueyo, Juan Lacasa Sánchez- Cruzat, Fausto Abad y los padres escolapios, Aurelio, Fernando y Juan Otal. De Huesca: Ricardo del Arco, Benigno Baratech, Luis Mur y Pastor, entre otros. Foto Archivo de la Real Hermandad de San Juan de la Peña. 


 A esta llamada respondió positivamente la Comisión provincial de Monumentos Históricos y Artísticos de Huesca y El Diario de Huesca, que iniciaba la suscripción con la aportación de 50 pesetas, de su propio bolsillo, del catedrático de instituto Luis Mur. Los promotores de la Junta se hicieron una foto simbólica en el altar del Monasterio Nuevo, ante el que semejan jurar fidelidad a la obra de restauración de los Monasterios. Y el verdadero impulsor y alma mater de aquella Junta, compuesta en su mayoría por próceres de la ciudad de Jaca y Huesca, que no era otro que el ya citado padre Otal, inició también una suscripción pública en El Noticiero de Zaragoza, del cual era corresponsal, gracias a la que: “Conseguimos algún dinero con el cual se compró madera y pudimos pagar la mano de obra... consiguiendo, tan solo, retardar unos años el desplome de la techumbre de San Juan Alto”. Esto comentaba él mismo, 48 años después, a un ex-alumno suyo sobre aquella campaña “pro San Juan” que él mismo ideó:

 Te recuerdo cómo, tú y tus compañeros escolares, aceptasteis mi invitación para crear ambiente escribiendo con clarión en los bancos de las desaparecidas murallas de Jaca y en el paseo aquella frase ¡VISITE VS. SAN JUAN DE LA PEÑA!  Algo había que hacer a este respecto, cuando no existía mas que la prensa semanal (“San Juan  de la Peña, medio siglo atrás”, Jacetania, diciembre de 1968, A. Villacampa).  




 Foto Daniel Dufol Álvarez.Sacerdote en la arquería norte del claustro de San Juan de la Peña, 1917. Las visitas y la implicación del clero en las reivindicaciones para la restauración de los Monasterios se hicieron manifiestas desde las primeras décadas del siglo XX. En este caso, y ante tan sobrecogedor marco, un sacerdote parece estar concentrado en la lectura sentado entre el capitel de “El sueño de San José” y el de “Los Reyes Magos ante Herodes”, en ese momento colocados de forma distinta a como podemos verlos en la actualidad.  


Así las cosas, de gran trascendencia para la divulgación turística de San Juan fue la labor realizada poco después por el Sindicato de Iniciativa y Propaganda de Aragón (SIPA), cuando en 1925, a imitación de lo que habían hecho numerosas localidades francesas en el siglo XIX, empezaron a poner en valor el “turismo autóctono”, tanto a nivel comarcal como regional, apoyándolo con su revista Aragón Turístico y Monumental. Tal es así que en sus primeros años de vida pocos son los números de la revista en los que no aparece alguna nota o artículo referente a estos lugares. Pronto dejaría constancia el SIPA de su decidida apuesta por hacer de San Juan de la Peña su icono turístico. Y lo haría, en este caso, incidiendo en el valor de su ubicación y en el de su entorno paisajístico. Muestra inequívoca fue la realización y posterior inauguración, el día 25 de julio de 1926, festividad de Santiago, de una mesa de orientación que, en palabras de Andrés Cenjor Llopis, era la “primera que existe en España”. El mismo Llopis nos narra las peripecias de aquel hecho en el periódico La Unión del  29 de julio de 1926: 

Salimos de Jaca entre 6 y 7 de la mañana. En Santa Cruz nos esperaban caballerías y tras 1 hora de cuesta llegamos al monasterio Nuevo; tomamos unos exquisitos bocadillos y vino de  Cariñena. A continuación marchamos a la inauguración de la mesa costeada y regalada por el SIPA. Consiste en un tablero semicircular de mármol, construido de manera que, colocado el observador en el centro de su diámetro no tiene más que seguir con la vista la dirección marcada por una líneas negras indicadoras del monte que a lo lejos se divisa con su nombre y altura. Ha sido dibujada por el Sr. Uceda Arquitecto Municipal de Huesca, el mármol trabajado por don Joaquín Beltrán de Zaragoza y el basamento de piedra, estilo románico, por don Francisco Sorribas, artista de Zaragoza. 

La mesa se colocó en el Balcón del Pirineo, uno de los miradores de San Juan, lugar cuya belleza sobrecoge a los visitantes. Efectivamente, hoy como ayer, desde ese punto se contempla una de las vistas más sobrecogedoras del Pirineo Central, que tampoco pasó desapercibida al ilustre antropólogo e historiador Julio Caro Baroja, quien afirmó:


Esta labor de propaganda del SIPA respecto a San Juan se verá reforzada tras la inauguración, el 3 de julio de 1927, de la  Universidad  Internacional de Zaragoza en Jaca y sus cursos de verano para extranjeros. Efectivamente, su principal promotor y catedrático, el cheso Domingo Miral, amante de los venerables cenobios de San Juan, contagió con su entusiasmo a todos los alumnos de aquellos cursos de verano, de tal forma que entre las actividades de la Universidad no faltó ningún año una excursión a los monasterios de San Juan, ampliando así de manera exponencial su divulgación internacional. 



 Niños en el Balcón del Pirineo, hacia 1930. En  junio de 1985 un acto vandálico destruyó la mesa y la ilusión de sus constructores, pero al año siguiente, en julio de 1986, gracias a la labor de los guardas de montes, que recogieron los fragmentos de la mesa rota, junto con el hoy ya jubilado José Luis Solano, que además pasó a papel todos los datos de la misma, se pudo confeccionar una tablero de mármol similar al anterior. El entonces Príncipe Felipe regaló esta nueva mesa, que es la que se puede contemplar en la actualidad. Foto Jesús Bretos.


Y aunque parezca increíble, es cierto que, a pesar de las dificultades de acceso, pues se debía ascender por los tradicionales senderos medievales, aquel verano de 1927 quedó constancia, en el álbum de firmas que existía en la Casa Forestal, de la rúbrica de 300 visitantes, entre ellos bastantes también procedían de excursiones de montañeros Aragoneses, organizadas desde Zaragoza. (La Voz de Aragón. Enrique Cuevas,1927).

Pero, a pesar de ello y de los esfuerzos encomiables por restaurar los Monasterios, seguía siendo difícil su visita. Había un inconveniente que impedía sacar a San Juan de la Peña de su aislamiento medieval todavía por caminos de herradura. No eran solo obstáculos económicos los que congelaban un acceso rápido y moderno, pues cuestiones de estrategia militar, y al parecer importantes para el Ramo de la Guerra, lo impedían. Los estrategas militares consideraban que  construir una carretera que llegara a la altura de 1255 metros daría el control artillero, en una posible invasión francesa, a toda la Canal de Berdún. Una cuestión esta que comenzó a cambiar de signo con el Gobierno de Primo de Rivera, al iniciarse serios adelantos para realizar el tan esperado acceso por carretera. Habría que esperar hasta el 12 de julio de 1931. Ese día se inaugurarían los 8 kilómetros que unirían Bernués con el monasterio Alto, según el proyecto del ministerio de obras públicas aragonesas de 1925, redactado por  el ingeniero Joaquín Cajal Lasala. 


Día de la Inauguración de la Carretera por Bernués. Foto, Ildefonso Sa Agustín


“Un guarda con cayada y bandolera indica la bifurcación de la carretera. Por allí, a Jaca. Por aquí, a San Juan de la Peña, sin cabalgar sobre rocín, sin tener que contratar espolique, sin que trisquen los pies por el pedregal”, así describía tan importante acontecimiento Fernando Castán en La Voz de Aragón. 

Los autos de motor, aunque por una carretera polvorienta y zigzagueante, habían “invadido” la pradera de San Indalecio. A partir de entonces coches y autobuses ayudaron a popularizar aquellos históricos recintos hasta ese momento desconocidos para la mayoría, al tiempo que  amigos del arte, excursionistas y naturalistas, en goteo fino, pero constante, se hacían visibles los fines de semana. 



 Foto Jesús Bretos. Mirador de san Voto, hacia 1930.  Al final del paseo del mismo nombre se encuentra el mirador. En la instantánea, cinco jaqueses en el balconcillo, que sobre la roca habían acondicionado los forestales, contemplan en lo profundo, el Monasterio Viejo encajado en las paredes rocosas del cortado y la hondonada del monte con su exuberante vegetación. 


