MIS COSAS DE JACA

Estas páginas van destinadas a todas aquellas personas que quieren a su ciudad, como me sucede a mí con la mía, Jaca. Hablaré, pues, de “mis cosas” esperando que alguna de ellas pueda ser también la tuya o, sencillamente, compartas mi afición por “colarme” entre el pequeño hueco que separa la memoria de la historia, lo general de lo particular o lo material de lo inmaterial. Estas “cosas de Jaca” están construidas a base de anécdotas , fotos de ayer y hoy, recuerdos y vivencias mías y de mis paisanos y de alguna que otra curiosidad, que me atrevo a reflexionar en voz alta. No es mi propósito, pues, ocuparme de los grandes temas de los que ya han tratado ilustres autores, es más bien lo contrario: quiero hacer referencia a rincones ocultos, héroes anónimos, huellas olvidadas, sendas por las que ya no se pasa, lugares que fueron un día centro de atención y hoy han sido relegados a la indiferencia, al olvido o al abandono; a unos escenarios donde se sigue representando la misma obra pero con otros actores.

jueves, 22 de enero de 2026

El viaje de Alfonso XIII a San Juan de Lapeña, 1903

                       

                             El viaje de Alfonso XIII a San Juan de Lapeña, 1903



Un año y cuatro meses llevaba reinando Alfonso XIII cuando el Gobierno acordó que, con la intención de reivindicar la monarquía liberal por el norte de España, sería beneficioso que este joven rey de 17 años visitara las poblaciones de Estella, Logroño, Jaca, Huesca, Soria, Valladolid y Palencia para escuchar los latidos de su pueblo. 

Tras parar 15 minutos en la estación de tren de Zaragoza y recibir a las autoridades de la ciudad, el Rey, junto con su hermana la princesa Doña Mercedes y su marido el infante Don Carlos de Borbón, el Ministro de Estado, conde de San Bernardo y el séquito acostumbrado llegaban a la estación de Jaca, el miércoles día 2 de septiembre de 1903, a las cinco y diecisiete minutos de la tarde, para permanecer en la ciudad hasta la mañana del 7 de septiembre.Tras el fastuoso recibimiento por parte de las autoridades, entre acordes de música y salvas lanzadas desde la Ciudadela, se dirigieron a la ciudad en suntuosas carrozas. Y, tras un paseo en olor de multitud por las calles de Jaca, engalanada con artísticos arcos triunfales elaborados en su honor por el cuerpo de ingenieros y artesanos, fueron a hospedarse al Palacio del obispo, ahora convertido en vivienda del rey y de los príncipes. Tras visitas a la Catedral, a los cuarteles, a la Ciudadela, al Fuerte de Rapitán, al Convento benedictino... se dispuso a realizar, el día 4lo que en opinión de muchos acompañantes y periodistas fue la nota más bonita del viaje regio: la obligada primera visita a los Monasterios de San Juan de la Peña de un Rey de España. 

Ya se habían realizado variadas celebraciones en Jaca: un banquete con 300 personas, sufragado por el diputado señor duque de Bivona, celebrado en el frontón del Seminario Conciliar; una gran retreta militar, una cabalgata nocturna... Pero, mientras tanto, una preocupación comenzó a correr como la pólvora: ¿en qué mulo subiría el Rey a San Juan? El camino al Monasterio se sabía penoso, en especial al tomar el repecho de El Escalar, en el que no era extraño que algún mulo, cuando no el jinete, cayera por el pedregal, por lo que había que asegurarse de que la cabalgadura fuera la mejor de todas. 

Tras la parada en Santa Cruz de la Serós, la comitiva reemprende la marcha a San Juan de la Peña.
Alfonso XIII sobre la montura de su mulo, junto a los comarcanos vestidos de calzón. (ABC, 8 de septiembre de 1903)

El desenlace de la cuestión nos lo narra Tomás Buesa Oliver en Mis páginas Jacetanas, tomado a su vez de las Memorias de Juan Moneva y Puyol:

 "Aunque había varias con tales condiciones en la ciudad, a todas les aventajaba un mulo que poseía don Fermín Díaz y Gómez [...] A él recurrieron, no sin cierto recelo, temiendo su negativa, puesto que era el jefe comarcal de los republicanos. No hubo ningún problema: no solo prestó don Fermín el mulo más seguro y más gallardo de sus cuadras, sino que alojó en su misma casa al jefe del Cuarto Militar (servidumbre) del Rey, el general de Ingenieros don Rafel Cerero, buen conocedor del Pirineo Aragonés. Moneva transcribe textualmente estas palabras del republicano don Fermín:

Puede usted asegurar a Su Majestad que irá en este mulo como en su trono, dijo a Cerero don Fermín..."

