Germán Beritens, un jaqués vinculado al Greco durante más de un siglo
Hay jaqueses que todavía lo recuerdan: ya mayor, ensimismado en sus cavilaciones, con su venerable barba, las oscuras gafas, el gabán largo y el paso pausado, en su habitual ir y venir cruzando la calle Mayor camino de la casa de su hermana Josefa, viuda de Antonio Pueyo.
Su hogar, rebosante de libros, era reflejo de su espíritu curioso; se decía que no perdonaba sus duchas diarias con agua fría, ni el tiempo dedicado a sus herramientas de ebanistería. En su consulta, en la planta baja, atendía con cercanía y sabiduría, y en la “falsa” guardaba una vieja cámara fotográfica con trípode.
Quienes lo conocieron destacan su carácter: lleno de bondad, de simpatía atrayente, de nobles gestos y de una conversación tan docta como amena.
Me refiero a Germán Beritens Laclaustra, hijo ilustre de Jaca cuya vida y obra merecen ser recordadas no solo en el ámbito de la medicina (donde alcanzó prestigio como oftalmólogo), sino también en el de la fotografía, disciplina en la que dejó una huella significativa como pionero local; además su nombre ha quedado para siempre vinculado al de un pintor cretense universal, Doménikos Theotokópoulos, más conocido por el apelativo que recibió en España, El Greco.
| Germán Beritens Laclaustra |
Nacido en Jaca el 23 de octubre de 1877 en el número 7 de la calle Clavería (actual Bellido) fue hijo de José Beritens y Lérida, administrador de correos, y de Josefa Laclaustra y Pérez.
Tras cursar bachillerato en los Escolapios de Jaca, cursó Medicina y Cirugía en la Universidad de Zaragoza, obteniendo la licenciatura en 1900, mostrando su aprovechamiento y dotes como cirujano, pues ocho días antes de terminar la carrera, con 23 años, operó con éxito a un paciente de cataratas.
Ese mismo año abrió consulta en el principal del número 35 de la calle Mayor de Jaca, donde inició su actividad como médico-cirujano. Con el tiempo, esta consulta se dedicó exclusivamente al tratamiento de enfermedades de los ojos, permaneciendo abierta cada verano desde el 23 de junio hasta el 8 de septiembre, en horario de 10 a 12 de la mañana. Allí atendió a generaciones (operaciones incluidas) de jaqueses hasta que la edad le obligó a retirarse de la práctica médica.
Instituto Rubio de Madrid creado en 1896
En 1905 ya residía en el número 28 de la calle Pintor Rosales de la Villa y Corte de Madrid, estableciendo su clínica en el número 45 de la calle Ancha; a los dos años, ante el éxito creciente, se mudó al 42, 2º de la calle Luna.
Plenamente entregado a la especialidad de oftalmología, pronto se consolidó como una de las voces más reconocidas de su generación. Así lo atestigua su inclusión, en 1917, en Le Tout Madrid, anuario de la aristocracia, donde figuraban los nombres de todos los que por su significación social, su autoridad o su fortuna constituían lo que llamaban la “sociedad elegante y aristocrática”.
Méritos que junto a su consulta particular contrajo por su desempeño como oculista en el Asilo de Huérfanos del Sagrado Corazón de Jesús, por ser el director jefe del Dispensario de Oftalmología de la Policlínica Cervera y ejercer como profesor del prestigioso Instituto Rubio, cuyo lema era “Todo para el enfermo y cuanto más necesitado, más atendido”, del que llegaría a ser nombrado secretario general en enero de 1931 y administrador en 1932.
Cargos que complementaba con un firme compromiso con los menos favorecidos a los que atendía gratuitamente en su consulta madrileña, lo que le sirvió para ser conocido como “el médico de los pobres”. En noviembre de 1940, Germán Beritens ya viudo, con 63 años, se establece en Jaca con consulta fija y diaria de 11 a 1 horas.