Ahora bien, para adecuar las visitas a los turistas habría que esperar a la entrada de los años cincuenta. Fue entonces cuando, en el lado izquierdo, pegada a la entrada del Monasterio Alto, se construyó la tan esperada Hospedería que demandaba el progresivo aumento de visitantes. Un hecho decisivo, que hay que atribuir a la Caja de Ahorros, y, en especial, al que era su director en esos momentos José Sinués Urbiola.   



Foto de autor desconocido. Forestal junto al Monasterio Alto, hacia 1930. Instantánea de un Joven forestal con unas vacas ante un lienzo con tambor de la muralla de ladrillo que, por el ala sur del Monasterio Alto, todavía lo protegía. De encomiable podemos calificar la labor de los forestales que, además de su cometido profesional, ayudaban a mejorar y abrir nuevos caminos y paseos para favorecer la visita de los turistas. Fondo José M.ª Arenas Bara_00469. FDPH. 


Durante los años sesenta y setenta hubo un aumento continuado de visitantes que fue cambiando el perfil tradicional del visitante regional. El eco de los Festivales folklóricos celebrados en Jaca y el auge del turismo ligado a la nieve rompió con la estacionalidad, que limitaba la presencia del turista a la primavera y al verano, ampliándola al resto del año; de la misma manera comenzaron a llegar con más frecuencia turistas de todas las partes de España y del extranjero. Era por diciembre de 1968 cuando Urbano García, director del Gran Hotel de Jaca y de la Hospedería de San Juan de la Peña, se felicitaba por ello: “La Hospedería se queda pequeña y creo necesario la construcción de un Parador Turístico para acoger todas las peticiones de alojamiento”. Pero  añadía que “a pesar del reciente asfaltado de la carretera por Bernués aún cree mucha gente que ir a San Juan de la Peña es empresa casi de montañeros o por lo menos para vehículos todo terreno”. (“Entrevistas”, Jacetania, diciembre 1968, C. Cenjor).


Jaqueses en el claustro del Monasterio Viejo, hacia 1936. Un sacerdote parece explicar a unos turistas que se habían desplazado desde Jaca la iconografía de los capiteles del claustro de San Juan de la Peña. Claustro en el que se aprecia con nitidez la restauración que, dirigida por Francisco Íñiguez, había concluido el año anterior. Foto Jesús Bretos.


Es inevitable, además de justo, recordar lo frecuente que era en esos años encontrar por los parajes de San Juan de la Peña a todo un personaje, Mosén Benito Solana Hernández. Cura párroco de Bernués y de unos cuantos pueblos de los alrededores y también de San Juan de la Peña. Cordial y alegre, no era difícil verlo con la sotana remangada, con mortero y llana en mano, reconstruyendo alguna iglesia de la redolada.


1994. Primero por la derecha, Mosen Benito Solana. Acto de celebración de  la llegada por segunda vez, desde la catedral de Valencia  al monasterio viejo de San Juan de Lapeña,  del Santo Grial.



 Era tal su empuje y determinación que, si por él hubiera sido, él mismo hubiera sustituido el arco de ladrillo que coronaba la puerta de entrada al monasterio Viejo por otro más noble y de piedra. Eran tiempos en los que el turista, al entrar en el interior del Monasterio Viejo, se estremecía y guardaba silencio; cuando, con los ornamentos litúrgicos imprescindibles, sin bancos para sentarse, sin poder quitarse uno el abrigo en el mes de junio por falta de algún cristal en los vanos de la nave de la iglesia, pero con la dignidad y la fe que trasmitían los fríos y desnudos sillares de los ábsides, Mosén Benito celebraba puntualmente su “Misa de una” todos los domingos y días festivos de los meses de junio, julio, agosto y parte de septiembre. Además, como poseedor de la llave del Monasterio no dudaba en mostrarlo a “importantes” visitantes nacionales y extranjeros. Eso sí, lo hacía algo avergonzado cuando tenía que desplazarse en coche con ellos, por el trecho intransitable de dos kilómetros de carretera sin asfaltar que por aquel entonces unía el monasterio Alto con el Viejo. (“Entrevistas” Jacetania, diciembre 1968, C. Cenjor). 


 Grupo de visitantes en San Juan de la Peña, hacia 1940. La apertura en 1931 de la carretera que, por Bernués, llegaba al Monasterio Alto representó un punto de inflexión en las visitas a San Juan de la Peña. Los automóviles habían sustituido a las caballerías. Desde entonces, se aceleraron y popularizaron de forma exponencial las visitas de los turistas. Foto J. Escartín Barlés_03191. FDPH. 


Eran momentos (en los años setenta) en los que se hacía constante una reivindicación también histórica: acceder al monasterio Viejo por una carretera asfaltada por el norte, por Santa Cruz de la Serós. El tan esperado acceso, el que verdaderamente abrió las puertas de par en par a San Juan de la Peña y el más utilizado en la actualidad, llegaría en 1981, cuando se asfaltaron los 7 kilómetros de pista forestal. Tras la apertura de la nueva carretera se puede hablar de un antes y un después en cuanto al número de visitantes. Turistas que, llegados de todos los lugares de España y del extranjero, cada vez más numerosos y doctos, demandaban un conocimiento más profundo del arte y de la historia, sobre todo en lo que respecta al Monasterio Viejo.


Juan Sarasa Benedé, el bigotes", 1948 


Concienciada la Administración Autonómica de ello, y sin dejar de reconocer la gran labor que en la conservación de los Monasterios habían realizado los guardas anteriores: Modesto Vozmediano y su hijo Dámaso (hasta 1912, año en que presentó su renuncia), así como Juan Sarasa Benedé “el bigotes” y su hijo Juan Sarasa Sabater (hasta 1984), se iba a ver cumplida aquella petición que hiciera Ricardo del Arco ya en 1918: “Venga aquí un guarda conservador oficial para los monumentos” ( HA, 18 sep. de 1918). Y así fue, la  Administración Autonómica sacó a concurso en 1984 la plaza de “Guarda de Monumentos” que fue obtenida por José Luis Solano. Desde entonces, con solvencia y pasión, este nuevo “guarda-guía” ha mostrado no solo los rincones y detalles más desconocidos de la historia y el arte del Monasterio, del que prácticamente hizo su segunda casa, sino que además ha seguido todos los aconteceres referidos a San Juan de la Peña a lo largo de 34 años de servicio.



Cargando la caballería, hacia 1940. Foto Jalón Ángel. La vida de los guardas del Monasterio no resultaba nada fácil en las primeras décadas del siglo XX. El relativo aislamiento y el costoso desplazamiento en caballerías a Santa Cruz de la Serós, unido a los bajos salarios que percibían, los obligaban en parte a autoabastecerse con un pequeño huerto y la cría de animales en un corralico.


Pero la proyección definitiva hacia el futuro y al turismo de masas adquirió una nueva dimensión cuando el Gobierno Autonómico presidido por Marcelino Iglesias apostó de forma decidida por convertir en un emblema turístico de Aragón a los Monasterios de San Juan de la Peña. En efecto, el 24 de septiembre de 2007, tras 4 años de obras, se inauguraba la tan ansiada recuperación del Monasterio Alto. Se habían invertido 25,1 millones de euros para crear una Hospedería de 4 estrellas con 25 habitaciones, dos centros de interpretación: uno sobre San Juan de la Peña y la vida de ambos Monasterios, y otro en la iglesia barroca que acoge el Centro de Interpretación del Reino de Aragón. Tras este nuevo impulso la afluencia de visitantes aumentó considerablemente, estabilizándose en una cifra anual de unas 100 000 visitas.

 

 Visitantes junto a la balsa situada en la pradera de San Indalecio, hacia 1930. Foto Jesús Bretos. Junto al inicio del paseo que hacia el sur conduce hasta las ruinas y al mirador de la ermita de Santa Teresa, se encuentra esta balsa de agua construida por los monjes con la finalidad de regar las huertas del Monasterio. Una balsa que cambia de aspecto y profundidad en función de las estaciones de año, y de la que se dice que se hizo con la profundidad necesaria para que un caballo pudiera nadar en ella.





                                                       BIBLIOGRAFÍA 


ARCO GARAY, Ricardo del. El real Monasterio de San Juan de la Peña.  Edición F. de las Heras. Jaca, 1919.

ARCO GARAY, Ricardo. Fotografías de Historia y arte 1914-1924. Ed. Diputación de Huesca. Zargoza, 2009.

HUNTINGTON, Archer Milton. A Note-Book in Northern Spain. G. P. Putnam´Sons, New York and London,1898.

LACASA LACASA, Juan. Crónica de San Juan de la Peña 1835-1992. Ed. Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Zaragoza, Aragón y Rioja. Zaragoza, 1992.

LABAÑA, Juan Bautista. Itinerario del  Reino de Aragón. Obra impresa por la Diputación Provincial de Zaragoza, 1895.