(Buesa, 1995: 104-105)  


Poco arriesgaba prestando su mulo don Fermín, pues de sobra sabía el comportamiento de su montura en ascensiones que él mismo había hecho con anterioridad a San Juan de la Peña. 

El viernes 4 de septiembre, la comitiva que iba a acompañar al Rey a San Juan partió de madrugada, en coches, desde Jaca hasta la venta de Esculabolsas, lugar donde era habitual arrendar caballerías y espoliques o palafreneros. Desde allí la comitiva encabezada por el obispo y el gobernador, formada por cerca de 90 jinetes y gente de los pueblos de alrededor que los acompañaban a pie, iniciaron el camino que los conduciría, primero a Santa Cruz de la Serós, para luego, tras atravesar la rambla recodo a recodo, trepar por la senda las escarpadas rampas de El Escalar que los conducirían a los Monasterios. 



Tanto a los acompañantes y periodistas como a los montañeses les había llamado la atención el carácter jovial, amable y cercano que mostraba continuamente el Rey. Contribuía a ello el haberse desprendido de su uniforme habitual y presentarse con traje de cazador: lanilla de color gris, con sombrero flexible de ala ancha, que contrastaba con los entorchados y galones del general Cerero. De la misma manera, causaba admiración el desempeño que mostraba manejando la elogiada montura castaña de Don Fermín Díaz, cuando a manera de jefe de columna, custodiado por los comarcanos vestidos de calzón Mariano Jarne y Pascual Terreu, ascendía con gran agilidad, sinmostrar el más mínimo titubeo, no solo cuando triscaban los cascos de los caballos sino también en los tramos que realizaba a pie. Una admiración y un entusiasmo que quedaron reflejados en gráficas frases de los montañeses como: ¡Qué rey tan pincho!

Ya en el Monasterio viejo, ante la tumba del conde de Aranda, Dámaso Sangorrín
canónigo Lectoral de la Catedral de Jaca, hizo de cicerone ante el Monarca explicando los entresijos del resto del Monasterio. Después, cuando el Rey se hallaba ante la tumba de Pedro I de Aragón, el obispo de la diócesis de Jaca, Francisco Javier Valdés Noriega, le entregó un anillo que se había encontrado en el dedo del citado Monarca aragonés. La preciosa joya de oro la habían custodiado los abades del Monasterio, hasta que el último de ellos se la entregó a su sobrino y canónigo de la Catedral de Jaca Tomás Ara. Al anillo, sacado a modo de estuche de una concha de plata, lo acompañaba un pergamino en el que se glosaba la figura de Pedro I y cómo llegó su cadáver hasta San Juan de la Peña: 

"Fué sepultado su cadáver en San Juan de la Peña junto al de su padre y otros ascendientes. Se le enterró teniendo en su dedo este anillo, el cual se desprendió de su sepulcro en el siglo XVI, según refiere Briz Martínez, en la página 661 de la Historia de Aragón. La rudeza de las armas y arneses de aquella época, causó las mellitas que en la superficie exterior tiene este anillo".

(La Montaña [LM],1903: 5 septiembre p. 2)  

Un presente que el Rey, tras agradecer inmensamente, dijo que lo haría colocar en la biblioteca del palacio real, en sitio en que se viera bien, al tiempo que encargó al fotógrafo Manuel Asenjo que hiciese «una reproducción fotográfica de tan preciada e histórica joya». (Generelo, 2023: 137).

No son muchas las palabras conocidas del Rey expresando la impresión que le había causado el Monasterio, del que tomó nota para poner un techo de pizarra. Entre ellas, la aplaudida conversación que mantuvo con el obispo:

- "Aquí podría hacerse algo superior á lo que existe en el extranjero; algo que no solo sirviera para recordar hazañas, conservando viva la la memoria de sus autores, sino que atrajera aquí á nacionales y extranjeros y que pudiera ser una fuente de riqueza para estos pueblos…"

Poco después se dirigieron por agreste camino al monasterio Alto donde le fueron mostradas a Su majestad las estimadas joyas que guardaba. Y, cuando la regia comitiva se disponía a cruzar el umbral de la puerta para salir a la explanada, a menos de un metro de Su majestad, Juan Moneva y Puyol, catedrático de la Facultad de Derecho de la Universidad de Zaragoza, le dirigió estas palabras llenas de firmeza reivindicativa:

