MIS COSAS DE JACA

Estas páginas van destinadas a todas aquellas personas que quieren a su ciudad, como me sucede a mí con la mía, Jaca. Hablaré, pues, de “mis cosas” esperando que alguna de ellas pueda ser también la tuya o, sencillamente, compartas mi afición por “colarme” entre el pequeño hueco que separa la memoria de la historia, lo general de lo particular o lo material de lo inmaterial. Estas “cosas de Jaca” están construidas a base de anécdotas , fotos de ayer y hoy, recuerdos y vivencias mías y de mis paisanos y de alguna que otra curiosidad, que me atrevo a reflexionar en voz alta. No es mi propósito, pues, ocuparme de los grandes temas de los que ya han tratado ilustres autores, es más bien lo contrario: quiero hacer referencia a rincones ocultos, héroes anónimos, huellas olvidadas, sendas por las que ya no se pasa, lugares que fueron un día centro de atención y hoy han sido relegados a la indiferencia, al olvido o al abandono; a unos escenarios donde se sigue representando la misma obra pero con otros actores.

lunes, 9 de marzo de 2026

Germán Beritens, un jaqués vinculado al Greco durante más de un siglo.

   

 Germán Beritens, un jaqués vinculado al Greco durante más de un siglo


Hay jaqueses que todavía lo recuerdan: ya mayor, ensimismado en sus cavilaciones, con su venerable barba, las oscuras gafas, el gabán largo y el paso pausado, en su habitual ir y venir cruzando la calle Mayor camino de la casa de su hermana Josefa, viuda de Antonio Pueyo.

 Su hogar, rebosante de libros, era reflejo de su espíritu curioso; se decía que no perdonaba sus duchas diarias con agua fría, ni el tiempo dedicado a sus herramientas de ebanistería. En su consulta, en la planta baja, atendía con cercanía y sabiduría, y en la “falsa” guardaba una vieja cámara fotográfica con trípode.

 Quienes lo conocieron destacan su carácter: lleno de bondad, de simpatía atrayente, de nobles gestos y de una conversación tan docta como amena.

 Me refiero a Germán Beritens Laclaustra, hijo ilustre de Jaca cuya vida y obra merecen ser recordadas no solo en el ámbito de la medicina (donde alcanzó prestigio como oftalmólogo), sino también en el de la fotografía, disciplina en la que dejó una huella significativa como pionero local; además su nombre ha quedado para siempre vinculado al de un pintor cretense universal, Doménikos Theotokópoulos, más conocido por el apelativo que recibió en España, El Greco.


Germán Beritens Laclaustra

Nacido en Jaca el 23 de octubre de 1877 en el número 7 de la calle Clavería (actual Bellido) fue hijo de José Beritens y Lérida, administrador de correos, y de Josefa Laclaustra y Pérez.

 Tras cursar bachillerato en los Escolapios de Jaca, cursó Medicina y Cirugía en la Universidad de Zaragoza, obteniendo la licenciatura en 1900, mostrando su aprovechamiento y dotes como cirujano, pues ocho días antes de terminar la carrera, con 23 años, operó con éxito a un paciente de cataratas.

 Ese mismo año abrió consulta en el principal del número 35 de la calle Mayor de Jaca, donde inició su actividad como médico-cirujano. Con el tiempo, esta consulta se dedicó exclusivamente al tratamiento de enfermedades de los ojos, permaneciendo abierta cada verano desde el 23 de junio hasta el 8 de septiembre, en horario de 10 a 12 de la mañana. Allí atendió a generaciones (operaciones incluidas) de jaqueses hasta que la edad le obligó a retirarse de la práctica médica.

 

Instituto Rubio de Madrid creado en 1896 


En 1905 ya residía en el número 28 de la calle Pintor Rosales de la Villa y Corte de Madrid, estableciendo su clínica en el número 45 de la calle Ancha; a los dos años, ante el éxito creciente, se mudó al 42, 2º de la calle Luna.

 Plenamente entregado a la especialidad de oftalmología, pronto se consolidó como una de las voces más reconocidas de su generación. Así lo atestigua su inclusión, en 1917, en Le Tout Madrid, anuario de la aristocracia, donde figuraban los nombres de todos los que por su significación social, su autoridad o su fortuna constituían lo que llamaban la “sociedad elegante y aristocrática”.

 Méritos que junto a su consulta particular contrajo por su desempeño como oculista en el Asilo de Huérfanos del Sagrado Corazón de Jesús, por ser el director jefe del Dispensario de Oftalmología de la Policlínica Cervera y ejercer como profesor del prestigioso Instituto Rubio, cuyo lema era “Todo para el enfermo y cuanto más necesitado, más atendido”, del que llegaría a ser nombrado secretario general en enero de 1931 y administrador en 1932.

 Cargos que complementaba con un firme compromiso con los menos favorecidos a los que atendía gratuitamente en su consulta madrileña, lo que le sirvió para ser conocido como “el médico de los pobres”. En noviembre de 1940, Germán Beritens ya viudo, con 63 años, se establece en Jaca con consulta fija y diaria de 11 a 1 horas.

 Terminó sus días a los 84 años en la ciudad que le vio nacer, el 17 de diciembre de 1961aquejado de una esclerosis vascular, cerrando así una vida de entrega al conocimiento, al arte y a su ciudad natal.

                                Episodio del astigmatismo


Doménikos TheotokópoulosEl Greco y Germán Beritens  

Todo se inició en una visita al Museo de Prado una mañana de mayo en torno a 1912. Encontrándose Beritens con su hijo Pepito de 9 años observando una pintura del Greco, este preguntó a su padre:

"—¿Por qué los cuadros del Greco no son como los otros?

—¿Y qué encuentras tú en esos cuadros? —le repliqué yo.

—Que todos parecen que están estirados —me contestó".

El entierro del conde  Orgaz. El Greco 
Quizá esta anécdota y la repercusión y revaloración que tuvo la monografía sobre las pinturas del Greco de Manuel Bartolomé espolearon a Beritens a investigar al pintor cretense.

 En efecto, aunque ya se había publicado el año anterior un artículo similar en la revista La Medicina Ibérica, fue en marzo de 1913, cuando en el Ateneo de Madrid, Germán Beritens pronunció la conferencia titulada Aberraciones del Greco.

 Una disertación que lo elevaría al altar de la celebridad nacional e internacional y que, en parte, nos quedó expuesta en una crónica enviada desde Madrid el 13 de marzo de 1913 al periódico jaqués La Unión por su paisano Enrique Lalaguna, presente en aquella sala del Ateneo madrileño:

“Beritens tiene talento y es trabajador; así me dijo una noche en el antiguo café Fornós un redactor de la más importante revista ilustrada de España, con motivo de haberle yo preguntado acerca de unos artículos publicados por el ilustre oftalmólogo en dicha revista; juicio que oí repetir hace pocos días varias veces, en los pasillos del Ateneo. 