QUADRADO, José María y PARCERISA, Francisco Javier. Recuerdos y bellezas de España. Vol. II: Aragón, 1844. 

CARO BAROJA, Julio. Sobre el mundo ibérico pirenaico. Estudios vascos XVIII. Ed. Txertoa. San Sebastián, 1988.

LAPEÑA PAÚL, Ana Isabel. San Juan de la Peña (coordinadora). Suma de estudios. Mira editores, S.A . Huesca, 2000.

VV. AA. De las Heras. Una mirada al Pirineo (1910-1945). Pirineum  Jaca. 2000.

VIÑUALES COBOS, Eduardo. Espacios Naturales Protegidos. Monumento Natural de San Juan de la Peña. Ed. Diputación General de Aragón. Zaragoza, 2003 



                              PERIÓDICOS

DH: Diario de Huesca

EN: El Noticiero (Zaragoza) 

EPA: El Pirineo Aragonés

HA: Heraldo de Aragón 

LU: La Unión

LVA: La Voz de Aragón 









lunes, 4 de noviembre de 2019

LA CHIMENEA GÓTICA DE LOS XIMÉNEZ DE ARAGÜÉS DE JACA









Pocos son los libros que hablan de la historia de Jaca en los que no aparece un espacio con una solitaria fotografía en blanco y negro de la magnífica “Chimenea de Jaca”, que embellecía la Casa-Palacio de los que fueron “Merinos de la ciudad de Jaca y sus Montañas” durante unos 160 años, entre los siglos XV y XVI, los Ximénez de Aragüés.
          La visión de esta perseverante imagen, acompañada de los escasos detalles que de ella se comentan, ha llevado al autor a interesarse por el tema y a intentar desentrañar algo más sobre su origen, ubicación, autor, valor artístico… así como a averiguar el camino que recorrió hasta llegar al Palacio de Pedralbes de Barcelona, donde se encuentra en la actualidad.
          José Antonio Labordeta escribe: “Dicen que hay tierras al este / donde se trabaja y pagan…”. Hoy, a estos versos de la canción “Aragón” se les podría dar otro sentido y reconducirlos, pues no será por falta de trabajo y esfuerzo de los aragoneses; y me temo que ni pagando, veamos volver los bienes patrimoniales que por desidia emprendieron ese viaje hacia el este.

 
                              1.  PRESENTACIÓN
         
 En la siguiente imagen se pueden observar con bastante precisión los laboriosos detalles artísticos de la chimenea que F. J. Parcerisa  dibujó cuando llegó a Jaca, hacia 1840.



Litografía de F. J. Parcerisa, hacia 1840

          Detalles que, con una elegante prosa romántica, describió así José María Quadrado en las páginas que escribió sobre Jaca y sus alrededores en el Volumen I, dedicado a Aragón, de Recuerdos y Bellezas de España

              … menos afortunada la grandiosa casa, que poseyó últimamente un caballero del apellido de Hago, ha visto desaparecer toda su exterior belleza y acomodar su interior á los usos de una tienda de comercio.
              Pocos años hace que aun sostenían su gótico patio cuatro labradas columnas, que se distinguía el sitio para colocar las picas, que se erguía la torre; hoy los restos de la antigua escalera, algunas molduras en las puertas y una suntuosísima chimenea en el piso bajo atestiguan únicamente su magnificencia. 
              Difícilmente habrá sobrevivido en regios alcázares un tipo más espléndido de accesorio tan interesante en las costumbres feudales como la chimenea; dos grifos sostienen su hermoso dosel de piedra trabajado con la misma prolijidad que si debiera cobijar una sagrada efigie. Los calados góticos que bordean su parte posterior, y las cinco pirámides que se cimbrean sobre sus cuatro ángulos obtusos y una en el centro, no pertenecen tal vez al estilo más puro, ni son del mejor trabajo los dos leones que sostienen los escudos de armas divisados, el uno con las barras de Aragón, y el otro con una banda diagonal y una estrella á cada lado: mas no por esto el conjunto resulta menos hermoso é imponente. 
               En su vasto hogar, cuántas veces en las noches de invierno habrá chisporroteado el robusto tronco, y cuánto de cacerías y lides habrá oído referir á los barones, y cuánto de amor á las damas, y cuántos repetir belicosos romances ó suspirantes "lais" de la vecina Provenza... 

Fotografía de J. Soler y Santaló (1907/1908, AFCEC)
 
                              2.   LA CASA-PALACIO


          En 1918,  Ricardo del Arco  todavía relata y describe algunos detalles de la casa y de las transformaciones que había sufrido el edificio, así como de la chimenea y de su desaparición posterior. 
 en la histórica ciudad de Jaca quedan pocas casas antiguas por causa del embellecimiento(?) de la población. En mi primera visita a Jaca conocí la de Ximénez de Aragüés, que Quadrado llama de Hago. Era muy ostentosa, con gran escalera de piedra (en el frente de ella el blasón de la casa) y en espacioso y hermosos salón con artesonado muy prolijo, y en la cabecera una afiligranada chimenea de piedra(propia del Siglo XV, como toda la casa), precioso ejemplar, de lo mejor del arte gótico, que, según mis noticias, se halla hoy en Sitges. En recientes visitas yo no he apreciado en tal casa ningún vestigio de antigüedad por causa de una  afectada renovación. Así irán desapareciendo muchos de estos memorables restos de arquitectura doméstica señorial, como otros á fuerza de incuria y abandono de sus propietarios, que ni alcanzan ni aprecian el valor de tales viviendas, ni su significación, que pueden competir con ventaja, desde luego, con las insulsas construcciones que las rodean o las sustituyen (Arco Garay, págs. 206- 207, 1918). 

Entrada al nº 20, Calle Mayor de Jaca
 
          Así pues, esta es la casa donde se encontraba la chimenea en Jaca, que Quadrado llama de los Hago, y que R. del Arco atribuye de manera más certera a sus anteriores dueños, los Ximénez de Aragüés, ya que estos fueron los que mandaron construir o reconstruir el Palacio y en su interior instalar la chimenea. 
          Por los detalles que nos han dejado tanto Quadrado como posteriormente del Arco: "Una torre, cuatro columnas bien labradas, sitio para las picas, restos de antigua escalera, molduras en las puertas, blasón en el centro de la puerta, chimenea, salón artesonado", y por las evocaciones que por tradición oral han llegado de los habitantes de la ciudad, la Casa-Palacio de los Ximénez de Aragüés pertenecería al tipo de casas solariegas propias de los siglos XV y XVI en el Alto Aragón, como las de Graus, Benabarre, Abizanda, Roda, etc. y que parecen seguir un patrón de tipo fortificado o protegido: un edificio de planta rectangular, con un patio central por donde se accedía al primer piso, con una gran torre cuadrada que emergía desde la parte superior del patio, donde estaban las estancias para las caballerizas y carruajes de tiro.
          La entrada principal, donde se encontraba la puerta adornada por el escudo de armas, daba a la calle Mayor, y en la parte posterior existía un “huerto-jardín” con corrales y almacén para cereales que traspasaba el actual Callejón del Viento. En este espacio de la parte posterior de la casa, por otra parte muy frecuente en el antiguo casco urbano de la ciudad, todavía se pueden contemplar restos de la antigua Casa-Palacio. Se trata de varios pilares de traza gótica que reutilizados soportan la galería de la actual vivienda.
          Así, la existencia en los siglos XV y XVI de ricas familias de comerciantes y mercaderes, unida al tradicional peso del clero, hacía frecuente en Jaca la presencia de artistas de relevancia, que llegaban para realizar sus trabajos tanto en la Catedral  como en otras iglesias y conventos. Razón esta que nos lleva a pensar que esos mismos maestros y canteros levantaron la Casa-Palacio de los Ximénez de Aragüés. Una construcción civil, sin duda espectacular y que, a pesar de encontrarse los restos en los últimos estadios de su existencia, todavía cautivaron a Quadrado, Parcerisa y del Arco en el siglo XIX.
          Una obra en la que se sabe con certeza que participó el guipuzcoano Juan Landerri, pues tenemos constancia de que en enero de 1553 se encontraba en Jaca y que capituló, con los Jurados de la ciudad, la realización de obras para el Monasterio que se debía edificar en la ciudad,  destinado a albergar a las monjas benedictinas de Santa Cruz de la Serós. 
          Y un año después, el 29 de enero de 1554, Juan Landerri recibió un encargo de Jerónimo Ximénez de Aragüés,  Merino de Jaca y sus Montañas, para construir la escalera para su Casa-Palacio: 
             el honrado mastre Juan Landerri hará una escalera en casa del merino Jerónimo Ximénez de Aragüés.
             Será de 4 ramos y rellanos, con sus antipechos hasta dentro el corredor a sus costas. Es pactado y concertado que dicho mastre Juan sea tubido rancar la piedra en la pedrera de Atarés o donde el senyor mas conbenyente le parecera.
             El merino es tubido de dar todo aparejo de piedras y calcina y arena al pie de obra, y fustas para andamios y todas las dichas cosas necesarias que a los susodichos andamios convendrá. Al principiar la obra le ha de dar mil sueldos: 500 en trigo y vino, los otros en dineros. No le dará más hasta que esté asentada y acabada... (Texto inédito de Luis Orús).