 "Permitid al Ateneo de Zaragoza que tribute aquí homenaje de súbdito, mientras, mientras estas ruinas os saludan. Son [...] el Casal de Aragón. De todos los lugares de vuestros Rynos sólo uno es comparable á éste: Covadonga, Covadonga la rica, Covadonga la bella, ¡qué donde V. M. ponga las reales plantas brote prosperidad! ¡que perdure el recuerdo de esta visita! ¡que las ruinas florezcan! Nada pedimos al Tesoro común . Sostenga cada pueblo sus propias cargas como quiere el nuestro sostener las suyas. Pero dígnese Vuestro Real Poder confiar en manos de Aragón este sagrado depósito, y descanse V. M. en que Aragón sabrá guardarlo, como ha sido, desde más tiempo que recuerda la Historia, guardar nuestro honor, guardar la fé, guardar la Patria, guardar vuestra Corona", ( [LM], 1903: 5 de septiembre, p.2) 

En la entrada al Monasterio Nuevo. De espaldas, frente al Rey con sombrero, 
Juan Moneva Puyol dirigiéndose a ÉL. A la ida., el señor Obispo de 
la diócesis de Jaca, Francisco Javier Valdés Noriega. 
Nuevo Mundo año X, n.º 505, jueves, 10 de septiembre de 1903)

  La vuelta a Jaca se hizo por el camino de Atarés. Al día siguiente la comitiva visitó Canfranc y Coll de Ladrones, para volver en tren, camino de Huesca, el día día 7 de septiembre. 


















































viernes, 16 de enero de 2026

JACA MEDIEVAL



 



Nuestra intención con este vídeo no ha sido realizar un trabajo académico, sino evocar una época y unos oficios que hoy ya se han perdido en el tiempo. Aun así, hemos procurado, hasta donde han permitido los medios técnicos y la documentación histórica, respetar con el mayor rigor posible los detalles y elementos más relevantes de la ciudad de Jaca en la Edad Media.

En el fondo, no es más que un homenaje a la historia de una ciudad y una mirada discreta —casi íntima— a las vidas que, sin saberlo, abrieron el camino para la nuestra.

Si al verlo alguien logra, aunque sea por un instante, caminar con la imaginación por aquellos días, escuchar sus voces y sentir su pulso, entonces nuestra misión estará cumplida.

 

 

Nota: Este video no hubiera sido posible sin los dibujos de Agustín Sanmiguel Mateo. 

jueves, 7 de agosto de 2025

El PASEO DE LA CANTERA



     


    “A la sombra de los álamos”: historia y alma  del Paseo de la Cantera

 

      "No se encontrará en los alrededores de Jaca un pasaje más encantador. La naturaleza se empeñó en dotarlo de cualidades de primer orden difíciles de igualar por la sola voluntad del hombre” (Andrés Cenjor Llopis, La Unión, julio de 1924).   ..     

20025. Paseo de la cantera. Foto, V. Mairal

                                     

Hay rincones en Jaca que se nos cuelan dentro sin pedir permiso y uno de ellos es ese  balcón natural de 1010 metros  que es el Paseo de la Cantera. Tras su aparente serenidad, este camino encierra siglos de historia: fue tránsito del medievo hacia la ermita de la Victoria,  paso de cabañera, zona militarizada, límite urbano, hasta llegar a ser, finalmente, con tiempo, lucha y paciencia un espacio ciudadano.

Hoy lo recorremos casi sin pensar, como si hubiera estado así siempre, pero cada banco, cada árbol, cada sombra tiene su historia. Poco a poco se ha convertido en el lugar preferido por los jaqueses para pasear, y, para más de uno, en el último escenario de sus pasos, sabiendo que allí,  frente a ese horizonte limpio y eterno, la vida se despide en paz. 



2025. Fotos, V. Mairal



                                                   Un nombre con raíces milenarias



El origen de la palabra "cantera" en Jaca, "cantalera" en Hecho y en general en el Alto Aragón con significados como orilla, borde, lado... deriva de canto, que es justo lo que podemos observar en la Cantera de Jaca: ladera que por poniente recorre la meseta en la que se ubica la ciudad. Un balcón natural que se abre al cauce del río Aragón; nada que ver con la acepción castellana habitual "lugar de extracción de piedra". 

Tiene una orografía  que ha ofrecido una vista imperturbable a lo largo de millones de años y que, sin duda, ha elevado el espíritu a quienes han contemplado las vistas que desde ella se observan: las nieves del pico de Collarada, las huertas y el discurrir del río Aragón y el giro que hacia  el oeste abre el camino a Navarra por la Canal de Berdún, flanqueado por la Peña Oroel, los montes de San Juan de la Peña y el Cuculo de Vinacua. 