Terminó sus días a los 84 años en la ciudad que le vio nacer, el 17 de diciembre de 1961aquejado de una esclerosis vascular, cerrando así una vida de entrega al conocimiento, al arte y a su ciudad natal.
Episodio del astigmatismo
Doménikos Theotokópoulos, El Greco y Germán Beritens Todo se inició en una visita al Museo de Prado una mañana de mayo en torno a 1912. Encontrándose Beritens con su hijo Pepito de 9 años observando una pintura del Greco, este preguntó a su padre: |
"—¿Por qué los cuadros del Greco no son como los otros?
—¿Y qué encuentras tú en esos cuadros? —le repliqué yo.
—Que todos parecen que están estirados —me contestó".
| El entierro del conde Orgaz. El Greco |
Quizá esta anécdota y la repercusión y revaloración que tuvo la monografía sobre las pinturas del Greco de Manuel Bartolomé espolearon a Beritens a investigar al pintor cretense.
En efecto, aunque ya se había publicado el año anterior un artículo similar en la revista La Medicina Ibérica, fue en marzo de 1913, cuando en el Ateneo de Madrid, Germán Beritens pronunció la conferencia titulada Aberraciones del Greco.
Una disertación que lo elevaría al altar de la celebridad nacional e internacional y que, en parte, nos quedó expuesta en una crónica enviada desde Madrid el 13 de marzo de 1913 al periódico jaqués La Unión por su paisano Enrique Lalaguna, presente en aquella sala del Ateneo madrileño:
“Beritens tiene talento y es trabajador; así me dijo una noche en el antiguo café Fornós un redactor de la más importante revista ilustrada de España, con motivo de haberle yo preguntado acerca de unos artículos publicados por el ilustre oftalmólogo en dicha revista; juicio que oí repetir hace pocos días varias veces, en los pasillos del Ateneo.
Aberraciones del Greco, titulábase la conferencia que el jueves pasado dio en la docta casa. Éxito y público consiguió nuestro paisano. Al anuncio de que El Greco iba a ser tratado por un oculista que en artículos anteriores había desentrañado la técnica pictórica de este artista, la sala de conferencias del Ateneo se llenó de público; hombres de ciencia, literatos, críticos de arte, todo un conjunto selecto se dispuso a oír con interés la palabra del conferenciante.Así que el público estuvo en condiciones, el conferenciante dijo: «Yo os voy a demostrar que esas figuras alargadas que El Greco pintó, esos rostros espiritualizados y esa manera tan peculiar y característica, no son otra cosa que efectos del astigmatismo que padecía».
Esta afirmación rotunda produjo en el auditorio una impresión tan nueva que vino a ser como la clara luz del mediodía entre las sombras del amanecer. Beritens cumplió su promesa; con el auxilio de un aparato de proyecciones dio a conocer algunos cuadros de Rubens, que proyectados en forma adecuada daban la impresión de grecos, y cuadros del Greco, normalizados con ayuda de lentes a propósito.
El público atendía religiosamente; el trabajo suponía muchas horas de estudio, de laboratorio, verdadera labor de benedictino, y así lo reconoció el auditorio, que al terminar la conferencia y convencido de la tesis sustentada por Beritens, le premió con calurosos aplausos tan entusiastas que yo solo he visto manifestaciones semejantes en el Ateneo, cuando algún príncipe de la palabra como Moret se dirigía al auditorio".
La conferencia, luego divulgada en la revista Por esos mundos, bajo el título Por qué El Greco pintó como pintó, fue el punto culminante de su carrera científica. En 1914 Beritens publicó su tesis en forma de libro bajo el título El Astigmatismo del Greco, ilustrado con fotograbados que mostraban sus experimentos ópticos: proyecciones y deformaciones que, según su hipótesis, explicaban el característico alargamiento de las figuras del pintor cretense.
Con prontitud, su teoría de que El Greco habría padecido un astigmatismo miópico despertó interés en España y en el extranjero. Y u enfoque, que combinaba arte y fisiología ocular, resultó novedoso y atrevido. Sin embargo, también provocó una intensa y larga controversia.