 Aberraciones del Greco, titulábase la conferencia que el jueves pasado dio en la docta casa. Éxito y público consiguió nuestro paisano. Al anuncio de que El Greco iba a ser tratado por un oculista que en artículos anteriores había desentrañado la técnica pictórica de este artista, la sala de conferencias del Ateneo se llenó de público; hombres de ciencia, literatos, críticos de arte, todo un conjunto selecto se dispuso a oír con interés la palabra del conferenciante.

 Así que el público estuvo en condiciones, el conferenciante dijo: «Yo os voy a demostrar que esas figuras alargadas que El Greco pintó, esos rostros espiritualizados y esa manera tan peculiar y característica, no son otra cosa que efectos del astigmatismo que padecía».

Esta afirmación rotunda produjo en el auditorio una impresión tan nueva que vino a ser como la clara luz del mediodía entre las sombras del amanecer. Beritens cumplió su promesa; con el auxilio de un aparato de proyecciones dio a conocer algunos cuadros de Rubens, que proyectados en forma adecuada daban la impresión de grecos, y cuadros del Greco, normalizados con ayuda de lentes a propósito.

 El público atendía religiosamente; el trabajo suponía muchas horas de estudio, de laboratorio, verdadera labor de benedictino, y así lo reconoció el auditorio, que al terminar la conferencia y convencido de la tesis sustentada por Beritens, le premió con calurosos aplausos tan entusiastas que yo solo he visto manifestaciones semejantes en el Ateneo, cuando algún príncipe de la palabra como Moret se dirigía al auditorio".

La conferencia, luego divulgada en la revista Por esos mundos, bajo el título Por qué El Greco pintó como pintó, fue el punto culminante de su carrera científica. En 1914 Beritens publicó su tesis en forma de libro bajo el título El Astigmatismo del Greco, ilustrado con fotograbados que mostraban sus experimentos ópticos: proyecciones y deformaciones que, según su hipótesis, explicaban el característico alargamiento de las figuras del pintor cretense.

Con prontitud, su teoría de que El Greco habría padecido un astigmatismo miópico despertó interés en España y en el extranjero.  Y u enfoque, que combinaba arte y fisiología ocular, resultó novedoso y atrevido. Sin embargo, también provocó una intensa y larga controversia.

 Entre sus críticos destacó el profesor Manuel Márquez, catedrático de Oftalmología de la Universidad de Madrid, quien refutó extensamente las tesis de Beritens. Márquez argumentó que no existía evidencia histórica ni médica de que El Greco padeciera tal defecto visual, y añadió un razonamiento fisiológico: "un pintor con una deformación visual constante compensaría naturalmente la distorsión en su percepción y en su trazo, evitando que esta se trasladara al lienzo".

El intercambio entre ambos no fue efímero. Durante más de dieciséis años, Beritens defendió su hipótesis en artículos y conferencias, destacando su texto El mundo exterior, la imagen retiniana y la función visual (1929), escrito (como él mismo reconocía) «en disconformidad con las afirmaciones que mi querido amigo el profesor Márquez hizo en Salamanca».

 Este prolongado debate entre ciencia y arte trascendió el ámbito médico y también captó la atención de intelectuales como Gregorio Marañón, quien en El Greco y Toledo (1954) dedicó páginas al presunto astigmatismo del pintor: «se ha desechado ya la que en otro tiempo estuvo muy en boga: la del astigmatismo miópico del Greco» […].

 Se queja además de la repercusión de la teoría de Beritens: «los papeles del doctor Beritens (que delataban a un hombre inteligente y a un hábil escritor) tuvieron una resonancia universal, rara de lograr al otro lado de las fronteras por los científicos españoles».

A pesar de su posterior refutación científica, la teoría de Beritens perduró en el imaginario cultural y se cita aún en bibliografías de obras del Greco conservadas en el Museo del Prado y en algunos manuales de Historia del Arte.

 Con ello, Germán Beritens logró algo que pocos médicos consiguieron: dejar una huella duradera en la historia del arte, abriendo un diálogo fascinante entre la mirada del científico y la del creador y uniendo su nombre durante más de un siglo al del Greco.

 Su teoría, que pertenece hoy al ámbito de la historia de la ciencia y del arte, está superada, sí, pero no por ello deja de tener interés: fue una de las primeras tentativas de explicar desde la fisiología una expresión artística. Y, ciertamente, difícil de encasillar, entre el Renacimiento y el Barroco, la pintura del Greco, hoy reconocida sin discusión como manierista refleja la obra de un autor de personalidad única, con obras como la Vista de Toledo que preludia vanguardias del siglo XX como el expresionismo e impresionismo.

 En realidad, El Greco fue uno de esos genios de espíritu libre, y justo por eso, fue y sigue siendo objeto de numerosos estudios en los que todavía aluden a la vieja polémica sobre el astigmatismo del Greco: el de Simunovic, The El Greco Fallacy, y el de Fernando Marías, El Greco de Toledo. Pintor de lo visible y lo invisible, ambos realizados en 1914.

                            El fotógrafo desconocido

Junto al médico y al humanista se halla también el fotógrafo, una faceta hoy menos conocida de Germán Beritens pero no menos notable. Puede considerársele, con justicia, el primer fotógrafo jaqués profesional de Jaca.

Beritens (en el centro) con los hermanos Lacasa. 
San Juan de Lapeña,1903. Fotografía G. Beritens
.

En septiembre de 1903, durante la visita de Alfonso XIII a San Juan de la Peña, su nombre quedó ligado a las imágenes publicadas en el diario ABC, donde aparece en una fotografía con su firma, en el claustro del monasterio viejo, entre otros fotógrafos que cubrían el viaje real.

 Apenas dos años más tarde, la prensa jacetana confirmaba su dedicación a la cámara: en agosto de 1905 El Pirineo Aragonés informaba que Beritens había reunido una colección de vistas de Jaca con el propósito de editarlas como tarjetas postales “para satisfacción de forasteros que deseaban conservar recuerdo de su estancia en la ciudad”.

 Y un mes después, el mismo periódico mencionaba a los hermanos Lacasa como editores de las postales, en colaboración con él.

De aquella labor han llegado hasta nosotros varias series perfectamente identificadas. La Serie A, Colección Artística, incluye vistas de la Catedral, del kiosco de la música en el Paseo de Alfonso XIII y de las entradas al propio paseo, entre otras.

 La Serie B ofrece estampas de la Torre de la Cárcel, la entrada a la Ciudadela, el claustro de San Juan de la Peña, el Torreón de la Moneda o la Glorieta de “Buenos Aires”...

 

 

Dos de las primeras postales publicitarias de Jaca por Beritens, 1905: En la de la izquierda, tomada desde la calle de La Luna (hoy Ramiro I), sin la plaza de La Cadena (que posteriormente ocuparía el hueco dejado por el incendio de las dos ultimas casas de la derecha) se observa, al fondo, la torre de la Cárcel- Reloj con el chapitel modernista colocado en 1903. En la de la derecha aparece la fachada sur de la catedral de Jaca.