La primera referencia escrita  a este camino aparece en tiempos de Ramiro I (1035-1063) cuando "La condesa doña Sancha dio a Pedro de Lemotgas una tierra entre la viña del rey  y Santa María (de la Victoria)  según va el camino de Mucrones (1) (Mocorones) y que sale a las casas de los enfermos" (2) Banco de la Salud) . Camino que en la actualidad corresponde a los  cerca de 4 km que discurren entre la ermita de la Victoria, el paseo de Mocorones,  la Cantera y el Banco de la Salud.

 En este mapa de 1709 se observa el trayecto descrito en el siglo XI, desde la ermita de la Victoria hasta el Banco de la Salud. Camino al que en el siglo XIX  todavía se aludía  como paseo de la cantera de la Victoria. Lo que hoy está dividido en dos tramos: Paseo de Mocorones y Paseo de la Cantera, siempre fue uno solo hasta que la construcción del Paseo de la Constitución (Rompeolas), la carretera de Aisa y la urbanización de Villa Parsifal obstaculizaron su continuidad


                                                         Un paseo sin arbolado ni bancos 


Poco o nada alteró el aspecto de la Cantera, utilizado como camino carretero, hasta que, a principios del s. XVIII, se construyó un pequeño reducto de planta cuadrada colgado en la Cantera para vigilar la posible llegada por el río Aragón de tropas con la intención de tomar la Ciudadela justo donde termina la llamada "cuesta de la Cazoleta"; razón estratégica que se volvió a poner de manifiesto durante el sitio de la Ciudadela en 1813, cuando el general Espoz y Mina ordenó excavar tres galerías bajo el terreno actual del Paseo de la Cantera (subida de Tron) para,  mediante explosiones subterráneas, intentar la toma  del Castillo de San Pedro en ese momento en posesión de los franceses (3).  

Plano parcial de Nicolas Pistón. 

 Apartar el destino de la Cantera de las estrategias militares no iba a ser algo sencillo. Su aproximación a la Ciudadela la situaba bajo la influencia de la primera  Zona  Polémica,  (4) algo que le dificultaría su natural desarrollo, al quedar bajo la influencia de una legislación  muy estricta. Tanto que esta normativa impedía la libre plantación de arbolado, influía en la altura y anchura de los troncos de los árboles, en si estos eran de madera blanda o dura, en la distancia a la que se debían de plantar e incluso en la manera de alinearlos. También disponía los tipos de cultivo que se podían plantar... y, por supuesto,  prohibía todo tipo de edificación que fuera sólidoPor las mismas razones se proyectaron (sin llevarse a término) en el Paseo de la Cantera, trincheras, caminos de ronda y baterías como parte del complejo sistema defensivo del "campo atrincherado de Jaca" entre 1894 y 1901. 


                                                    Primeras iniciativas ciudadanas


 Escasean las noticias en el siglo XIX de actuaciones tendentes a transformar ese antiguo camino en un Paseo, pero sabemos que no faltaron alcaldes que se lo propusieron, a pesar de contar con dos serios inconvenientes, las aludidas zonas polémicas y la ausencia de agua. Esto quedó resuelto en parte cuando en 1891 se hizo el canal de riego para las huertas de Jaca, que pasaba a escasos 100 m de la Cantera. Lo que sí sabemos es que en agosto de 1886,  en sesión del Ayuntamiento, se trata del arreglo y embellecimiento del pintoresco paseo de la Cantera, en lamentable estado a juzgar por la observación de un paseante tres años más tarde en El Pirineo Aroragonésdel 11 de agosto de 1889: 

"¡Qué lástima, Sr. alcalde, que el piso descarnado y lleno de incrustados guajiros, los espinos que crecen  á su placer para "acariciar" los trajes y mortificar la carne de los transeúntes, y  una cortadura del terreno que casi intercepta  el paso amenazando derribar por su ladera al despistado, con peligro de su vida, nos tenga privados de frecuentar ese paseo llamado de "La Cantera de Aragón...!"

 La presión por dignificar el Paseo se puso de nuevo de manifiesto en el verano de 1896 con reflexiones como la reflejada en el periódico La Montaña que han resultado ser premonitorias:

  "Hoy tenemos abundancia de agua en el canal. Y es imperdonable el abandono... Los propietarios de las huertas avanzan con un surco cada año hacia el camino y se han apoderado de la mitad del paseo: "hay que delimitar lo privado de lo público". Y el paseo no debe terminar en las  Eras del Molino ( inicio de la carretera de Aísa) sino que debe continuar hasta el santuario de la Victoria, y pasando de ahí, á la Cantera del Río Gas ... y  prohibir el paso de  carros por el referido sitio". 