Entre sus críticos destacó el profesor Manuel Márquez, catedrático de Oftalmología de la Universidad de Madrid, quien refutó extensamente las tesis de Beritens. Márquez argumentó que no existía evidencia histórica ni médica de que El Greco padeciera tal defecto visual, y añadió un razonamiento fisiológico: "un pintor con una deformación visual constante compensaría naturalmente la distorsión en su percepción y en su trazo, evitando que esta se trasladara al lienzo".
El intercambio entre ambos no fue efímero. Durante más de dieciséis años, Beritens defendió su hipótesis en artículos y conferencias, destacando su texto El mundo exterior, la imagen retiniana y la función visual (1929), escrito (como él mismo reconocía) «en disconformidad con las afirmaciones que mi querido amigo el profesor Márquez hizo en Salamanca».
Este prolongado debate entre ciencia y arte trascendió el ámbito médico y también captó la atención de intelectuales como Gregorio Marañón, quien en El Greco y Toledo (1954) dedicó páginas al presunto astigmatismo del pintor: «se ha desechado ya la que en otro tiempo estuvo muy en boga: la del astigmatismo miópico del Greco» […].
Se queja además de la repercusión de la teoría de Beritens: «los papeles del doctor Beritens (que delataban a un hombre inteligente y a un hábil escritor) tuvieron una resonancia universal, rara de lograr al otro lado de las fronteras por los científicos españoles».
A pesar de su posterior refutación científica, la teoría de Beritens perduró en el imaginario cultural y se cita aún en bibliografías de obras del Greco conservadas en el Museo del Prado y en algunos manuales de Historia del Arte.
Con ello, Germán Beritens logró algo que pocos médicos consiguieron: dejar una huella duradera en la historia del arte, abriendo un diálogo fascinante entre la mirada del científico y la del creador y uniendo su nombre durante más de un siglo al del Greco.
Su teoría, que pertenece hoy al ámbito de la historia de la ciencia y del arte, está superada, sí, pero no por ello deja de tener interés: fue una de las primeras tentativas de explicar desde la fisiología una expresión artística. Y, ciertamente, difícil de encasillar, entre el Renacimiento y el Barroco, la pintura del Greco, hoy reconocida sin discusión como manierista refleja la obra de un autor de personalidad única, con obras como la Vista de Toledo que preludia vanguardias del siglo XX como el expresionismo e impresionismo.
En realidad, El Greco fue uno de esos genios de espíritu libre, y justo por eso, fue y sigue siendo objeto de numerosos estudios en los que todavía aluden a la vieja polémica sobre el astigmatismo del Greco: el de Simunovic, The El Greco Fallacy, y el de Fernando Marías, El Greco de Toledo. Pintor de lo visible y lo invisible, ambos realizados en 1914.
El fotógrafo desconocido
Junto al médico y al humanista se halla también el fotógrafo, una faceta hoy menos conocida de Germán Beritens pero no menos notable. Puede considerársele, con justicia, el primer fotógrafo jaqués profesional de Jaca.
| Beritens (en el centro) con los hermanos Lacasa. San Juan de Lapeña,1903. Fotografía G. Beritens. |
En septiembre de 1903, durante la visita de Alfonso XIII a San Juan de la Peña, su nombre quedó ligado a las imágenes publicadas en el diario ABC, donde aparece en una fotografía con su firma, en el claustro del monasterio viejo, entre otros fotógrafos que cubrían el viaje real.
Apenas dos años más tarde, la prensa jacetana confirmaba su dedicación a la cámara: en agosto de 1905 El Pirineo Aragonés informaba que Beritens había reunido una colección de vistas de Jaca con el propósito de editarlas como tarjetas postales “para satisfacción de forasteros que deseaban conservar recuerdo de su estancia en la ciudad”.
Y un mes después, el mismo periódico mencionaba a los hermanos Lacasa como editores de las postales, en colaboración con él.
De aquella labor han llegado hasta nosotros varias series perfectamente identificadas. La Serie A, Colección Artística, incluye vistas de la Catedral, del kiosco de la música en el Paseo de Alfonso XIII y de las entradas al propio paseo, entre otras.