 A esta producción se suma la insólita colección temática de las Obras de Misericordia, publicadas en fototipia por Lacoste (Madrid). Se trata de tarjetas postales de 9x14 cm en las que aparece, junto a algunos paisajes de Jaca, el propio Beritens disfrazado como protagonista, lo que añade un tono casi teatral y experimental a su obra.

Su cámara también se empleó para documentar acontecimientos concretos, como las fotografías del terremoto con epicentro en Martes (julio de 1923) o las imágenes que ilustraron crónicas sociales de La Unión en 1907.

 En definitiva, este conjunto de trabajos, como su “técnica para la autofotografía”, disperso pero significativo, revela una sensibilidad moderna y un temprano interés por la imagen como testimonio.


 
Una de las catorce Obras de Misericordia, "Sufrir con paciencia las flaquezas de nuestros
prójimos". A la derecha, con fina ironía goyesca,  el propio Beritens (a la derecha) se autorretrata en un paisaje de Jaca: la diagonal de la estación de ferrocarril y Casa Bueno con el monte de Asieso de fondo

 

                                         Su condición de jaqués

Germán Beritens fue, ante todo, un jaqués que nunca dejó de serlo. Aunque su prestigio científico lo situó en Madrid y en los círculos intelectuales nacionales, su nombre aparece una y otra vez en la prensa local como el del “sabio oculista jaqués”, siempre atento a los problemas, ilusiones y proyectos de su ciudad natal.

Desde los años veinte mantuvo una vinculación constante con Jaca, donde pasaba largas temporadas en su casa familiar y participando activamente en la vida pública y cultural:pidió el reconocimiento con letras de oro para los promotores de la gran obra del Canal que condujo el agua potable a la ciudad, escribió artículos, envió propuestas al Ayuntamiento y animó iniciativas urbanísticas y festivas.

 En 1923, consciente de los beneficios de convivir con la naturaleza, soñaba con ver reconocida a Jaca como “la Ciudad de los Pinos” y apoyó la creación de un Parque o Ciudad Jardín, proyecto que (según recordaba Benito Campo en 1930) había nacido por impulso del propio Beritens.

Su compromiso cívico se manifestó en causas concretas. En 1925 alertó al consistorio del peligro de contaminación del río Aragón, proponiendo soluciones técnicas para garantizar la pureza del agua potable, problema que en 1929 solucionaría el Ayuntamiento republicano al construir la estación de depuración y esterilización. Poco después, defendió con entusiasmo la instalación en Jaca de la Universidad de Verano de Zaragoza, de la que escribió:

“Bien está que se conozcan nuestras panderetas y nuestras corridas de toros; pero tal y como son, no en caricatura; mas es necesario que se conozcan también nuestros monumentos y nuestras leyes presentes y pretéritas, nuestros paisajes y nuestros deportes, nuestros trajes y nuestras costumbres, nuestro idioma y nuestros cantos populares, nuestra industria y nuestro comercio, nuestra nobleza y nuestra hidalguía […]

 Y que en el correr de los tiempos, cuando los jóvenes de hoy lleguen a ser viejos, allá en su país y en su lengua, recordando con placer los tiempos pasados entre nosotros, puedan decir: esto que os digo es costumbre en España; lo aprendí en los cursos de verano que estudié en aquella bellísima ciudad de Jaca” (julio 1927, La Voz de Madrid).

Durante estos años Beritens ejerció como un auténtico embajador cultural del Alto Aragón. Desde Madrid publicaba crónicas de “excelsa propaganda” sobre el Pirineo en La Voz de Madrid, y participaba en los cursos de verano con conferencias tanto científicas como patrióticas. Su verbo apasionado unía ciencia y sentimiento: quien lo escuchaba, decía la prensa, veía en él al “jaqués más jaqués”.

Ese mismo año, el 1 de septiembre de 1927, en los actos de clausura de los cursos de verano de la Universidad de Zaragoza en Jaca, ofreció una conferencia sobre Los misterios de la luz y de la visión que dejó perplejo al auditorio, tanto por la modernidad como por la complejidad de los conceptos que fue desgranando para tan tempranas fechas: el éter del espacio, la constitución de la materia, los átomos, el movimiento vertiginoso de los electrones, la radiotelegrafía, radiotelefonía, televisión…

 Pero la estupefacción general llegó en el momento en que anunció: «la posibilidad de ver sin ojos, fantasía inconcebible hoy; posiblemente, seguramente, realidad mañana […]

 La facultad de ver no reside en el ojo sino en una parte del cerebro, en el centro óptico. Algo que ya había explicado en La Correspondencia de España, 1919: « ¿Y cómo se conseguirá semejante maravilla? Llevando la imagen directamente al centro cortical; haciendo un ojo artificial que funcione de manera análoga a nuestro ojo normal, y consiguiendo encontrar unas ondas etéreas que atraviesen huesos y demás tejidos, y solo puedan impresionar la parte del cerebro encargada de ver».

Beritens, de temperamento liberal, en 1931 pronunció en el Teatro Unión Jaquesa una conferencia organizada por el Centro Republicano Radical sobre el “Comunismo” basada en un concienzudo estudio de las distintas facetas del problema social que vivía el país, y que inició así:

«¡Galán! ¡García Hernández! […] ellos evocan no solo a nuestros héroes, los mártires de la República y de la Libertad […] Yo quiero, republicanos jacetanos, que el primer acto que yo realice en vuestro centro sea rendir un homenaje de admiración, de gratitud y simpatía a tanto héroe, a tanto mártir […]

 No vengo a hacer propaganda comunista; vengo a exponerlo desde el punto de vista científico; quien os va a hablar es un trabajador como vosotros; quien todos los días, desde julio hasta octubre, regala unas horas a los desvalidos; un trabajador que no tiene designadas horas de jornada porque así lo requiere su profesión en beneficio de los desvalidos; que no puede guardar ninguna fiesta, ni siquiera la del 1.º de Mayo.

 Y hago estas aclaraciones (que quizá parezcan no pertinentes en estos casos) para que quede bien sentado “que una cosa es predicar, y es otra cosa dar trigo”» (La Unión, 6 de agosto de 1931).

 Burguesía, proletariado, capitalismo, lucha de clases, Marx, Engels, Estado patrono, condiciones de trabajo, amor libre, divorcio, comunismo doctrinal y«no el de la revolución anárquica que algunos pretenden» fueron conceptos e ideas, que siempre en un tono cívico, humanista, respetuoso y más moral que partidista, ocuparon gran parte de su intervención.


Folleto conmemorativo de la Hermandad de San Blas de 1962. En él se destaca el 
fallecimiento de su Presidente Honorario, Germán Beritens


Pero donde más brilló su amor por la ciudad fue en la defensa de la historia y las tradiciones jaquesas. Fue Presidente Honorario  y Hermano, desde 1878, de la Real Hermandad de San Blas fundada en 1737. 

En los años treinta redactó estudios sobre la hidalguía del conde Aznar, héroe de la victoria sobre los musulmanes, y promovió la idea de erigirle un monumento simbólico a las afueras de la ciudad.