          Parece ser que este maestro, Joan Landerri, residió bastantes años en la ciudad, pues veinte años después, en 1573, aparece su nombre y apellido cuando recibió del mercader Martín Sarasa y de su esposa Juana de Aranda, ya fallecidos, por manos de su hermana Orosia de Aranda, 27700 sueldos de un total de 48000 que obtuvo al terminar la capilla de la  Santísima Trinidad de la Catedral de Jaca. Y en el mismo año y en el mismo acto se hizo entrega al imaginero guipuzcoano Juan de Ancheta  de la cantidad de 221 libras por la obra de su impresionante retablo.  
          Vemos así que la Casa-Palacio donde se encontraba la chimenea hasta que desapareció fue habitada por una rama del linaje de los Ximénez de Aragüés que bajaron de Aragüés del Puerto para establecerse en Jaca y son continuas las referencias que de este apellido encontramos en Jaca desde el siglo XV. A ellos se debe, como hemos comentado, la obra que, en la segunda mitad de dicho siglo, mandaron construir o reconstruir, sobre un solar ya existente en la carrera Mayor y en un lugar cercano al espacio que ocupa en la actualidad la Casa Consistorial, la que debió ser una brillante muestra de arquitectura civil gótica.
          Y allí vivieron una larga saga de personalidades cuyo desempeño estuvo ligado a labores de mando y jurisprudencia de la ciudad: los Merinos de Jaca y sus Montañas que, en una ciudad de realengo como era Jaca, encarnaban la representación del rey, con atribuciones legislativas, administrativas y judiciales, al tiempo que garantizaban la aplicación de las leyes forales. 
           Las primeras referencias en Jaca de los Ximénez de Aragüés aparecen hacia 1437 y hacen mención a un tal Pedro Ximénez de Aragüés quien fue jurado en 1445. Y el último varón de la misma familia que vivió en Jaca, y del que tenemos noticia se remonta al siglo XVII, en concreto a 1606, fecha  en la que muere el que casualmente también  se llamaba Pedro, Pedro Ximénez de Aragüés, dejando  heredera universal a su hija Francisca, quien terminará vendiendo todas las propiedades de la familia.
          De modo que, durante unos 160 años, los portadores del apellido Ximénez de Aragüés tuvieron en Jaca un marcado protagonismo, pues el nombramiento del Merino de la ciudad  fue recayendo de forma hereditaria en esta familia. Al primer Pedro, Jurado, le sucedieron:
          Miguel, Doctor en leyes (1445); Miguel "Menor", Justicia de Jaca (1483), Prior de Veinticuatro (1497) y Merino de la ciudad y sus Montañas (1486-1515); León, Merino (1525); Pedro, también Merino y procurador, asistente a cortes de Monzón (1528); Jerónimo, Merino al menos  entre 1554 y 1558, aparece mediando en pleitos e interviniendo en insaculaciones hasta 1584; su hermano Joan, Canciller del rey en Aragón, Prior y Deán en la Seo de Tarragona.
          Para terminar con el anteriormente citado, y último varón, Pedro, Merino representante en Cortes por el brazo de infanzones de la ciudad de Jaca, quien vende la Torre, luego Torre del Reloj, para el servicio de la ciudad en 1599.

          Con posterioridad, en 1624, algunas que fueron casas principales, entre las que se encontraba la Casa-Palacio de los Ximénez de Aragüés, aparecen a nombre del mercader, infanzón y ciudadano Francisco Domec Bonet, quien, junto con sus descendientes y herederos, mantuvieron la propiedad hasta 1659, si bien antes, en 1645, habían desmantelado la escalera de la Casa-Palacio para utilizar parte de sus piedras como cantera para la capilla que el obispo Vicencio Domec había mandado realizar en la Catedral de Jaca: 
            ...piedras de unas casas del Bornao y la de la escala de la casa de Bernardino Domec  para la realización de un carnario, dos sepulcros, la sacristía con su puerta, una ventana y paredes de manpostería (Texto inédito de Luis Orús).

          A partir de esta fecha,1659, la Casa-Palacio comenzará a llamarse de los Hago, por haber sido comprada por 23000 sueldos, junto a otras pertenencias, por Miguel de Hago (casado con la jaquesa María Nolivos) y por su hijo Lucas Pablo de Hago Nolivos, infanzón, procedente de la casa de infanzones de Canfranc.


Posesiones de los Hago junto al río Gas (6-Itinerario topográfico Zaragoza-Canfranc, 1851, BVMD)

          De esta forma, la Casa-Palacio siguió siendo habitada por personas que desempeñaban cargos de relevancia en la ciudad. Así, Lucas Hago Nolibos fue infanzón, justicia, juez, y diputado del "reyno" (1679); Lucas Hago Bonet, justicia de la ciudad (1704); Joseph Hago Miranda, diputado en Sala de Millones por lo tocante a  la Corona de Aragón (1724 y 1734); Joseph Hago Portugués, caballero del hábito de Santiago y secretario de S.M. en villa y corte de Madrid; Antonio de Hago Portugués, regidor perpetuo por S.M., administrador de los bienes y rentas del condado de Larrosa (1789); su hermano Joaquín, canónigo;  su otro hermano, fray Alberto, reverendo presidente maestro del convento de los Carmelitas descalzados; Antonio de Hago, regidor (1807). Y, por último, Joaquín Hago Pérez que murió soltero en 1821 y fue hijo único. 
          Este último Hago, en su testamento, dejó dicho que, tras el disfrute de sus familiares y allegados, su casa principal, en la calle Mayor, 
             ...será vendida en pública subasta para sufragio de su alma y de las de sus padres teniendo preferencia su tío Orencio Pérez y  sus hijos en el precio que se remate" (Texto inédito de Luis Orús).


          Según lo anteriormente expuesto, cuando José María Quadrado visitó Jaca, hacia 1840, habían transcurrido 19 años desde que la Casa y la Chimenea habían dejado de pertenecer a la familia de los Hago, que como hemos visto la había tenido en propiedad alrededor de 162 años. Esto explica que Quadrado les atribuyera su autoría, refiriéndose a ella como la Chimenea de los Hago. Error que con posterioridad han repetido algunos otros autores al dar referencias de la Chimenea.
          Es el mismo Quadrado quien nos advierte que la casa de los Hago ha perdido su aspecto palaciego, que quedan restos de lo que fue y que el exterior sufrió bastantes transformaciones, afirmando que  la planta baja "está ocupada por locales dedicados al comercio".  



  

  Calle Mayor de Jaca hacia 1880. A la izda. y tras la  Casa Consistorial, enmarcada en amarillo, la reformada fachada del antiguo Palacio (sin las transformaciones añadidas en 1929). Grabado de J. Serra (Monserrat de Bondía, pág. 582)

 
          También sabemos que el portal de la casa número 18 (hoy 20) de la calle Mayor comenzó a cambiar su aspecto, al menos  externamente, en el último tercio del siglo XIX, al transformarse en un nuevo edificio también con locales comerciales en la planta baja y que ya todos la conocían como “Casa Baltasarillo”. 


Calle Mayor de una  Jaca amurallada, con la puerta de San Francisco al fondo, a principios del siglo XX. En el interior del recuadro negro, la antigua casa de los Hago, ahora llamada  "Casa Baltasarillo" (fotografía de F. De las Heras).
 
          En 1821 ya vivía allí Juan Tomás García-Godoi Betés, casado con Mª Antonia Lagarda Mombiela, "comerciante".
          El hecho de que Juan Tomás García-Godoi fuera hijo de Baltasar García-Godoi, "Ministro de Rentas" y con propiedades conocidas en "Bajo Asieso" desde 1780, condujo a que la Casa-Palacio de la calle Mayor, a finales del siglo XIX, también fuera nombrada por los jaqueses como "Casa Baltasarillo". Nombre con el que en la actualidad todavía se conocen las huertas que, con sus  respectivas casas, ocupan sendas veredas de los ríos Aragón y Gas, así como la casa de la calle San Nicolás donde residen sus descendientes.