La Serie B ofrece estampas de la Torre de la Cárcel, la entrada a la Ciudadela, el claustro de San Juan de la Peña, el Torreón de la Moneda o la Glorieta de “Buenos Aires”...
A esta producción se suma la insólita colección temática de las Obras de Misericordia, publicadas en fototipia por Lacoste (Madrid). Se trata de tarjetas postales de 9x14 cm en las que aparece, junto a algunos paisajes de Jaca, el propio Beritens disfrazado como protagonista, lo que añade un tono casi teatral y experimental a su obra.
Su cámara también se empleó para documentar acontecimientos concretos, como las fotografías del terremoto con epicentro en Martes (julio de 1923) o las imágenes que ilustraron crónicas sociales de La Unión en 1907.
En definitiva, este conjunto de trabajos, como su “técnica para la autofotografía”, disperso pero significativo, revela una sensibilidad moderna y un temprano interés por la imagen como testimonio.
Su condición de jaqués
Germán Beritens fue, ante todo, un jaqués que nunca dejó de serlo. Aunque su prestigio científico lo situó en Madrid y en los círculos intelectuales nacionales, su nombre aparece una y otra vez en la prensa local como el del “sabio oculista jaqués”, siempre atento a los problemas, ilusiones y proyectos de su ciudad natal.
Desde los años veinte mantuvo una vinculación constante con Jaca, donde pasaba largas temporadas en su casa familiar y participando activamente en la vida pública y cultural:pidió el reconocimiento con letras de oro para los promotores de la gran obra del Canal que condujo el agua potable a la ciudad, escribió artículos, envió propuestas al Ayuntamiento y animó iniciativas urbanísticas y festivas.
En 1923, consciente de los beneficios de convivir con la naturaleza, soñaba con ver reconocida a Jaca como “la Ciudad de los Pinos” y apoyó la creación de un Parque o Ciudad Jardín, proyecto que (según recordaba Benito Campo en 1930) había nacido por impulso del propio Beritens.
Su compromiso cívico se manifestó en causas concretas. En 1925 alertó al consistorio del peligro de contaminación del río Aragón, proponiendo soluciones técnicas para garantizar la pureza del agua potable, problema que en 1929 solucionaría el Ayuntamiento republicano al construir la estación de depuración y esterilización. Poco después, defendió con entusiasmo la instalación en Jaca de la Universidad de Verano de Zaragoza, de la que escribió:
“Bien está que se conozcan nuestras panderetas y nuestras corridas de toros; pero tal y como son, no en caricatura; mas es necesario que se conozcan también nuestros monumentos y nuestras leyes presentes y pretéritas, nuestros paisajes y nuestros deportes, nuestros trajes y nuestras costumbres, nuestro idioma y nuestros cantos populares, nuestra industria y nuestro comercio, nuestra nobleza y nuestra hidalguía […]
Y que en el correr de los tiempos, cuando los jóvenes de hoy lleguen a ser viejos, allá en su país y en su lengua, recordando con placer los tiempos pasados entre nosotros, puedan decir: esto que os digo es costumbre en España; lo aprendí en los cursos de verano que estudié en aquella bellísima ciudad de Jaca” (julio 1927, La Voz de Madrid).
Durante estos años Beritens ejerció como un auténtico embajador cultural del Alto Aragón. Desde Madrid publicaba crónicas de “excelsa propaganda” sobre el Pirineo en La Voz de Madrid, y participaba en los cursos de verano con conferencias tanto científicas como patrióticas. Su verbo apasionado unía ciencia y sentimiento: quien lo escuchaba, decía la prensa, veía en él al “jaqués más jaqués”.