Su visión de la fiesta —de la que propuso con detalle cómo debía celebrarse— fue siempre digna y pedagógica: quiso liberarla de «anacronismos, tosquedades, confus iones y jolgorio, y abogar por el simbolismo ante la ausencia de datos contrastados» (La Unión, 2 de julio de 1934), dotándola del tono solemne que, en su opinión, merecía la gesta en momentos de decadencia. 

En los años cincuenta, ya mayor, presidió la Comisión del Primer Viernes de Mayo, a la que dotó de "una nueva savia vivificadora,  y en la que, con primorosas manos y desinteresadamente, también colaboró su hija Aurorita Beritens, al confeccionar las banderas del histórico cortejo (El Pirineo Aragonés, 23 de diciembre de 1961).




 

              Epistolario entre paisanos: Germán Beritens y  Santiago Ramón y Cajal


 Autorretrato de Ramón y Cajal / Instituto Cajal-CSIC

Parecía lógico que ambas personalidades coincidieran. Su pasado adolescente en las Escuelas Pías y su juventud en la Universidad de Zaragoza, su amor y dedicación temprana por la fotografía y la ciencia médica, los veranos en Jaca y su habitual residencia en Madrid contribuyeron a entablar una sincera y confiada amistad.

 Al parecer solían mantener conversaciones durante los veranos en Jaca, donde ambos coincidían: Beritens pasando consulta, inmerso en el ambiente jaqués, y don Santiago buscando la tranquilidad que lo desconectara del ajetreo intelectual madrileño.

  De allí que, en un trato mutuo de amistad y paisanaje, y siempre desde el máximo respeto y admiración, Beritens consultara y pidiera opinión de sus trabajos al que consideraba un sabio, don Santiago Ramón y Cajal. Tenemos  ejemplo de ello en dos cartas con sus respectivas contestaciones:

En la primera, en plena controversia sobre la teoría del astigmatismo del Greco, Beritens le pide a a Cajal cuando le vendría bien verse en Madrid. Y a la vuelta de correo don Santiago le responde que ve verosímil su teoría.

                   -De Germán Beritens a Santiago Ramón y Cajal (4 de octubre de 1927)
    «[…] distinguido amigo: cumpliendo sus deseos, que tan amablemente me expresó V. en Jaca, de palabra y en su tarjeta de despedida que tanto le agradecí   […].
 Por no saber a las horas en que le molestaría menos mi visita, no voy personalmente a saludarle y ofrecerme a V. En cuanto lo sepa, tendré mucho gusto en hacerlo.

 Cada vez le admira más su affmo. S. S. y amigo que es suyo,

Germán Beritens».
Cada vez le admira más su affmo. S. S. y amigo que es suyo,
Germán Beritens».


                     -De Ramón y Cajal a Beritens (octubre de 1927)

    «Amigo Beritens: Muchas gracias por los folletos que ha tenido V. la bondad de enviarme. Son muy interesantes y la doctrina expuesta en ellos hállase mucho mejor fundamentada de lo que yo creía, sugestionado por un folleto de Márquez.

 Las fotografías efectuadas con lentes cilíndricas puestas delante de los objetivos de cuadros del Greco, Rubens y Velázquez son terminantes, en el supuesto muy verosímil de que el Greco fue alargando las figuras conforme se debilitaba su facultad de acomodación […].

 Pero tiempo tendremos de charlar sobre los temas atrayentes tratados por V.

Sabe le quiere su amigo, compañero y paisano,

S. R. Cajal».

Sabe le quiere su amigo, compañero y paisano,

S. R. Cajal».


En la segunda carta, Beritens le envió su aplaudida comunicación El mundo exterior, la imagen retiniana y la función visual, presentada en Zaragoza durante la XV Asamblea de la Sociedad Oftalmológica en septiembre de 1928 ante numeroso público, entre los que se encontraban el profesor Marquez de Madrid, y los oculistas Díaz, Canela y Comenge.

                       -De Beritens a Cajal (11 de diciembre de 1928)

    «Tengo el gusto de remitirle mi comunicación a la Asamblea de Oftalmología de Zaragoza de la que le hablé este verano […]. Quizá sea un atrevimiento enviar a V., que tanto sabe de todo y más de estas cosas […].

 Su libro Fotografía de los colores me ha hecho y me hace pasar muy buenos ratos y aprender muchas cosas; distrae enseñando y cada vez que lo leo encuentro algo nuevo.

Su affmo. S. S. amigo y paisano,

Germán Beritens».


           -De Santiago Ramón y Cajal a Beritens (12 de diciembre de 1928)

    «[…] Leeré con gusto su memoria sobre “El mundo exterior, la imagen retiniana y la función visual”. Es problema arduo que se relaciona con el llamado problema crítico de Kant y de todos los idealistas […].

 La cuestión es difícil desde el punto de vista filosófico […]. Leeré el trabajo y cuando nos veamos le enviaré mi juicio, que no puede ser, desgraciadamente, en tan controvertidos asuntos, de gran valor.

 Sabe le quiere su amigo y paisano,

S. R. Cajal». 

Sabe le quiere su amigo y paisano,

S. R. Cajal». 


 

 Seis años más tarde, Beritens, veinticinco años más joven, fue testigo del fallecimiento de su amigo y paisano Santiago Ramón y Cajal el 17 de octubre de 1934. Poco después, firmado en Madrid el 23 de octubre de 1934, le dedicó un emotivo obituario que hizo llegar a los jacetanos a través del periódico La Unión, bajo el título ¡Cajal ha muerto!, en reconocimiento a su persona y obra. 

Ciertamente, la figura de Germán Beritens fue mucho más allá del médico que polemizó sobre el Greco. De ideas progresistas, humanista y polifacético —escritor, inventor, editor, fotógrafo y médico de los pobres—, se codeó con la élite intelectual madrileña de su tiempo sin dejar por ello de atender el pulso de su ciudad natal.

 Sus fotografías y postales forman parte del patrimonio visual de Aragón y confirman que también desde Jaca se participó, con prontitud y sensibilidad, en el arte de la fotografía, contribuyendo a fijar la identidad y la memoria de una época. 

Como ha recordado recientemente el oftalmólogo Manuel Morell, presidente de Lumium: «Germán Beritens puso a Jaca en el mapa mundial cuando casi nadie la conocía […].

 Fue un genio estudiado en las mejores universidades del mundo y aquí, apenas se le conoce […]. Merece un reconocimiento, algo más que un recuerdo, una calle, un homenaje, un gesto de gratitud». También  me uno a la petición de Morell, quizá algún día, al pasear por una calle con su nombre, podamos recordar que hubo un jaqués que miró el mundo con ojos de ciencia y corazón de artista.

                                        Agradecimientos 

Héctor Gracia
Marisol Urieta
Enrique Santos Bueso, por prestarme el PowerPoint de su magnífica conferencia Dr. Germán Beritens Laclaustra. Oftalmólogo jaqués y el astigmatismo del Greco (1913), impartida en la Ciudadela de Jaca el 15 de noviembre de 2025.