No fue hasta 1897 cuando el mando militar de la Plaza, por Real Orden, concedió al Ayuntamiento plantar árboles, pero  corría el año 1900,  y  tan solo se habían plantado en las plazas de las Monjas y  San Pedro. Y fue en 1902, bajo la presidencia en la alcaldía de Rufino Abad,  cundo se consiguió  "plantar  dos hileras de árboles en todo el trayecto comprendido desde la glorieta de San Marcos (Árbol de la Salud) hasta el Campo Santo (Ermita de la Victoria)". 

Rufino Abad Mainer, alcalde (1902-1904)



 La llegada del agua de riego a los huertos colindantes al Paseo de la Cantera había revalorizado los terrenos  y fomentado la actividad agrícola, algo que vino a ser un inconveniente añadido para el Paseo. Se quejaban con amargura los paseantes al ver cómo el paso público cada vez era más estrecho y dificultoso a causa de apropiaciones indebidas,  marcadas rodadas en el Paseo ocasionadas por la salida y entrada de carruajes y caballerías, cúmulos de piedras, hediondez de estercoleros, grandes charcos provocados por escapes de agua... Obstáculos que no empañaron el lento, pero constante impulso dado al Paseo de la Cantera llevado a cabo por los alcaldes hasta 1912: Ricardo Prado, José Lacasa,  Ramón Allué, Rufino Abad,  Manuel Ripa y Mariano Pérez Samitier con el plantado de árboles, ordenanzas reguladoras de derechos y deberes para propietarios de huertas y la desaparición de las zonas polémicas. 



                             El Parque frustrado (1915–1936)



 "El día de árbol", "El pinar de los Niños", "Beneficios del arbolado", "Plantemos árboles" son solo parte de los numerosos artículos de periódicos que mostraban la inquietud que había en la ciudad por la escasez de árboles. Entre los reivindicativos artículos publicados al respecto, destacaron los del corresponsal de El Noticiero y habitual colaborador de los periódicos locales, el escolapio padre Otal, Juan. Fruto de esas campañas, el 19 de marzo de 1918, día de  de San José, con motivo de la celebración de la Fiesta del Árbol, centenares de alumnos de todos los colegios, acompañados por sus profesores, los padres escolapios Juan Otal, Fernando Sanz, José Martín y el maestro de nacional Joaquín Celma plantaron, en terrenos que generosamente había cedido al municipio Javier Lacasa, en la parte septentrional de la Cantera, 400 pinos, en el lugar que desde entonces se llamó el "Pinar de los Niños". Acto que contó con la colaboración del forestal Miguel Callaved y del Ayuntamiento, en especial del concejal encargado del evento, José Mª Campo y del alcalde Antonio Pueyo. 


 Escolares jacetanos plantando pinos  el Día del Árbol con el padre Otal a la derecha. Habían salido cantando por la calle Mayor, acompañados de la banda municipal, el himno de la Fiesta del Árbol, que su maestro, Joaquín Celma, había compuesto. Junto con los cabezudos, enarbolaban cartelones  que ellos mismos habían hecho, con lemas como "El Pinar de los Niños inicia la repoblación forestal"" El Pinar de los Niños paraje delicioso para veraneantes". Al terminar, sentados en la hierba, fueron obsequiados con una merienda, para continuar después con una sesión de cine gratuita en el Salón de Variedades.(19 de marzo de 1918.Fotografia Francisco de las Heras)


 La década de los años veinte  transcurrió con un propósito casi obsesivo, transformar el Paseo en el Parque de la Cantera. Proyecto que comenzó con el allanado del piso, el aumento de arbolado y del número de bancos, por otra parte siempre escasos, a cargo del Ayuntamiento presidido por José Sánchez Cruzat y su mayor entusiasta, el farmacéutico militar Andrés Cenjor Llopis.  Una década que se vio envuelta  por el propósito de edificación, en el mismo paseo, de algunos propietarios en 1924 y que, de llevarse a cabo, según Andrés Cenjor, significaría "matar el parque antes de haber pensado en nacer por cuanto la parte que da vistas a Jaca quedaría sin otro horizonte que el que ofrezcan las paredes de esas futuras casas". 