Ese mismo año, el 1 de septiembre de 1927, en los actos de clausura de los cursos de verano de la Universidad de Zaragoza en Jaca, ofreció una conferencia sobre Los misterios de la luz y de la visión que dejó perplejo al auditorio, tanto por la modernidad como por la complejidad de los conceptos que fue desgranando para tan tempranas fechas: el éter del espacio, la constitución de la materia, los átomos, el movimiento vertiginoso de los electrones, la radiotelegrafía, radiotelefonía, televisión…
Pero la estupefacción general llegó en el momento en que anunció: «la posibilidad de ver sin ojos, fantasía inconcebible hoy; posiblemente, seguramente, realidad mañana […]
La facultad de ver no reside en el ojo sino en una parte del cerebro, en el centro óptico. Algo que ya había explicado en La Correspondencia de España, 1919: « ¿Y cómo se conseguirá semejante maravilla? Llevando la imagen directamente al centro cortical; haciendo un ojo artificial que funcione de manera análoga a nuestro ojo normal, y consiguiendo encontrar unas ondas etéreas que atraviesen huesos y demás tejidos, y solo puedan impresionar la parte del cerebro encargada de ver».
Beritens, de temperamento liberal, en 1931 pronunció en el Teatro Unión Jaquesa una conferencia organizada por el Centro Republicano Radical sobre el “Comunismo” basada en un concienzudo estudio de las distintas facetas del problema social que vivía el país, y que inició así:
«¡Galán! ¡García Hernández! […] ellos evocan no solo a nuestros héroes, los mártires de la República y de la Libertad […] Yo quiero, republicanos jacetanos, que el primer acto que yo realice en vuestro centro sea rendir un homenaje de admiración, de gratitud y simpatía a tanto héroe, a tanto mártir […]
No vengo a hacer propaganda comunista; vengo a exponerlo desde el punto de vista científico; quien os va a hablar es un trabajador como vosotros; quien todos los días, desde julio hasta octubre, regala unas horas a los desvalidos; un trabajador que no tiene designadas horas de jornada porque así lo requiere su profesión en beneficio de los desvalidos; que no puede guardar ninguna fiesta, ni siquiera la del 1.º de Mayo.
Y hago estas aclaraciones (que quizá parezcan no pertinentes en estos casos) para que quede bien sentado “que una cosa es predicar, y es otra cosa dar trigo”» (La Unión, 6 de agosto de 1931).
Burguesía, proletariado, capitalismo, lucha de clases, Marx, Engels, Estado patrono, condiciones de trabajo, amor libre, divorcio, comunismo doctrinal y«no el de la revolución anárquica que algunos pretenden» fueron conceptos e ideas, que siempre en un tono cívico, humanista, respetuoso y más moral que partidista, ocuparon gran parte de su intervención.
Pero donde más brilló su amor por la ciudad fue en la defensa de la historia y las tradiciones jaquesas. Fue Presidente Honorario y Hermano, desde 1878, de la Real Hermandad de San Blas fundada en 1737.En los años treinta redactó estudios sobre la hidalguía del conde Aznar, héroe de la victoria sobre los musulmanes, y promovió la idea de erigirle un monumento simbólico a las afueras de la ciudad.Su visión de la fiesta —de la que propuso con detalle cómo debía celebrarse— fue siempre digna y pedagógica: quiso liberarla de «anacronismos, tosquedades, confus iones y jolgorio, y abogar por el simbolismo ante la ausencia de datos contrastados» (La Unión, 2 de julio de 1934), dotándola del tono solemne que, en su opinión, merecía la gesta en momentos de decadencia.En los años cincuenta, ya mayor, presidió la Comisión del Primer Viernes de Mayo, a la que dotó de "una nueva savia vivificadora, y en la que, con primorosas manos y desinteresadamente, también colaboró su hija Aurorita Beritens, al confeccionar las banderas del histórico cortejo (El Pirineo Aragonés, 23 de diciembre de 1961).
Epistolario entre paisanos: Germán Beritens y Santiago Ramón y Cajal
| Autorretrato de Ramón y Cajal / Instituto Cajal-CSIC |
Parecía lógico que ambas personalidades coincidieran. Su pasado adolescente en las Escuelas Pías y su juventud en la Universidad de Zaragoza, su amor y dedicación temprana por la fotografía y la ciencia médica, los veranos en Jaca y su habitual residencia en Madrid contribuyeron a entablar una sincera y confiada amistad.