                                        Notas bibliográficas

  • Prensa histórica: La UniónEl Pirineo AragonésLa Voz de Madrid (fechas citadas).

  • Archivos de Archivos de Oftalmología Hispano-Americanos.

  • Gregorio Marañón, El Greco y Toledo (1954).

  • Fernando Marías, El Greco de Toledo. Pintor de lo visible y lo invisible.

  • Simunovic, “The El Greco Fallacy”.

  • Hemeroteca privada del autor.

  •                   Publicaciones de Germán Beritens


    Foto publicada por Enrique Santos Bueso
     

    — Para los cortos de vista (material divulgativo para pacientes), folleto o libro breve, ed. Sáenz de Jubera, Madrid, ca. 1909–1910.

    — “Presentación de un cuenta-gotas, nuevo modelo”, Archivos de Oftalmología Hispano-Americanos, 1912, págs. 598–599 (patentado por el autor).

    — “Presentación de una escala optométrica de bolsillo”, Archivos de Oftalmología Hispano-Americanos, 1912, págs. 600–601.

    — “Por qué El Greco pintó como pintó”, Archivos de Oftalmología Hispano-Americanos, marzo de 1913, págs. 153–168.

    — Aberraciones del Greco científicamente consideradas, libro, Librería de Fernando Fe, Madrid, 1914 (o fecha próxima), con referencias en La Tribuna de Toledo.

    — “Algo sobre El Greco”, Archivos de Oftalmología Hispano-Americanos, 1916, págs. 3–180.

    — “Sobre el supuesto astigmatismo del Greco”, Archivos de Oftalmología Hispano-Americanos, marzo de 1927, págs. 192–199.

    — “Las luxaciones del cristalino”, Revista Ibero-Americana de Ciencias Médicas, 1928.

    — “Presentación de la XV Asamblea de la Sociedad Oftalmológica Hispano-Americana”, Archivos de Oftalmología Hispano-Americanos, 1928, págs. 593–595.

    — “El mundo exterior, la imagen retiniana y la función visual”, Archivos de Oftalmología Hispano-Americanos, 1929, págs. 70–83 (figura también en sumarios de 1928–1929)

     

         

        

      

    viernes, 16 de enero de 2026

    JACA MEDIEVAL



     



    Nuestra intención con este recreación virtual no ha sido realizar un trabajo académico, sino evocar una época y unos oficios que hoy ya se han perdido en el tiempo. Aun así, hemos procurado, hasta donde han permitido los medios técnicos y la documentación histórica, respetar con el mayor rigor posible los detalles y elementos más relevantes de la ciudad de Jaca en la Edad Media.

    En el fondo, no es más que un homenaje a la historia de una ciudad y una mirada discreta —casi íntima— a las vidas que, sin saberlo, abrieron el camino para la nuestra.

    Si al verlo alguien logra, aunque sea por un instante, caminar con la imaginación por aquellos días, escuchar sus voces y sentir su pulso, entonces nuestra misión estará cumplida.




    Nota: Este video no hubiera sido posible sin los dibujos de Agustín Sanmiguel Mateo. 

    jueves, 7 de agosto de 2025

    El PASEO DE LA CANTERA



         


        “A la sombra de los álamos”: historia y alma  del Paseo de la Cantera

     

          "No se encontrará en los alrededores de Jaca un pasaje más encantador. La naturaleza se empeñó en dotarlo de cualidades de primer orden difíciles de igualar por la sola voluntad del hombre” (Andrés Cenjor Llopis, La Unión, julio de 1924).   ..     

    20025. Paseo de la cantera. Foto, V. Mairal

                                         

    Hay rincones en Jaca que se nos cuelan dentro sin pedir permiso y uno de ellos es ese  balcón natural de 1010 metros  que es el Paseo de la Cantera. Tras su aparente serenidad, este camino encierra siglos de historia: fue tránsito del medievo hacia la ermita de la Victoria,  paso de cabañera, zona militarizada, límite urbano, hasta llegar a ser, finalmente, con tiempo, lucha y paciencia un espacio ciudadano.

    Hoy lo recorremos casi sin pensar, como si hubiera estado así siempre, pero cada banco, cada árbol, cada sombra tiene su historia. Poco a poco se ha convertido en el lugar preferido por los jaqueses para pasear, y, para más de uno, en el último escenario de sus pasos, sabiendo que allí,  frente a ese horizonte limpio y eterno, la vida se despide en paz. 



    2025. Fotos, V. Mairal



                                                       Un nombre con raíces milenarias



    El origen de la palabra "cantera" en Jaca, "cantalera" en Hecho y en general en el Alto Aragón con significados como orilla, borde, lado... deriva de canto, que es justo lo que podemos observar en la Cantera de Jaca: ladera que por poniente recorre la meseta en la que se ubica la ciudad. Un balcón natural que se abre al cauce del río Aragón; nada que ver con la acepción castellana habitual "lugar de extracción de piedra". 

    Tiene una orografía  que ha ofrecido una vista imperturbable a lo largo de millones de años y que, sin duda, ha elevado el espíritu a quienes han contemplado las vistas que desde ella se observan: las nieves del pico de Collarada, las huertas y el discurrir del río Aragón y el giro que hacia  el oeste abre el camino a Navarra por la Canal de Berdún, flanqueado por la Peña Oroel, los montes de San Juan de la Peña y el Cuculo de Vinacua. 

    La primera referencia escrita  a este camino aparece en tiempos de Ramiro I (1035-1063) cuando "La condesa doña Sancha dio a Pedro de Lemotgas una tierra entre la viña del rey  y Santa María (de la Victoria)  según va el camino de Mucrones (1) (Mocorones) y que sale a las casas de los enfermos" (2) Banco de la Salud) . Camino que en la actualidad corresponde a los  cerca de 4 km que discurren entre la ermita de la Victoria, el paseo de Mocorones,  la Cantera y el Banco de la Salud.

     En este mapa de 1709 se observa el trayecto descrito en el siglo XI, desde la ermita de la Victoria hasta el Banco de la Salud. Camino al que en el siglo XIX  todavía se aludía  como paseo de la cantera de la Victoria. Lo que hoy está dividido en dos tramos: Paseo de Mocorones y Paseo de la Cantera, siempre fue uno solo hasta que la construcción del Paseo de la Constitución (Rompeolas), la carretera de Aisa y la urbanización de Villa Parsifal obstaculizaron su continuidad


                                                             Un paseo sin arbolado ni bancos 


    Poco o nada alteró el aspecto de la Cantera, utilizado como camino carretero, hasta que, a principios del s. XVIII, se construyó un pequeño reducto de planta cuadrada colgado en la Cantera para vigilar la posible llegada por el río Aragón de tropas con la intención de tomar la Ciudadela justo donde termina la llamada "cuesta de la Cazoleta"; razón estratégica que se volvió a poner de manifiesto durante el sitio de la Ciudadela en 1813, cuando el general Espoz y Mina ordenó excavar tres galerías bajo el terreno actual del Paseo de la Cantera (subida de Tron) para,  mediante explosiones subterráneas, intentar la toma  del Castillo de San Pedro en ese momento en posesión de los franceses (3).  