Huerta "Baltasarillo". Junto al río Aragón, debajo de Asieso. Fue propiedad de Julián García Aibar y hoy de su hija, Petra García Ara 


  Huerta "Baltasarillo" junto al río Gas. Anterior Casa de Hago. Fue propiedad de Julián García Aibar. En ella nació una de sus hijas, Petra García Ara quien, todavía hoy, con 92 años, está al cuidado de la casa.
          
 Con posterioridad, uno de sus hijos, Julián García-Godoi Lagarda, heredará la Casa-Palacio y, fallecido este, pasa a su hermano Francisco García-Godoi Lagarda, licenciado en farmacia por la Universidad Central. Este, tras ejercer de boticario en Hecho, establece su farmacia en los bajos de la casa en 1881, pidiendo que se le admita en la contratación con los otros tres boticarios de la ciudad para suministrar medicamentos al hospital de Jaca, asunto este que se  aprobó por unanimidad, el 19 de julio de 1882. Además, en 1907 adquiere la farmacia que Francisco Allué había abierto en la plaza de la Catedral en 1900.



         

Francisco García-Godoi Lagarda (1833/1913) (fotografía Mª Cristina Barón García)


Tomás, Francisco y Julián García-Godoi Aibar          (Fotografía Mª Cristina Barón García)
 

 


 La profesión de farmacéutico la continuaron dos de sus hijos Tomás y Francisco García-Godoi Aibar. Su otro hijo, Julián, se ocupó de las explotaciones agrarias.
          Tomás permitió que en los locales de su farmacia de la calle Mayor nº 18 se instalara gratuitamente, en mayo de 1909, el primer Laboratorio  Municipal de la ciudad:
           ... dotado de microscopio y otros utensilios y pericial químico, con la finalidad de prevenir problemas higiénicos, especialmente  los relacionados con la potabilidad del agua y la inspección de alimentos (La Unión, 13/5/1909).



Mostrador de la farmacia actual
          Fallecidos Francisco García Lagarda, en 1913, y su hijo Tomás García Aibar, en 1915, quedó como propietario de la Casa su hermano Francisco García Aibar.
          La farmacia tras pasar por varios dueños ha permanecido abierta de forma ininterrumpida; en la actualidad es propiedad de la Lda. Mª Carmen Borau.

       
                                       3. LA  CHIMENEA






 Fotografía. Archivo Histórico Provincial de Huesca / Gobierno de Aragón



          A pesar de los cambios de dueño y de las transformaciones que fue sufriendo la original Casa-Palacio, la chimenea se mantuvo en el mismo lugar; no es de extrañar que la chimenea impresionara al verla, pues a su singular y original atractivo se unían sus atrevidas proporciones. Se trataba de una obra:             … trabajada en piedra caliza de 3,55 m de alto por 3,05 de ancho, una profundidad de 1,80 m y un hueco para leña de 1,45 x 1,55 m  (Naval A.).          
  La chimenea en cuestión pertenece, por su forma y disposición, a las que posteriormente se conocerán como de "gusto francés", por estar pegadas a la pared, muy distintas de las "chamineras" tradicionales, troncocónicas, más populares, instaladas en la cocina; en torno al calor de sus tizones giraba la vida de la casa.            
 Muy distinta, la chimenea de los Ximénez de Aragüés parece ser una clara transposición del arte gótico religioso, adaptado a las necesidades de la arquitectura civil; en concreto, de los sepulcros y retablos existentes en las iglesias donde parece haberse inspirado su autor.  
        En efecto, la composición de la obra está concebida como una simbiosis entre un "dosel-baldaquino", en la parte inferior, y elementos propios de retablos de la época, en la  parte superior.        
  Así, la parte inferior en vez de albergar una estatua, asiento o litera, está ocupada por un "hogar", enmarcado a ambos lados por dos finas pilastras que descansan sobre unas amplias basas geometrizadas en las que sobresalen dos espléndidos grifos, que parecen haber cambiado su función habitual de gárgolas por el de pequeños capiteles; elogiando, de paso, la nobleza, la fuerza y el valor de los propietarios de la Casa-Palacio.     
       Los laterales los ocupan molduras y finos baquetones que terminan en basas labradas alternativamente a distinta altura, con lo que se consigue dar más profundidad y anchura.

Toma parcial de la garganta ocupada por un elaborado "friso" (litografía de F.J. Parcerisa)

Como elemento de transición entre la parte inferior y la superior se encuentra la garganta de la chimenea ocupada por un fabuloso "friso" finamente decorado, en el que el autor nos ha dejado su habilidad y sello personal.


Foto parcial de la garganta de la chimenea  ocupada por un elaborado "friso"  (Julio Soler i Santaló)
  Un "friso" que, dividido en cuatro bandas horizontales, recorre la parte central y las laterales del hogar de la chimenea con un ritmo y simetría maestros: la inferior está recorrida por 21 rosetas circulares, 13 al frente y 4 en cada uno de los lados; la segunda banda la recorren 21 arcuaciones ojivales y sobresalen tres detalles decorativos que acentúan caracteres propios del gótico tardío: la anécdota y el naturalismo. Un duendecillo, justo en el centro, encima de séptima rosa de las trece que ocupan el frente, y dos grandes caracoles en cada una de las esquinas que parecen deslizarse por la tercera banda, ocupada por un trenzado de tres cordones; la cuarta banda enmarca las anteriores a modo de cornisa, de la que sobresalen merlones dentados, que imitan la forma de rematar algunos edificios civiles como la Lonja de Palma de Mallorca, o, sencillamente, que recuerdan al arte mudéjar.

Campana de  la chimenea (detalle, Julio Soler i Santaló)


Escudo del abad D. Alonso de Aragón sujetado por dos leones. Ubicado en el sotabanco del retablo y realizado por Gil de Morlanes el Viejo (1506-1511) para el Castillo-monasterio de Montearagón, hoy en el museo de Huesca.


          Sobre el elegante "friso" reposa la "campana" de la chimenea.  En ella aparecen los elementos claves que nos indican quiénes fueron los dueños que mandaron realizarla. Son dos casetones inspirados en las predelas y sotabancos que, de forma habitual, configuraban el ornamento de los retablos aragoneses: como el realizado por el escultor catalán Pere Johan para la Seo de Zaragoza entre 1434-1445, o el del Juicio Final del Castillo-monasterio de Montearagón, obra ya datada entre 1506 y 1511, de Gil de Morlanes el Viejo; y que el escultor que realizó la chimenea ha cambiado de su lugar habitual, para  colocarlos en la parte más visible y centrada como si de un cuerpo de retablo se tratara.

A la izquierda, en blanco y negro, los leones mostrando el escudo de armas de los Ximénez de Aragüés, principal motivo decorativo de la chimenea. A la derecha, en color, el sello de la familia (reconstruido en parte) con los mismos motivos, sobre un pergamino 

 
Así, en estos casetones, entre pilastras, bajo sendos arcos conopiales y sostenidos por dos leones rampantes, aparece el blasón del linaje de los Ximénez de Aragüés, quienes mandaron construir el palacio gótico y la chimenea.       
    Los  leones muestran los elementos que son propios del linaje de los Ximénez de Aragüés de Jaca: el de la izquierda muestra unas bandas paralelas inclinadas, con dos estrellas de cinco puntas en los huecos exteriores, y el de la derecha aparece con las cuatro barras de Aragón, motivo este de trascendencia no desdeñable, pues nos habla tanto del permiso real para incorporarlas a su escudo de armas como de los méritos contraídos por los Ximénez de Aragüés para poder exhibirlas.

Sello y firma de Joan Ximénez de Aragüés, 5 de marzo de 1563, AMJ (fotografía de Luis Orús) 
        
   La anchura de la campana parece decrecer a medida que se acerca a la pared, gracias a los cuatro ángulos obtusos  que facilitan el tiro de la chimenea.

Detalle de la parte superior de la chimenea (Julio Soler i Santaló)
 
           
El resto de la chimenea está ocupado por una laboriosa decoración a base de una intrincada tracería curvilínea, hojarasca, calados y elementos combinatorios de arquerías propias del gótico flamígero, que acentúan la verticalidad y la altura de todo el conjunto. Lo rematan cinco pináculos: uno, el más elevado, que, a modo de "calle central" de un retablo, surge desde el centro, y los otros cuatro que emergen desde cada una de las esquinas.             En definitiva, se trata de un elemento eminentemente funcional, diseñado y ejecutado con esmero. Pero que al mismo tiempo exhibe la relevancia de  los Ximénez de Aragüés, su posición social y los valores positivos que el propietario quiere hacer evidentes: tanto la nobleza y proximidad al rey, representada en el escudo de armas, como la fuerza y el valor, en los grifos.