Al parecer solían mantener conversaciones durante los veranos en Jaca, donde ambos coincidían: Beritens pasando consulta, inmerso en el ambiente jaqués, y don Santiago buscando la tranquilidad que lo desconectara del ajetreo intelectual madrileño.
De allí que, en un trato mutuo de amistad y paisanaje, y siempre desde el máximo respeto y admiración, Beritens consultara y pidiera opinión de sus trabajos al que consideraba un sabio, don Santiago Ramón y Cajal. Tenemos ejemplo de ello en dos cartas con sus respectivas contestaciones:
En la primera, en plena controversia sobre la teoría del astigmatismo del Greco, Beritens le pide a a Cajal cuando le vendría bien verse en Madrid. Y a la vuelta de correo don Santiago le responde que ve verosímil su teoría.
-De Germán Beritens a Santiago Ramón y Cajal (4 de octubre de 1927)
«[…] distinguido amigo: cumpliendo sus deseos, que tan amablemente me expresó V. en Jaca, de palabra y en su tarjeta de despedida que tanto le agradecí […].
Por no saber a las horas en que le molestaría menos mi visita, no voy personalmente a saludarle y ofrecerme a V. En cuanto lo sepa, tendré mucho gusto en hacerlo.Cada vez le admira más su affmo. S. S. y amigo que es suyo,
Germán Beritens».Cada vez le admira más su affmo. S. S. y amigo que es suyo,Germán Beritens».
-De Ramón y Cajal a Beritens (octubre de 1927)
«Amigo Beritens: Muchas gracias por los folletos que ha tenido V. la bondad de enviarme. Son muy interesantes y la doctrina expuesta en ellos hállase mucho mejor fundamentada de lo que yo creía, sugestionado por un folleto de Márquez.
Las fotografías efectuadas con lentes cilíndricas puestas delante de los objetivos de cuadros del Greco, Rubens y Velázquez son terminantes, en el supuesto muy verosímil de que el Greco fue alargando las figuras conforme se debilitaba su facultad de acomodación […].
Pero tiempo tendremos de charlar sobre los temas atrayentes tratados por V.
Sabe le quiere su amigo, compañero y paisano,
S. R. Cajal».
Sabe le quiere su amigo, compañero y paisano,
S. R. Cajal».
En la segunda carta, Beritens le envió su aplaudida comunicación El mundo exterior, la imagen retiniana y la función visual, presentada en Zaragoza durante la XV Asamblea de la Sociedad Oftalmológica en septiembre de 1928 ante numeroso público, entre los que se encontraban el profesor Marquez de Madrid, y los oculistas Díaz, Canela y Comenge.
-De Beritens a Cajal (11 de diciembre de 1928)
«Tengo el gusto de remitirle mi comunicación a la Asamblea de Oftalmología de Zaragoza de la que le hablé este verano […]. Quizá sea un atrevimiento enviar a V., que tanto sabe de todo y más de estas cosas […].
Su libro Fotografía de los colores me ha hecho y me hace pasar muy buenos ratos y aprender muchas cosas; distrae enseñando y cada vez que lo leo encuentro algo nuevo.
Su affmo. S. S. amigo y paisano,
Germán Beritens».
-De Santiago Ramón y Cajal a Beritens (12 de diciembre de 1928)
«[…] Leeré con gusto su memoria sobre “El mundo exterior, la imagen retiniana y la función visual”. Es problema arduo que se relaciona con el llamado problema crítico de Kant y de todos los idealistas […].
La cuestión es difícil desde el punto de vista filosófico […]. Leeré el trabajo y cuando nos veamos le enviaré mi juicio, que no puede ser, desgraciadamente, en tan controvertidos asuntos, de gran valor.