    Plano parcial de Nicolas Pistón. 

     Apartar el destino de la Cantera de las estrategias militares no iba a ser algo sencillo. Su aproximación a la Ciudadela la situaba bajo la influencia de la primera  Zona  Polémica,  (4) algo que le dificultaría su natural desarrollo, al quedar bajo la influencia de una legislación  muy estricta. Tanto que esta normativa impedía la libre plantación de arbolado, influía en la altura y anchura de los troncos de los árboles, en si estos eran de madera blanda o dura, en la distancia a la que se debían de plantar e incluso en la manera de alinearlos. También disponía los tipos de cultivo que se podían plantar... y, por supuesto,  prohibía todo tipo de edificación que fuera sólidoPor las mismas razones se proyectaron (sin llevarse a término) en el Paseo de la Cantera, trincheras, caminos de ronda y baterías como parte del complejo sistema defensivo del "campo atrincherado de Jaca" entre 1894 y 1901. 


                                                        Primeras iniciativas ciudadanas


     Escasean las noticias en el siglo XIX de actuaciones tendentes a transformar ese antiguo camino en un Paseo, pero sabemos que no faltaron alcaldes que se lo propusieron, a pesar de contar con dos serios inconvenientes, las aludidas zonas polémicas y la ausencia de agua. Esto quedó resuelto en parte cuando en 1891 se hizo el canal de riego para las huertas de Jaca, que pasaba a escasos 100 m de la Cantera. Lo que sí sabemos es que en agosto de 1886,  en sesión del Ayuntamiento, se trata del arreglo y embellecimiento del pintoresco paseo de la Cantera, en lamentable estado a juzgar por la observación de un paseante tres años más tarde en El Pirineo Aroragonésdel 11 de agosto de 1889: 

    "¡Qué lástima, Sr. alcalde, que el piso descarnado y lleno de incrustados guajiros, los espinos que crecen  á su placer para "acariciar" los trajes y mortificar la carne de los transeúntes, y  una cortadura del terreno que casi intercepta  el paso amenazando derribar por su ladera al despistado, con peligro de su vida, nos tenga privados de frecuentar ese paseo llamado de "La Cantera de Aragón...!"

     La presión por dignificar el Paseo se puso de nuevo de manifiesto en el verano de 1896 con reflexiones como la reflejada en el periódico La Montaña que han resultado ser premonitorias:

      "Hoy tenemos abundancia de agua en el canal. Y es imperdonable el abandono... Los propietarios de las huertas avanzan con un surco cada año hacia el camino y se han apoderado de la mitad del paseo: "hay que delimitar lo privado de lo público". Y el paseo no debe terminar en las  Eras del Molino ( inicio de la carretera de Aísa) sino que debe continuar hasta el santuario de la Victoria, y pasando de ahí, á la Cantera del Río Gas ... y  prohibir el paso de  carros por el referido sitio". 

    No fue hasta 1897 cuando el mando militar de la Plaza, por Real Orden, concedió al Ayuntamiento plantar árboles, pero  corría el año 1900,  y  tan solo se habían plantado en las plazas de las Monjas y  San Pedro. Y fue en 1902, bajo la presidencia en la alcaldía de Rufino Abad,  cundo se consiguió  "plantar  dos hileras de árboles en todo el trayecto comprendido desde la glorieta de San Marcos (Árbol de la Salud) hasta el Campo Santo (Ermita de la Victoria)". 

    Rufino Abad Mainer, alcalde (1902-1904)



     La llegada del agua de riego a los huertos colindantes al Paseo de la Cantera había revalorizado los terrenos  y fomentado la actividad agrícola, algo que vino a ser un inconveniente añadido para el Paseo. Se quejaban con amargura los paseantes al ver cómo el paso público cada vez era más estrecho y dificultoso a causa de apropiaciones indebidas,  marcadas rodadas en el Paseo ocasionadas por la salida y entrada de carruajes y caballerías, cúmulos de piedras, hediondez de estercoleros, grandes charcos provocados por escapes de agua... Obstáculos que no empañaron el lento, pero constante impulso dado al Paseo de la Cantera llevado a cabo por los alcaldes hasta 1912: Ricardo Prado, José Lacasa,  Ramón Allué, Rufino Abad,  Manuel Ripa y Mariano Pérez Samitier con el plantado de árboles, ordenanzas reguladoras de derechos y deberes para propietarios de huertas y la desaparición de las zonas polémicas. 



                                 El Parque frustrado (1915–1936)



     "El día de árbol", "El pinar de los Niños", "Beneficios del arbolado", "Plantemos árboles" son solo parte de los numerosos artículos de periódicos que mostraban la inquietud que había en la ciudad por la escasez de árboles. Entre los reivindicativos artículos publicados al respecto, destacaron los del corresponsal de El Noticiero y habitual colaborador de los periódicos locales, el escolapio padre Otal, Juan. Fruto de esas campañas, el 19 de marzo de 1918, día de  de San José, con motivo de la celebración de la Fiesta del Árbol, centenares de alumnos de todos los colegios, acompañados por sus profesores, los padres escolapios Juan Otal, Fernando Sanz, José Martín y el maestro de nacional Joaquín Celma plantaron, en terrenos que generosamente había cedido al municipio Javier Lacasa, en la parte septentrional de la Cantera, 400 pinos, en el lugar que desde entonces se llamó el "Pinar de los Niños". Acto que contó con la colaboración del forestal Miguel Callaved y del Ayuntamiento, en especial del concejal encargado del evento, José Mª Campo y del alcalde Antonio Pueyo. 


     Escolares jacetanos plantando pinos  el Día del Árbol con el padre Otal a la derecha. Habían salido cantando por la calle Mayor, acompañados de la banda municipal, el himno de la Fiesta del Árbol, que su maestro, Joaquín Celma, había compuesto. Junto con los cabezudos, enarbolaban cartelones  que ellos mismos habían hecho, con lemas como "El Pinar de los Niños inicia la repoblación forestal"" El Pinar de los Niños paraje delicioso para veraneantes". Al terminar, sentados en la hierba, fueron obsequiados con una merienda, para continuar después con una sesión de cine gratuita en el Salón de Variedades.(19 de marzo de 1918.Fotografia Francisco de las Heras)


     La década de los años veinte  transcurrió con un propósito casi obsesivo, transformar el Paseo en el Parque de la Cantera. Proyecto que comenzó con el allanado del piso, el aumento de arbolado y del número de bancos, por otra parte siempre escasos, a cargo del Ayuntamiento presidido por José Sánchez Cruzat y su mayor entusiasta, el farmacéutico militar Andrés Cenjor Llopis.  Una década que se vio envuelta  por el propósito de edificación, en el mismo paseo, de algunos propietarios en 1924 y que, de llevarse a cabo, según Andrés Cenjor, significaría "matar el parque antes de haber pensado en nacer por cuanto la parte que da vistas a Jaca quedaría sin otro horizonte que el que ofrezcan las paredes de esas futuras casas". 