1950. Chalet de Benito Campo. En la foto el autor de la foto, Jesús Bretos. 

 
A pesar de ello se permitió, en una altura discreta, sin impedir la vista del horizonte, la ampliación de la casa-fábrica de mosaicos de Antonio Ara en 1929 y la más polémica casa de Benito Campo(5) 
en instancia presentada el 9 de junio de 1930 al alcalde J.  M.ª Campo,  a pesar de la fuerte oposición llevada a cabo por
el activo Sindicato de Iniciativa y  Turismo de Jaca presentando a la Comisión Permanente Municipal las siguientes propuestas:  


"Instruir expediente de declaración de utilidad pública de los terrenos comprendidos entre la senda que conduce desde el paseo de la Cantera del río Aragón hasta las eras  del Molino... adquirir por parte del ayuntamiento ...todos los terrenos..o una faja paralela al paseo en una distancia de de cien metros; y procurar la repoblación forestal..." (La Voz de Aragón, 22 junio 1930)

Marzo  de 1931. Cortejo fúnebre por el fallecimiento de Antonio  Ara, miembro fundador de la Agrupación    Socialista de Jaca. Al fondo, a la izda. su casa-fábrica con camino de entrada. Foto cedida por Esteban Gómez.

Será en junio de 1933 cuando el Alcalde republicano Julio Turrau comenzará a declarar la zona de la Cantera como de "utilidad pública", con el fin de no autorizar en él nuevas edificaciones. Algo que no impidió construir la primera piscina pública de Aragón en 1933 que ocupaba 5000 metros cuadrados de las Eras del Molino (parte del actual parque canino). Con el asesoramiento de Martín Augustí, ingeniero Jefe de la Sexta División Hidrológico Forestal, se inicia la formación del "Parque de la Cantera", para lo cual, en este y en posteriores consistorios, aparte de seguir con la plantación de arbolado, incluido en los empréstitos municipales, se deja reservada la cantidad de 25.600, 82 pesetas para adecentar el Paseo de la Cantera:15602,82 para el año 1938 y 10000 para el año 1939.  Pero la Guerra Civil interrumpió todo avance, excepto la renovación de glorieta de San Marcos o Banco de la Salud, llevada a cabo por el Ayuntamiento presidido por Francisco García Aibar. Consistió en la elevación del muro con barandilla, para salvar el talud que da vistas a la Garisea  y en la colocación de un  banco octogonal de cemento que rodeaba el Árbol, con una inscripción en uno de sus lados que recordaba el año de construcción, 1938. 

  Glorieta de San Marcos con el Árbol de la Salud ("ulmus minor") en plena forma, rodeado del banco octogonal realizado en 1938. Se decía de él que transmitía calma y ayudaba a sanar a los peregrinos del hospital y de la leprosería. Enfermo ya en 1989, por una plaga de grafiosis que en sucesivas oleadas avanzaba desde el centro de Europa, el legendario símbolo espiritual, totalmente seco, fue talado en 1992. Había vivido un mínimo de 300 años y sustituyó a otro árbol que hubo en la Edad Media. (Fotografía tomada a finales de los años cincuenta  publicada en El Pirineo Aragonés, IA)     



                                Urbanización y consolidación (1953–1995)



Fue en el año 1953 cuando en sesión de la Corporación presidida por su alcalde Juan Lacasa se decidió retomar y mejorar el Paseo de la Cantera en su primera etapa, siguiendo el proyecto del arquitecto municipal Lorenzo Monclús Ramírez,  en el que se incluía una "medida estrella" tomada en 1954: permitir la construcción de chalets en los terrenos agrícolas situados entre el paso del canal y el Paseo de la Cantera.

1950.  En la foto, Jesús Brezos. 
Autor de la foto. 

 En esencia, en dicho proyecto se vislumbraba el aspecto que tendría con posterioridad el Paseo, con cuatro líneas de árboles. Se acometió el replanteo legal, se hicieron expropiaciones para dar más anchura al paseo, explanaciones, apisonamiento del terreno, engravillado del camino para peatones y construcción de un camino agrícola paralelo al canal de riego (futura calle de Pico de Collarada) que evitaba, en parte, aspectos incómodos del pasado. Además, el concejal y farmacéutico Mariano Gállego Roselló, aunque aprovechó los árboles existentes, principalmente álamos, introdujo gran variedad  de nuevos árboles traídos del vivero de Zaldibar: 
"Cipreses, abetos, cedros... descargados en camiones frente al chalet de Benito Campo cuando no había más que "treboletas" o álamos y los campos llegaban a todo lo que hoy es el paseo, pues por donde hoy pasan los coches era todo campos que ensanchamos a base de camionadas de tierra", nos recuerda el encargado de jardinería, Justo Pellicer. 