                               4. SOBRE EL AUTOR
         
 La ubicación de Jaca, cercana a Francia y al reino de Navarra así como la proximidad del Camino de Santiago facilitó el asentamiento de artistas franceses y de otros lugares de Europa, que se  establecieron en aquellos lugares que como Jaca ofrecían una posibilidad de trabajo; motivo este por el que en la Ciudad no fue extraña ni la aparición en una temprana fecha de las renovaciones artísticas, ni la factura de obras maestras y originales como la que nos ocupa.        
   Aunque del autor nada sabemos, y sin descartar que fuese un maestro de la zona, se puede especular con que hubiera venido de fuera y estuviera haciendo alguna otra obra  en San Juan de La Peña, en el convento extinguido de San Francisco o en alguna capilla gótica anterior a las existentes en la Catedral del siglo XVI.         
  Sí me parecen evidentes los conocimientos que el autor tiene de otras obras del gótico civil y religioso, y de artistas llegados del oriental levantino que, a partir del XIV, van a dejar su impronta por los estados que conformaban la Corona de Aragón. El estilo que observamos en la chimenea, propio de del gótico tardío o flamígero, nos podría llevar a relacionarla con algún maestro que estuviera trabajando en alguna de las capillas que en el siglo XV les brindaban Jaca y su entorno: la capilla de San Victorián, construida por el abad Juan  Marqués, entre 1426 y 1433; y las capillas del lado izquierdo, o del evangelio, de la Catedral: la de la Santa Cruz y la de Santa Orosia, en las que todavía quedan huellas  de las realizadas en el siglo XV. La primera sirve de acceso al Museo Diocesano y la segunda, a su izquierda,  es de homóloga factura, pero solo queda un pilar de la original, ya que fue destruida cuando se hizo la actual capilla de Santa Orosia.      
     Sin embargo, y dado que la relevancia de los Ximénez de Aragüés en Jaca comienza a ser notoria de 1450 en adelante, las fechas nos conducen a buscar a algún maestro que trabajara con posterioridad. En este sentido no se puede descartar que el autor de la chimenea fuese alguno de los maestros que venían trabajando en la Catedral como  
              Micer Joan de Segura, habitante de Jaca, cantero, maestro de iglesias, quien, en 1515, acusa recibo de los sozdeán, canónigos y capítulo de la Seo de 400 sueldos, a cuenta de los seze mil trescientos sueldos que se le deben pagar por razón de la obra de las capillas y cruzeros (Texto inédito de Luis Orús).        
  Así, el hecho de que Joan de Segura fuera habitante de Jaca le confiere una alta probabilidad de que fuese a él a quien le encargaran los poderosos hombres de la ciudad trabajos para embellecer sus casas.


 Balcón de la casa que en el siglo XV pertenecía a  doña Dolça de Santa Fe, en la plaza  de  la Catedral


   
 En este sentido, es notoria la similitud entre el león  rampante del escudo de armas que aparece en la Chimenea y el que se encuentra en la casa que en el siglo XV pertenecía a doña Dolça de Santa Fe, en la plaza de la Catedral. Una casa decorada con un precioso balcón en el que sobresale un amplio ventanal decorado con el mismo estilo que la chimenea: el gótico flamígero, y que, según Juan Francisco Aznárez           
  parece que fue trabajado por los artistas Juan de Segura y Martín Larola, los cuales, a la vez que Moreto, levantaban las capillas y bóvedas de la Catedral... 
Detalles del anterior balcón gótico de la casa de Doña Dolça de Santa Fe, de la Plaza de la Catedral de Jaca (fotografía de L. Orús)

       En ambos casos el autor decora el blasón y los grifos con los mismos animales: el león y el ave. Y en ambos casos giran la cabeza hacia el espectador mostrando una cara humanizada con amplia sonrisa , grandes ojos melena y garras muy semejantes; rasgos que se acercan más al simbolismo románico que al naturalismo dell gó tico tardio. Razones estas que nos conducen a sospechar que el autor de la chimenea pudiera ser  Juan de Segura. De la la misma manera que no podemos descartar que Juan de Segura también fuese el que realizara la capilla que se encontraba en el desaparecido monasterio de San Francisco de Jaca, propiedad de la familia de los Ximénez de Aragüés y donde sabemos se dio sepultura a Pedro el último varón del linaje.
"En 1606 ya enfermo, hace testamento el merino Pedro Ximénez de Aragüés, quien moriría en el mismo año, dejando dispuesto que se le enterrara en su capilla del monasterio de san Francisco" ( Texto inédito de de Luís Orrús). 

 5. LA CHIMENEA EN EL EXILIO

En cualquier caso, la chimenea, que había pasado sus días en esa Casa-Palacio de la calle Mayor desde finales del siglo XV o principios del siglo XVI, hasta principios del siglo XX, siempre tuvo la estima de los jaqueses, sabedores de que se trataba de una pieza importante del legado artístico de la ciudad. Pero nada hacía presagiar el itinerante recorrido al que se le iba a someter.
Los inicios del siglo XX todavía eran tiempos en los que la valoración del patrimonio brillaba por su ausencia. Tiempos en los que los que el tráfico y la venta de obras de arte quedaba impune ante las administraciones públicas al no existir ninguna ley que limitara el expolio, traslado y robo de obras de arte. Lo cual no significaba que las mentes sensibles no se percataran del valor de objetos y obras singulares como es el caso de la chimenea gótica, pues, llegado el momento, la chimenea era una muestra de orgullo para los jaqueses, y visita obligada para aquellas personas ilustres que visitaban la ciudad. Así sucedió en 1893 cuando el obispo de Bayona visitó la casa donde se encontraba la chimenea, por aquel entonces propiedad de Francisco García Lagarda.

"El pasado miércoles, acompañado de distinguidos sacerdotes llegó a la ciudad el venerable obispo de Bayona siendo cumplidamente recibido por todo el clero u autoridades en el palacio de nuestro querido prelado... el jueves visitó la urna de los sagrados restos de nuestra patrona admirando las notabilidades artísticas de nuestra catedral... el seminario...el colegio de PP. Escolapios, casa consistorial y la antigua chimenea de nuestro convecino farmaceútico D. Francisco García Lagarda, famosa obra gótica del siglo XIV, justamente celebrada por todos los inteligentes en arte..." (Diario de Huesca de 30/05/1893, pag.7)

O cuando el rey Alfonso XIII en su visita a Jaca, en septiembre de 1903, "Tras dirigirse a pie a la Ciudadela, donde el el Ilmo. Sr. obispo celebró una misa de campaña que ha resultado de gran solemnidad. El monarca, despues de revisar las diferentes dependencias de la Ciudadela, pasó á contemplar la célebre chimenea gótica de la casa de nuestro amigo el farmaceútico D. Francisco García..." (El Pirineo Aragonés 6/IX/1903)  

También podemos constatar que la chimenea todavía se encontraba en la ciudad en 1912. Así , al menos, lo atestigua el hecho de que el 10 de septiembre de ese año en una visita relámpago que hicieron a la ciudad los Príncipes de Baviera (la infanta Paz de Borbón y su esposo el Príncipe), acompañados por el alcalde Pérez Samitier y otras autoridades, tras visitar la catedral, el Ayuntamiento, el paseo de Alfonso XIII, el Teatro y el Templete de Santa Orosia, entraron en la casa del señor García Aibar (hijo de F. García Lagarda) quien con sumo gusto les mostró su chimenea.