Sabe le quiere su amigo y paisano,
S. R. Cajal».
Sabe le quiere su amigo y paisano,
S. R. Cajal».
Seis años más tarde, Beritens, veinticinco años más joven, fue testigo del fallecimiento de su amigo y paisano Santiago Ramón y Cajal el 17 de octubre de 1934. Poco después, firmado en Madrid el 23 de octubre de 1934, le dedicó un emotivo obituario que hizo llegar a los jacetanos a través del periódico La Unión, bajo el título ¡Cajal ha muerto!, en reconocimiento a su persona y obra.
Ciertamente, la figura de Germán Beritens fue mucho más allá del médico que polemizó sobre el Greco. De ideas progresistas, humanista y polifacético —escritor, inventor, editor, fotógrafo y médico de los pobres—, se codeó con la élite intelectual madrileña de su tiempo sin dejar por ello de atender el pulso de su ciudad natal.
Sus fotografías y postales forman parte del patrimonio visual de Aragón y confirman que también desde Jaca se participó, con prontitud y sensibilidad, en el arte de la fotografía, contribuyendo a fijar la identidad y la memoria de una época.
Como ha recordado recientemente el oftalmólogo Manuel Morell, presidente de Lumium: «Germán Beritens puso a Jaca en el mapa mundial cuando casi nadie la conocía […].
Fue un genio estudiado en las mejores universidades del mundo y aquí, apenas se le conoce […]. Merece un reconocimiento, algo más que un recuerdo, una calle, un homenaje, un gesto de gratitud». También me uno a la petición de Morell, quizá algún día, al pasear por una calle con su nombre, podamos recordar que hubo un jaqués que miró el mundo con ojos de ciencia y corazón de artista.
Agradecimientos
Héctor Gracia
Marisol Urieta
Enrique Santos Bueso, por prestarme el PowerPoint de su magnífica conferencia Dr. Germán Beritens Laclaustra. Oftalmólogo jaqués y el astigmatismo del Greco (1913), impartida en la Ciudadela de Jaca el 15 de noviembre de 2025.
Notas bibliográficas
Prensa histórica: La Unión, El Pirineo Aragonés, La Voz de Madrid (fechas citadas).
Archivos de Archivos de Oftalmología Hispano-Americanos.
Gregorio Marañón, El Greco y Toledo (1954).
Fernando Marías, El Greco de Toledo. Pintor de lo visible y lo invisible.
Simunovic, “The El Greco Fallacy”.
Hemeroteca privada del autor.
Publicaciones de Germán Beritens
| Foto publicada por Enrique Santos Bueso |
— Para los cortos de vista (material divulgativo para pacientes), folleto o libro breve, ed. Sáenz de Jubera, Madrid, ca. 1909–1910.
— “Presentación de un cuenta-gotas, nuevo modelo”, Archivos de Oftalmología Hispano-Americanos, 1912, págs. 598–599 (patentado por el autor).
— “Presentación de una escala optométrica de bolsillo”, Archivos de Oftalmología Hispano-Americanos, 1912, págs. 600–601.
— “Por qué El Greco pintó como pintó”, Archivos de Oftalmología Hispano-Americanos, marzo de 1913, págs. 153–168.
— Aberraciones del Greco científicamente consideradas, libro, Librería de Fernando Fe, Madrid, 1914 (o fecha próxima), con referencias en La Tribuna de Toledo.
— “Algo sobre El Greco”, Archivos de Oftalmología Hispano-Americanos, 1916, págs. 3–180.
— “Sobre el supuesto astigmatismo del Greco”, Archivos de Oftalmología Hispano-Americanos, marzo de 1927, págs. 192–199.
— “Las luxaciones del cristalino”, Revista Ibero-Americana de Ciencias Médicas, 1928.
— “Presentación de la XV Asamblea de la Sociedad Oftalmológica Hispano-Americana”, Archivos de Oftalmología Hispano-Americanos, 1928, págs. 593–595.
— “El mundo exterior, la imagen retiniana y la función visual”, Archivos de Oftalmología Hispano-Americanos, 1929, págs. 70–83 (figura también en sumarios de 1928–1929)