Un día soleado de verano de los años sesenta.  Obsérvese el camino de tierra peatonal flanqueado en toda su longitud por álamos blancos o treboletas. A la derecha el cerramiento de las piscinas municipales. Fotografía publicada por Nacho Sánchez Tapia.

Podría decirse que el Paseo  de la Cantera tal y como lo conocemos en la actualidad tomó su forma definitiva en 1967, bajo la alcaldía de Benigno Fanlo y el concejal Esteban Ausens encargado de gestionar trabajos como: la construcción de la caja y asfaltado de la carretera para vehículos en los primeros 250 metros iniciados desde el Árbol de la Salud; la ampliación a 18 metros de ancho; la instalación de una fuente y bancos; la composición de la zona verde central y la formación definitiva del andador peatonal, vestigio del milenario Camino.


Los 27 años siguientes (1968-1995) presididos por el alcalde Armando Abadía serán años de un firme propósito para embellecer la ciudad con arbolado y el Paseo de la Cantera no iba ser una excepción, aumentando la densidad arbórea  de forma considerable. Años de los que Justo Pellicer nos cuenta que:

 "Se continuó el asfaltado de la carretera, trozo a trozo, cada año, hasta terminarla. Regábamos de pie, cogiendo el agua de una pequeña acequia y echando el agua a manta. Pero a pesar de intentar salvar al  Árbol de la Salud durante dos o tres años, vimos morir el olmo afectado de grafiosis".


                                         La Cantera en los inicios del siglo XXI




 Los inicios del siglo XXI, bajo la presidencia en la alcaldía de  Enrique Villarroya (1999-2015), representaron para el vetusto Paseo años de modernización, mejoras, y sobre todo, de mantenimiento: sustitución del riego a manta por otro automático, mejora de iluminación, colocación de bancos, papeleras, labores de poda, señalización del carril bici ... Y el acondicionamiento y embellecimiento con especies vegetales del paseo de Mocorones. Sin embargo, quedó en el tintero, en 2005, el intento de prolongar el Paseo de la Cantera con un puente peatonal sobre la carretera de Aísa para darle continuidad por Mocorones hasta el llano de la Victoria.


Desde el 2007 el Monumento de la Jacetania se trasladó de
la Plaza de Biscós al Paseo de la Cantera. Foto, V. Mairal

Juan José Fernández Gastón, encargado de parques y jardines de Jaca durante los últimos 25 años nos comenta alguno de los pormenores de este periodo: 
"Se había llegado a un punto en el que la densidad de arbolado exigía urgentes actuaciones. Quitamos aquellos árboles  que por enfermos y viejos no gozaban de buen aspecto y aquellos que suponían un peligro para los viandantes.  Se realizaron tratamientos específicos para cada árbol y se actuó,  a "modo de bisturí", aclarando con podas selectivas los árboles de más valor, como los antiguos álamos blancos(6),de los que ya casi no quedan. También considero relevante la creación en 2007 de un Punto Focal al colocar el Monumento a la Jacetania en el extremo norte, de lo que fueron las antiguas piscinas municipales".




                                              Evolución de los terrenos adyacentes a la Cantera


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Tel: +34 915979548/9628/9696- Fax: 915532913

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(1)  Mucrones, Mocsrons, Mocorones. Término arcaico , de ascendencia greco-latina, que viene a significar ... batalla, victoria. (En  Aznárez, Juan Francisco Estudios de Historia Jacetana, Huesca, 1960.

(2) Aznárez, Juan Francisco Estudios de Historia Jacetana, Huesca, 1960.  Las capillas o ermitas de San Esteban, San Andrés y San Marcos formaban una unidad arquitectónica. A su lado se levantaba el hospital, donde eran recogidos los peregrinos enfermos de contagio... de ahí que aún en el s. XI se decía casa de leproso, de san Andrés, enfermos de la Corona (cantera). Junto al árbol de la salud.  

(3) No hubo necesidad de utilizar las galerías.  La Ciudadela se rindió a las tropas españolas el 17 de febrero de 1814

(4) Desde mediados del s. XIX  las plazas fuertes como la de Jaca se regían por reglamentaciones que prohibían y reglamentaban cultivos, arbolados y edificios, en una franja paralela a las murallas de la ciudad y la Ciudadela. Era la llamada zona de exclusión o "zona polémica", que pudiera servir de cobijo a las tropas atacantes, y que abarcaba entre 1200-1500 m que era lo que alcanzaba una bala de cañón.    