    1950. Chalet de Benito Campo. En la foto el autor de la foto, Jesús Bretos. 

     
    A pesar de ello se permitió, en una altura discreta, sin impedir la vista del horizonte, la ampliación de la casa-fábrica de mosaicos de Antonio Ara en 1929 y la más polémica casa de Benito Campo(5) 
    en instancia presentada el 9 de junio de 1930 al alcalde J.  M.ª Campo,  a pesar de la fuerte oposición llevada a cabo por
    el activo Sindicato de Iniciativa y  Turismo de Jaca presentando a la Comisión Permanente Municipal las siguientes propuestas:  


    "Instruir expediente de declaración de utilidad pública de los terrenos comprendidos entre la senda que conduce desde el paseo de la Cantera del río Aragón hasta las eras  del Molino... adquirir por parte del ayuntamiento ...todos los terrenos..o una faja paralela al paseo en una distancia de de cien metros; y procurar la repoblación forestal..." (La Voz de Aragón, 22 junio 1930)

    Marzo  de 1931. Cortejo fúnebre por el fallecimiento de Antonio  Ara, miembro fundador de la Agrupación    Socialista de Jaca. Al fondo, a la izda. su casa-fábrica con camino de entrada. Foto cedida por Esteban Gómez.

    Será en junio de 1933 cuando el Alcalde republicano Julio Turrau comenzará a declarar la zona de la Cantera como de "utilidad pública", con el fin de no autorizar en él nuevas edificaciones. Algo que no impidió construir la primera piscina pública de Aragón en 1933 que ocupaba 5000 metros cuadrados de las Eras del Molino (parte del actual parque canino). Con el asesoramiento de Martín Augustí, ingeniero Jefe de la Sexta División Hidrológico Forestal, se inicia la formación del "Parque de la Cantera", para lo cual, en este y en posteriores consistorios, aparte de seguir con la plantación de arbolado, incluido en los empréstitos municipales, se deja reservada la cantidad de 25.600, 82 pesetas para adecentar el Paseo de la Cantera:15602,82 para el año 1938 y 10000 para el año 1939.  Pero la Guerra Civil interrumpió todo avance, excepto la renovación de glorieta de San Marcos o Banco de la Salud, llevada a cabo por el Ayuntamiento presidido por Francisco García Aibar. Consistió en la elevación del muro con barandilla, para salvar el talud que da vistas a la Garisea  y en la colocación de un  banco octogonal de cemento que rodeaba el Árbol, con una inscripción en uno de sus lados que recordaba el año de construcción, 1938. 

      Glorieta de San Marcos con el Árbol de la Salud ("ulmus minor") en plena forma, rodeado del banco octogonal realizado en 1938. Se decía de él que transmitía calma y ayudaba a sanar a los peregrinos del hospital y de la leprosería. Enfermo ya en 1989, por una plaga de grafiosis que en sucesivas oleadas avanzaba desde el centro de Europa, el legendario símbolo espiritual, totalmente seco, fue talado en 1992. Había vivido un mínimo de 300 años y sustituyó a otro árbol que hubo en la Edad Media. (Fotografía tomada a finales de los años cincuenta  publicada en El Pirineo Aragonés, IA)     



                                    Urbanización y consolidación (1953–1995)



    Fue en el año 1953 cuando en sesión de la Corporación presidida por su alcalde Juan Lacasa se decidió retomar y mejorar el Paseo de la Cantera en su primera etapa, siguiendo el proyecto del arquitecto municipal Lorenzo Monclús Ramírez,  en el que se incluía una "medida estrella" tomada en 1954: permitir la construcción de chalets en los terrenos agrícolas situados entre el paso del canal y el Paseo de la Cantera.

    1950.  En la foto, Jesús Brezos. 
    Autor de la foto. 

     En esencia, en dicho proyecto se vislumbraba el aspecto que tendría con posterioridad el Paseo, con cuatro líneas de árboles. Se acometió el replanteo legal, se hicieron expropiaciones para dar más anchura al paseo, explanaciones, apisonamiento del terreno, engravillado del camino para peatones y construcción de un camino agrícola paralelo al canal de riego (futura calle de Pico de Collarada) que evitaba, en parte, aspectos incómodos del pasado. Además, el concejal y farmacéutico Mariano Gállego Roselló, aunque aprovechó los árboles existentes, principalmente álamos, introdujo gran variedad  de nuevos árboles traídos del vivero de Zaldibar: 
    "Cipreses, abetos, cedros... descargados en camiones frente al chalet de Benito Campo cuando no había más que "treboletas" o álamos y los campos llegaban a todo lo que hoy es el paseo, pues por donde hoy pasan los coches era todo campos que ensanchamos a base de camionadas de tierra", nos recuerda el encargado de jardinería, Justo Pellicer. 


    Un día soleado de verano de los años sesenta.  Obsérvese el camino de tierra peatonal flanqueado en toda su longitud por álamos blancos o treboletas. A la derecha el cerramiento de las piscinas municipales. Fotografía publicada por Nacho Sánchez Tapia.

    Podría decirse que el Paseo  de la Cantera tal y como lo conocemos en la actualidad tomó su forma definitiva en 1967, bajo la alcaldía de Benigno Fanlo y el concejal Esteban Ausens encargado de gestionar trabajos como: la construcción de la caja y asfaltado de la carretera para vehículos en los primeros 250 metros iniciados desde el Árbol de la Salud; la ampliación a 18 metros de ancho; la instalación de una fuente y bancos; la composición de la zona verde central y la formación definitiva del andador peatonal, vestigio del milenario Camino.


    Los 27 años siguientes (1968-1995) presididos por el alcalde Armando Abadía serán años de un firme propósito para embellecer la ciudad con arbolado y el Paseo de la Cantera no iba ser una excepción, aumentando la densidad arbórea  de forma considerable. Años de los que Justo Pellicer nos cuenta que:

     "Se continuó el asfaltado de la carretera, trozo a trozo, cada año, hasta terminarla. Regábamos de pie, cogiendo el agua de una pequeña acequia y echando el agua a manta. Pero a pesar de intentar salvar al  Árbol de la Salud durante dos o tres años, vimos morir el olmo afectado de grafiosis".


                                             La Cantera en los inicios del siglo XXI




     Los inicios del siglo XXI, bajo la presidencia en la alcaldía de  Enrique Villarroya (1999-2015), representaron para el vetusto Paseo años de modernización, mejoras, y sobre todo, de mantenimiento: sustitución del riego a manta por otro automático, mejora de iluminación, colocación de bancos, papeleras, labores de poda, señalización del carril bici ... Y el acondicionamiento y embellecimiento con especies vegetales del paseo de Mocorones. Sin embargo, quedó en el tintero, en 2005, el intento de prolongar el Paseo de la Cantera con un puente peatonal sobre la carretera de Aísa para darle continuidad por Mocorones hasta el llano de la Victoria.