 De la misma manera, fue incluida en el Portfolio fotógráfico de España, realizado por Ceferino Rocafort en 1906, quien comenta: " Como detalles dignos de admiración y estudio no debe olvidarse la hermosa chimenea gótica del que fue palacio de la noble familia Ximénez de Aragüés". Y su fotografía aparece junto a las del Ayuntamiento, la Ciudadela, la Catedral y el Torreón de la Moneda.
 De la posterior salida de Jaca de la Chimenea, de las condiciones en que se hizo la operación, del destino y del nuevo propietario, muy poco se dijo en su momento en la ciudad. Pero una nota, "justificadora" y ambigua, sí nos aclara la fecha en la que la chimenea partió de Jaca: junio de 1914.
"En diferentes ocasiones había sido solicitada por cultivadores y amantes del arte la venta de la admirada alcobilla gótica perteneciente al siglo XVI, que en su casa de esta ciudad conserban nuestros buenos amigos los Sres. García Aibar, y recientemente se han decidido á ceder dicha artística joya á un amigo nuestro, gran perito en toda clase de obras arqueológicas, sólo por la garantía de esta no saldrá de España, por ser destinada á figurar dignamente en un suntuoso Museo de arte selecto, que se está ordenando en una importante y rica población de Barcelona, donde mejor que en Jaca podrán contemplarla y hacerla objeto de sus investigaciones científicas cuantos sientan aficiones por el arte antiguo" (El Pirineo Aragonés, 13 de junio de 1914) 
              
   A tenor de la noticia aparecida en El Pirineo Aragonés, el redactor parece no tener los datos suficientes o no considera necesario dar más detalles de la operación, pero la nota en cuestión, además de quitarle importancia al asunto, resulta poco aclaratoria y menos creíble.
          Parece ser que había habido algún conato o intento de venta de esa la chimenea, que no se movió de su sitio mientras vivió D. Francisco García Lagarda, fallecido en 1913. Resulta también algo desconcertante que la noticia no hace alusión a la monumental chimenea, nombrándola con el diminutivo "Alcobilla gótica", si bien es cierto que luego la califica de "joya"
          ¿Realmente fue una "cesión", una especie de regalo desprendido a unos forasteros?  ¿Qué hace un perito, por definición persona cualificada para tasar valores en dicha operación... tasar un regalo? Si nos atenemos al destino que luego tuvo la chimenea, más cierto parece que se tratara de una operación económica, nada despreciable para la época, para poder compensar y justificar la salida de Jaca de una pieza que se sabía singular y que, como hemos visto, era visita obligada  para aquellas personas a las que se les suponía un interés por los monumentos de los que podía presumir la ciudad.
           Y la noticia sí que habla de algo que, a la postre, resultó cierto y que posiblemente iba en el contrato de la presumible venta de la chimenea: "la garantía de que esta no saldrá de España"; pues bien, fuera por esta razón o por  otras, la chimenea ciertamente no salió del país.




Francisco García Aibar, farmacéutico y alcalde (fotocedida por Pedro Juanín)



          La operación que terminó con la chimenea en manos de coleccionistas catalanes e incorporada al patrimonio del multimillonario estadounidense Charles Deering, se realizó un año y medio después de la muerte de Francisco García Lagarda y en vida de sus hijos los hermanos García Aibar, si bien uno de ellos, Tomás, que tenía la farmacia en la Casa, ya se encontraba gravemente enfermo y falleció el 27 de agosto de 1915. Y otro de los tres hermanos, Francisco, subdelegado de farmacia del partido de Jaca en 1913, alcalde entre 1926-1929 y 1937-43, y residente en la Casa, fue quien reconstruyó el nuevo edificio según el gusto burgués que se estaba esparciendo por otras zonas de la ciudad: el estilo Modernista.




Segunda renovación del edificio, en este caso la fachada. Proyecto de embellecimiento y tribuna de la casa propiedad de D. Francisco García Aibar. Calle Mayor 18, hoy 20 (J. Luis de León, junio de 1929). En el lugar que un día ocupara la Casa- Palacio de los Ximénez de Aragüés (AMJ).

          La ausencia de la chimenea en Jaca no pasó desapercibida para Ricardo del Arco (Granada,1888-Huesca,1955), quien, además, estaba perfectamente informado de dónde se encontraba y quién era su nuevo dueño, constatando que en 1918, en su segunda visita a Jaca, la chimenea ya no estaba en su lugar de origen, y afirmando que se encontraba en Sitges:
             Era muy notable la casa de Ximénez de Aragüés, sobretodo por su gran chimenea de piedra, del siglo XV, precioso ejemplar que adquirió mister Deering para su palacio Maricel, de Sitges, hace algunos años. Probablemente estará ya en camino de Norteamérica, con el resto del tesoro arqueológico de Maricel pese a los afectuosas manifestaciones de protesta de los vecinos de Sitges, que ven inermes como se expatrian tantos objetos recogidos en su solar, la mayor parte. ¿Para cuándo guarda el Estado enérgicas medidas restrictivas?... (Arco Garay, 1921,31).
          Efectivamente, la chimenea se encontraba en uno de los lugares más elegantes y exclusivos que en esos momentos podía haber en España, lugar a donde probablemente había llegado en junio de 1914. Pues en esos momentos, Miguel Utrillo, ingeniero, pintor, periodista y crítico de arte, hombre de tan extraordinaria sensibilidad como agudeza en los negocios, fue el encargado  de construir para Charles Deering el Palacio de Maricel en Sitges, comprando y reformando el viejo edificio del Hospital de Sitges, con su capilla de San Juan y los solares y casas de los alrededores. Obra que, tras tres años, se culminó en 1914 y que pasó a albergar una de las colecciones de arte privadas más importantes de España.  


   Miguel Utrillo (Biblioteca Santiago Rusiñol)


Además, Miguel Utrillo, uno de los mejores especialistas del momento en arte español, impenitente viajero, se encargó de vestir aquellas paredes desnudas, entre la que sobresalían las del "Salón de Oro". Inaugurado el 23 de octubre de 1915, con una selección de amigos y políticos locales, los cuales, entre otras, pudieron contemplar, obras de El Greco, Velázquez, Goya, Romero de Torres, Ramón Casas..., así como "nuestra Chimenea", que ocupaba una de  las paredes del fondo, junto a dos tablas que representaban a las santas mártires Santa Águeda y santa Lucía, obras del taller de los Vergós (siglo XV) que terminaron en el museo de Chicago. Y acompañada, en la pared de enfrente, por un cuadro de Goya y otro de Zurbarán.
La Chimenea de Jaca en una de las paredes del Salón de Oro, tomada en 1917 por Francesc Serra (Archivo Fotográfico del Archivo Histórico de la Ciudad de Barcelona) 
 
Salón de Oro  del Palacio en la actualidad, con otra chimenea


         
 Alrededor de ella, en inolvidables veladas que tuvieron como escenario el incomparable "Salón", se reunía una pléyade de intelectuales, poetas, pintores y escritores, llegados de todos los rincones del mundo, que  disfrutaban de fiestas deslumbrantes organizadas por la personalidad de mecenas y filantrópica de su dueño, mientras Europa ardía en plena Guerra Mundial.



Pared  opuesta a la de la Chimenea en El Salón de Oro, con un cuadro de Goya al fondo y otro de Zurbarán a la derecha (AFAHCB)
La misma pared del Salón de Oro en la actualidad. Sitges (Barcelona)
         Míster Deering, como se le conocía popularmente, rico industrial de Illinois, turista multimillonario, llegado en 1910 y que protagonizó durante poco más de una década uno de los más interesantes capítulos del coleccionismo en la España del siglo XX, no dudó en hacer viajes por toda España en busca de obras de arte de valor extraordinario, que seleccionaba Miguel Utrillo: pinturas, esculturas, retablos, tapices, relojes, cristalerías, claustros, ventanales góticos, portadas románicas, muebles del Renacimiento... y chimeneas como la que Miguel Utrillo se llevó de Jaca, o como los capiteles de forma troncopiramidal invertida de estilo gótico que, probablemente en el mismo viaje, compró en el palacio de los marqueses de Ayerbe para decorar una de las edificaciones del Palacio Maricel denominada el "Sarcófago".



Fachada porticada del edificio del Sarcófago que forma parte del Palacio Maricel. Los  capiteles, decorados con grifos, perros, ángeles y gigantes, proceden del palacio del siglo XV de los marqueses de Ayerbe.

           Hoy, en el  Palacio de Maricel, convertido a instancias del Ayuntamiento sitgetano en museo y anexo a otro museo, el del "Cau Ferrat", desde 1936, en el mismo Salón de Oro y en el mismo lugar que ocupó la chimenea de Jaca, se encuentra otra monumental chimenea de alabastro blanco, traída del Palacio de la Generalitat. En ambos museos, Maricel y Cau Ferrat, unidos desde 2014, junto a numerosas colecciones de gran valor también se encuentran dos piezas que en su día adornaron un retablo de la Catedral de Jaca: se trata de los reyes magos Gaspar y Baltasar.

 
Gaspar y Baltasar. Museo del Cau Ferrat de Sitges



          Estas piezas, para el Dr. Steven Janke, especialista en arte medieval español, son dos  figuras procedentes de un retablo de la Catedral de Jaca y que formaron parte de un grupo de nueve de una Epifanía, de la que afirma que "se trata del mejor ejemplo de España del tallado en madera franco-neerlandés del estilo gótico internacional".



Grupo de la Epifanía en madera policromada (1395-1405). Elementos del antiguo retablo de la Catedral de San Pedro, expuestos en el Museo Diocesano de Jaca, del que faltan dos piezas: Gaspar y Baltasar
 (hoy enel Museo del Cau Ferrat de Sitges).