(5) Benito Campo  propuso que se le abonara lo desembolsado en la construcción de la casa  o que le cediesen igual número de metros de terreno propiedad del Ayuntamiento en otro sitio que le conviniese. Y añade: "El deseado Parque lo tenemos hecho; difícilmente podría otro sitio aventajarle en grandiosidad y extensión, como en variedad de atractivo naturales; me refiero a Oroel; la Cantera debe dedicarse a Ciudad jardín; es su verdadero porvenir... reglamentense las edificaciones y tenemos resuelto el asunto... Como recuerdo de aquellas  disputas ha quedado un estrecho pasillo con puerta y llave, de su propiedad, que cruza desde  la Cantera  hasta la calle del Pico Collarada y un acceso con bordillo a su casa. 

(6)  De aquellos álamos"treboletas" que en su día fueron abundantes y dotaron de una personalidad inconfundible al Paseo de la Cantera, si no me he equivocado al contarlos, solo quedan 9 perdidos entre un "bosque" de unos 820  árboles de 40 especies distintas.  


Notas y fuentes consultadas1. Hemeroteca jacetana (1886–1936)


Recopilación de noticias y artículos procedentes de los periódicos locales La MontañaLa Unión y El Pirineo Aragonés, pertenecientes a una colección privada y completa en poder del autor. Incluyen referencias a proyectos municipales, denuncias vecinales, plantaciones, propuestas urbanísticas y reivindicaciones ciudadanas sobre el Paseo de la Cantera. Se han citado expresamente textos de autores como Paquito de la Montaña (P. Otal)Andrés Cenjor LlopisVicente GuaridoBenito Campo y otros colaboradores habituales.

2. Aznárez, Juan Francisco
Estudios de Historia Jacetana, Huesca, 1960.
Especial relevancia en la identificación toponímica del "camino de Mocorones" con el actual trazado de la Cantera. Cita destacada:

“La Vespra del primer viernes de maio fue enviado stadal (cirio) a Nª Sª de Mocorones, dicha de la Victoria... el camino que, pasando por Mucrones, termina en las casas de los enfermos”.

3. Mairal López, Valentín
Murallas de Jaca. Autoedición.
Referencias documentadas sobre el contexto urbano del Paseo de la Cantera, especialmente en relación con la demolición parcial de las murallas, el concepto de “zona polémica” y la evolución urbanística de Jaca en los siglos XIX y XX.

4. Diccionario Aragonés
Rafael Andolz, Diccionario Aragonés.
Define “cantera” como “extremo de un llano en el monte, loma poco alta”, y documenta usos aragoneses del término en contraposición a la acepción castellana de cantera como lugar de extracción de piedra.

5. Rohlfs, Gerhard
El euskera en el Alto Aragón.
Citado indirectamente para la raíz del topónimo “cantera” desde canto, con el significado de “orilla” o “borde”, común en el vocabulario tradicional del Pirineo.

6. Cartografía militar y documentación técnica (siglos XVIII–XX)

  • Plano de 1718: ubicación del reducto defensivo en el borde de la Cantera.

  • Galerías de zapa de 1813: excavadas por orden de Espoz y Mina durante el sitio de la Ciudadela.

  • Mapas del “Campo Atrincherado de Jaca” (1894–1901), escalas 1:5.000. Referencias a caminos de ronda, baterías y senderos de uso militar.

  • Legislación militar sobre “zonas polémicas de primer orden”.

7. Urbanización moderna (1951–1970)

  • Proyecto del arquitecto Lorenzo Monclús Ramírez (1953), bajo mandato del alcalde Juan Lacasa: incluye explanación, gravilla, andén peatonal.

  • Plantación de árboles del vivero de Zaldívar (Vizcaya), promovida por el farmacéutico Manuel Gállego Roselló.

  • Obras de mejora impulsadas por el concejal Esteban Ausens (1967): pavimentación, instalación de bancos, fuente y ampliación del trazado.

8. Actuaciones siglo XXI

  • Agenda 21 Local del Ayuntamiento de Jaca (2003): renovación del mobiliario urbano, riego automatizado, asfaltado del trazado.

  • Datos divulgativos extraídos de portales como ciudadeladejaca.esturismoruralpirineos.es y materiales de planificación urbana recientes.

9. Archivo gráfico y testimonios

  • Fotografías antiguas y modernas procedentes del archivo del autor.

  • Recuerdos y aportaciones orales de jaqueses nacidos entre 1940 y 1960.

  • Observaciones directas realizadas entre 2020 y 2025 en los tramos del paseo.

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