    Desde el 2007 el Monumento de la Jacetania se trasladó de
    la Plaza de Biscós al Paseo de la Cantera. Foto, V. Mairal

    Juan José Fernández Gastón, encargado de parques y jardines de Jaca durante los últimos 25 años nos comenta alguno de los pormenores de este periodo: 
    "Se había llegado a un punto en el que la densidad de arbolado exigía urgentes actuaciones. Quitamos aquellos árboles  que por enfermos y viejos no gozaban de buen aspecto y aquellos que suponían un peligro para los viandantes.  Se realizaron tratamientos específicos para cada árbol y se actuó,  a "modo de bisturí", aclarando con podas selectivas los árboles de más valor, como los antiguos álamos blancos(6),de los que ya casi no quedan. También considero relevante la creación en 2007 de un Punto Focal al colocar el Monumento a la Jacetania en el extremo norte, de lo que fueron las antiguas piscinas municipales".




                                                  Evolución de los terrenos adyacentes a la Cantera


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    (1)  Mucrones, Mocsrons, Mocorones. Término arcaico , de ascendencia greco-latina, que viene a significar ... batalla, victoria. (En  Aznárez, Juan Francisco Estudios de Historia Jacetana, Huesca, 1960.

    (2) Aznárez, Juan Francisco Estudios de Historia Jacetana, Huesca, 1960.  Las capillas o ermitas de San Esteban, San Andrés y San Marcos formaban una unidad arquitectónica. A su lado se levantaba el hospital, donde eran recogidos los peregrinos enfermos de contagio... de ahí que aún en el s. XI se decía casa de leproso, de san Andrés, enfermos de la Corona (cantera). Junto al árbol de la salud.  

    (3) No hubo necesidad de utilizar las galerías.  La Ciudadela se rindió a las tropas españolas el 17 de febrero de 1814

    (4) Desde mediados del s. XIX  las plazas fuertes como la de Jaca se regían por reglamentaciones que prohibían y reglamentaban cultivos, arbolados y edificios, en una franja paralela a las murallas de la ciudad y la Ciudadela. Era la llamada zona de exclusión o "zona polémica", que pudiera servir de cobijo a las tropas atacantes, y que abarcaba entre 1200-1500 m que era lo que alcanzaba una bala de cañón.    

    (5) Benito Campo  propuso que se le abonara lo desembolsado en la construcción de la casa  o que le cediesen igual número de metros de terreno propiedad del Ayuntamiento en otro sitio que le conviniese. Y añade: "El deseado Parque lo tenemos hecho; difícilmente podría otro sitio aventajarle en grandiosidad y extensión, como en variedad de atractivo naturales; me refiero a Oroel; la Cantera debe dedicarse a Ciudad jardín; es su verdadero porvenir... reglamentense las edificaciones y tenemos resuelto el asunto... Como recuerdo de aquellas  disputas ha quedado un estrecho pasillo con puerta y llave, de su propiedad, que cruza desde  la Cantera  hasta la calle del Pico Collarada y un acceso con bordillo a su casa. 

    (6)  De aquellos álamos"treboletas" que en su día fueron abundantes y dotaron de una personalidad inconfundible al Paseo de la Cantera, si no me he equivocado al contarlos, solo quedan 9 perdidos entre un "bosque" de unos 820  árboles de 40 especies distintas.  


    Notas y fuentes consultadas1. Hemeroteca jacetana (1886–1936)


    Recopilación de noticias y artículos procedentes de los periódicos locales La MontañaLa Unión y El Pirineo Aragonés, pertenecientes a una colección privada y completa en poder del autor. Incluyen referencias a proyectos municipales, denuncias vecinales, plantaciones, propuestas urbanísticas y reivindicaciones ciudadanas sobre el Paseo de la Cantera. Se han citado expresamente textos de autores como Paquito de la Montaña (P. Otal)Andrés Cenjor LlopisVicente GuaridoBenito Campo y otros colaboradores habituales.

    2. Aznárez, Juan Francisco
    Estudios de Historia Jacetana, Huesca, 1960.
    Especial relevancia en la identificación toponímica del "camino de Mocorones" con el actual trazado de la Cantera. Cita destacada:

    “La Vespra del primer viernes de maio fue enviado stadal (cirio) a Nª Sª de Mocorones, dicha de la Victoria... el camino que, pasando por Mucrones, termina en las casas de los enfermos”.

    3. Mairal López, Valentín
    Murallas de Jaca. Autoedición.
    Referencias documentadas sobre el contexto urbano del Paseo de la Cantera, especialmente en relación con la demolición parcial de las murallas, el concepto de “zona polémica” y la evolución urbanística de Jaca en los siglos XIX y XX.

    4. Diccionario Aragonés
    Rafael Andolz, Diccionario Aragonés.
    Define “cantera” como “extremo de un llano en el monte, loma poco alta”, y documenta usos aragoneses del término en contraposición a la acepción castellana de cantera como lugar de extracción de piedra.

    5. Rohlfs, Gerhard
    El euskera en el Alto Aragón.
    Citado indirectamente para la raíz del topónimo “cantera” desde canto, con el significado de “orilla” o “borde”, común en el vocabulario tradicional del Pirineo.

    6. Cartografía militar y documentación técnica (siglos XVIII–XX)

    • Plano de 1718: ubicación del reducto defensivo en el borde de la Cantera.

    • Galerías de zapa de 1813: excavadas por orden de Espoz y Mina durante el sitio de la Ciudadela.

    • Mapas del “Campo Atrincherado de Jaca” (1894–1901), escalas 1:5.000. Referencias a caminos de ronda, baterías y senderos de uso militar.

    • Legislación militar sobre “zonas polémicas de primer orden”.

    7. Urbanización moderna (1951–1970)

    • Proyecto del arquitecto Lorenzo Monclús Ramírez (1953), bajo mandato del alcalde Juan Lacasa: incluye explanación, gravilla, andén peatonal.

    • Plantación de árboles del vivero de Zaldívar (Vizcaya), promovida por el farmacéutico Manuel Gállego Roselló.

    • Obras de mejora impulsadas por el concejal Esteban Ausens (1967): pavimentación, instalación de bancos, fuente y ampliación del trazado.

    8. Actuaciones siglo XXI

    • Agenda 21 Local del Ayuntamiento de Jaca (2003): renovación del mobiliario urbano, riego automatizado, asfaltado del trazado.

    • Datos divulgativos extraídos de portales como ciudadeladejaca.esturismoruralpirineos.es y materiales de planificación urbana recientes.

    9. Archivo gráfico y testimonios

    • Fotografías antiguas y modernas procedentes del archivo del autor.

    • Recuerdos y aportaciones orales de jaqueses nacidos entre 1940 y 1960.

    • Observaciones directas realizadas entre 2020 y 2025 en los tramos del paseo.

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