          La ausencia de la chimenea en Jaca que, como hemos visto, no había pasado desapercibida a Ricardo del Arco, ahora se había tornado en preocupación, ¿qué será de ella?  
  Charles Deering (1852-1927)
          Por suerte, las sospechas de Ricardo del Arco no se vieron cumplidas. En efecto, en el verano de 1921 se apagó el esplendor de Maricel cuando Charles Deering tuvo un fuerte desencuentro con Utrillo, y el multimillonario de Illinois, añorando sus rascacielos, decidió volver a EEUU. Se  llevó con él todas las obras que  pudo, y lógicamente, la parte más destacada de la colección que fue embalada y embarcada.






                                     6. EN BARCELONA

          Pero, entre las obras que, bien por su peso o por estar empotradas en la pared, eran de costoso traslado, y que dejó en España, se encontraba la monumental chimenea gótica de Jaca, que va a aparecer en 1926 en el palacio de Pedralbes de Barcelona.
     Palacio de Pedralbes, Barcelona   
  No sabemos con exactitud dónde estuvo la chimenea entre 1921 y 1926, si permaneció en Sitges o pasó al castillo de Tamarit, junto a otras obras, para ser vendidas con posterioridad. De la misma manera que no nos queda claro si hubo una posterior venta o fue una donación lo que la hizo llegar al palacio de Pedralbes.
          Antonio Naval nos dice que
 … según información amablemente facilitada por Jorge Ortigosa, director del palacio, fue el propio Conde de Güell quien adquirió a sus expensas la chimenea donándola al palacio y en consecuencia al Rey (Diario del Alto Aragón, domingo 14 de octubre de 1990). 
          Sin embargo, Pérez Herminio, en el ABC, en 1972, había comentado que
Mr. Deering tuvo algunos detalles de generoso desprendimiento y la regaló a la residencia real de Pedralbes.

           Una opinión nada desdeñable si tenemos en cuenta que Mr. Deering sentía admiración por el monarca, y que en una de las habitaciones de Maricel colgaba un formidable retrato de Alfonso XIII montado a caballo pintado por Ramón Casas. Un regalo que el rey posiblemente acogería con agrado, pues no en vano, esa chimenea la había podido admirar personalmente cuando la vio en Jaca en 1903.
          Sea como fuere, tuvo suerte "nuestra Chimenea" y terminó decorando el Palacio de Pedralbes. 
          Un Palacio que, en 1918, el conde Güell y un determinado sector de la aristocracia catalana afín a la monarquía se propuso erigir, al entender que era impropio que la familia real tuviera que alojarse en casas particulares o en hoteles durante sus visitas a Barcelona.
          Por ello, Eusebi Güell, interesado en que las visitas de los reyes a Barcelona fueran más frecuentes de lo habitual, y, más si cabe, desde que Alfonso XIII le otorgó el título de Conde en 1910, donó parte de sus terrenos y finca a la familia real para construir el Palacio de Pedralbes con la finalidad de que los reyes tuvieran una residencia acorde a su condición. Esta residencia fue inaugurada en 1924 con la presencia de Juan Antonio Güell, que había heredado el título de su padre. 




La chimenea de Jaca en el Palacio de Pedralbes, hacia 1926

     En esta tercera ubicación, a pesar de encontrarse en una residencia real y brillar con luz propia, la Chimenea, en un primer momento, no iba a estar tan bien acompañada como lo había estado en el Palacio de Maricel. Pues a las dificultades de financiación de la obra del palacio, ahora se había añadido otro problema: el de amueblarlo y decorarlo. Hecho este que se realizó en gran medida a base de los donativos de aquellos objetos que les sobraban a parte de la burguesía barcelonesa, de manera que, sus interiores comenzaron a tener un aspecto acorde a su condición real hacia 1929, destinándose para biblioteca la sala donde se encontraba la Chimenea.
Fotografía tomada por Lucien Roisin, hacia 1930 (Postal)







          Ya con posterioridad, sobre todo después de que el General Franco utilizara el palacio como residencia en sus visitas a la Ciudad Condal, la chimenea jaquesa, ahora adornada con un tupido chispero y acompañada de un lujoso y noble mobiliario, luce de nuevo con todo su esplendor, decorando la biblioteca del Palacio Real para alegrar la vista de aquellos privilegiados a los que se les permite visitarla.


Imagen correspondiente a una tarjeta postal de 1980 del Palacio de Pedralbes, con la Chimenea jaquesa en una sala rectangular. Se trata de una no menos espectacular biblioteca con un mobiliario de roble, iluminada por amplios balcones con vista a los jardines del Palacio.


Concluiremos, pues, afirmando que esta chimenea nos habla de un artista experimentado, de una casa noble, de una muestra importante de la arquitectura civil por desgracia desaparecida, del poder de la burguesía jacetana que la construyó, y que se trata de una Chimenea excepcional para la época.

Chimenea gótica del siglo XV. Palacio de Rodrigo Mur de Graus, Huesca (Monserrat de Bondía, pág. 222)       
 
  Una chimenea que adquiere más notoriedad si tenemos en cuenta su temprana cronología (último tercio del siglo XV o principios del XVI), su laborioso y fino trabajo, así como el diseño de la misma. A lo que podemos añadir lo poco frecuente que resulta encontrar piezas similares en unas fechas en las que no fueron pocos los palacios y castillos que, siendo mayores y más suntuosos que la Casa-Palacio de los Ximénez de Aragüés, se conformaban con chimeneas adinteladas de granito en las que solo sobresalía de la pared una sencilla repisa para dejar algún objeto.


          Por último, me gustaría concluir expresando una ilusión que probablemente no veré cumplida, pero que podrían intentar conseguir las autoridades de mi ciudad. 
          Y es que si, como hemos visto, la chimenea jaquesa está acostumbrada a viajar de aquí para allá, a ser desmontada y montada, y a cambiar tanto de casa como de ciudad, no le importaría hacer un último viaje para alojarse, ahora por cuarta vez y para siempre, en el lugar donde nació y del que nunca debió haber salido. En una habitación donde se encontrara como en su propia casa: en una de las cuatro paredes del claustro de la Catedral de Jaca, donde  podríamos admirarla, junto a otras piezas del magnífico Museo Diocesano de su Ciudad. 





 La chimenea en el palacio de Pedralbes. Fotografía de Antonio Naval Más. Publicada en  Patrimonio Emigrado  (Diario Alto Aragón, 1990)


           He dicho que probablemente no la veré en mi ciudad y cuando estoy terminando este estudio, todavía lo encuentro más difícil. He intentado llamar por teléfono varias veces para entrar en ese recinto con la intención de hacer unas fotos y nunca me han cogido el teléfono. He seguido haciendo varias gestiones y nadie parece ser el responsable de dar una autorización. Sin embargo, sí se puede visitar el jardín y otros lugares, pero no esa sala.



Antena 3 TV. Reunión de urgencia de la Junta de Seguridad de Cataluña en la biblioteca del palacio de Pedralbes, delante de la Chimenea de Jaca. Entre otros: el Presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, el Conseller de Interior Joaquim Forn  y Josep Lluís Trapero, mayor de los Mossos. Al otro lado de la mesa: el Secretario de Estado de Seguridad, José Antonio Nieto, el coronel Diego Pérez de los Cobos y el delgado de del Gobierno en Cataluña Enric Millo.


         Y hoy, sentado en el sofá de mi casa, viendo la televisión, he reconocido al vuelo la chimenea en las Noticias de Antena 3 TV.
          De nuevo, y otra vez más, sirviendo de telón de fondo a uno de los actos que están sucediendo en Cataluña y que sin duda pasarán la historia. ¿Qué es lo que habrá pensado ese testigo mudo ante semejantes huéspedes, que más reclaman un buen aire acondicionado que el calor de los tizones encendidos de la chimenea?
           Seguro que para ellos ha pasado desapercibida su presencia, pero no para mí. Al fin, aunque solo sea hasta la mitad, he podido ver el elegante vestido de color gris oscuro de la chimenea, una prenda que se confeccionó con las piedras calizas de una cantera de los alrededores de Jaca. 
 
Siglas


AMJ: Archivo Municipal de Jaca. 

AHPH: Archivo Histórico Provincial de Huesca. 

MDJ: Museo Diocesano de Jaca.

ASR: Asociación Sancho Ramírez (Base de datos de J. Carlos Moreno Anaya).

AFCEC: Archivo Fotográfico Centro Excursionistas de Cataluña. 

BVMD: Biblioteca Virtual  del Ministerio de Defensa.

FDPH: Fototeca de la Diputación Provincial de Huesca.
 

                                                               BIBLIOGRAFÍA


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Revista Aragón "De Huesca a Jaca". Capítulo VIII. Junio, pág. 115, 1932.

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