MIS COSAS DE JACA

Estas páginas van destinadas a todas aquellas personas que quieren a su ciudad, como me sucede a mí con la mía, Jaca. Hablaré, pues, de “mis cosas” esperando que alguna de ellas pueda ser también la tuya o, sencillamente, compartas mi afición por “colarme” entre el pequeño hueco que separa la memoria de la historia, lo general de lo particular o lo material de lo inmaterial. Estas “cosas de Jaca” están construidas a base de anécdotas , fotos de ayer y hoy, recuerdos y vivencias mías y de mis paisanos y de alguna que otra curiosidad, que me atrevo a reflexionar en voz alta. No es mi propósito, pues, ocuparme de los grandes temas de los que ya han tratado ilustres autores, es más bien lo contrario: quiero hacer referencia a rincones ocultos, héroes anónimos, huellas olvidadas, sendas por las que ya no se pasa, lugares que fueron un día centro de atención y hoy han sido relegados a la indiferencia, al olvido o al abandono; a unos escenarios donde se sigue representando la misma obra pero con otros actores.

martes, 11 de junio de 2019

JACA; AYER Y HOY IV







CIUDAD DE JACA



      DAMAS EN LA "PLAZA DE LA ESTRELLA" (Placa en la pared), HOY "PLAZA DE RIPA"

 Era el día de Santa Orosia, el 25 de junio de 1905. La vestimenta ponía en evidencia la condición social de forma muy marcada. Estas damas jaquesas se acercan al antiguo Veneratorio del Campo del Toro a contemplar la ceremonia y la exposición de los mantos de la Santa, pero antes hacen una pausa en la cercana plaza de la Estrella, para inmortalizarse en una fotografía. 
Visten en perfecta sintonía con la moda de la primera década del siglo XX: largos vestidos hasta los pies, con cuellos altos de golilla hasta el mentón y mangas abullonadas.


AYER, 1905. Fotografía COL_ALLBER_00045 (FDPH)

 Largos vestidos con molinos y abundantes encajes: la falda, ajustada a la cintura por el obligado corsé, marca las caderas, para luego ensancharse en forma de campana. Sobre las cabezas llevan enormes sombreros de vuelo y peinados voluminosos. Y como complemento, joyas y abanico a juego con el vestido. 
En pocas fotos de esta época faltaba alguna persona con un negro integral, “luto riguroso”, color con el que tenían que vestir dos años, en este caso la señora de la izquierda. U ocho años con “alivio de luto”, la que está a su derecha, también de negro, pero con un  pañuelo blanco al cuello que nos indica que está saliendo del duelo.

HOY Y AYER 


En esos años la Plaza de la Estrella era bastante más pequeña que en la actualidad, pues la calle de San Nicolás se prolongaba hacia la plaza con un par de casas más.
A la izquierda, "Casa Burro" un caserón del siglo XVI, sede tradicional del alto clero y residencia, entre otros, del  arcipestre de la Guarguera. 
La muralla que circundaba la ciudad cerrando la Plaza del Toro, con el monte Albarún al fondo, completan la imagen.

 HOY. En primer plano la Plaza de Ripa

 Las sucesivas reformas urbanísticas han acabado uniendo ambas plazas, la de Ripa, antigua de la Estrella y la de Biscós, antigua Plaza del Toro. Por otra parte, el antiguo caserón en venta está reclamando un propietario que se anime a restaurarlo, y, de paso, conservar una reliquia del antiguo barrio eclesiástico.



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                                                ¡QUE VIENEN LOS HÚNGAROS!  

AYER (F. Archives Departamentales des Pyrénees-Atlántiques, CEPB) Hacia 1910

Cuando llegaban los húngaros una mezcla de prevención y alegría corría por la ciudad.  Acampados con sus carruajes e improvisadas tiendas a extramuros, con mucha frecuencia en la fuente de San Juan, sus simples atuendos y su aspecto ya eran fuente de curiosidad y parte del espectáculo. Con golpes de panderos y monótonos cantos obligaban a animales amaestrados, monos, cabras y osos, a hacer piruetas, a bailar o a subir por una pequeña escalera para dar vueltas en lo alto de la misma. Cualquier plaza o calle servía como escenario para un espectáculo que iba siempre rodeado de chavales. Tras cada "función" pasaban las panderetas para que les echaran unas monedas. 

HOY Y AYER

Esas escenas, que recuerdo yo mismo cuando era niño, fueron frecuentes hasta los años sesenta del siglo pasado cuando, a toque de corneta, anunciaban su número con una cabra y un oso en la calle del Arco, lindante con la de San Nicolás.
 Una tradición de la que se hacía eco un redactor de LA UNIÓN el 4 octubre de 1923 :  
 Unos húngaros con unos animalitos trabajaron en la plaza de Toro,  tal vez por forasteros, por verlos, hubo hasta palos para contemplar este gran circo ambulante: 4 cabras, 1 burra, 1 oso, y un mal camello. Al día siguiente marchaban para Biescas, quedando en Jaca 1000 pesetas menos”.

HOY

 Entrada por el antiguo Portal de los Baños en la confluencia de la calle del Coso con Ramiro I. En el centro, felizmente restaurada para albergar el Centro Jacobeo de Interpretación, la casa de Don Valero.



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                                  CAMINO DE LA ESTACIÓN DEL FERROCARRIL

El camino que se había abierto para subir a Rapitán se aprovechó para ir a la estación del ferrocarril. 
Tan solo había que girar a la derecha, a la altura de la Escuela Militar de Montaña, y recorrer 300 m para llegar a  a la estación que se vislumbra al fondo, con el castaño de indias a la derecha. 
El edificio que se ve a la izquierda de los árboles que adornan el camino es "Casa Varela" (bar restaurante), con la silueta del monte Albarún al fondo.
  
 AYER. Carmen Trigo, su marido Vicente Villader y sus amigas, 1945
Fotografía de Alfred Claver

 Sin embargo, la parte de la derecha, sin urbanizar, con campos de cultivo, está a la espera de de ser atravesada por la segunda Diagonal (Avda. Juan XXIII) que se realizaría en 1953 y sería ocupada por 30 viviendas sindicales, levantadas en1954. Desde entonces esa pasaría a ser el camino "nuevo" de la estación, con el que se ahorraban 10 minutos andando. 


 1945- 2019 

HOY

Hoy en la calle del Ferrocarril, asfaltada y con coches aparcados, las naves  del primer polígono industrial de Jaca encierran la castiza Casa Varela (la segunda por la izquierda). A esta se le ha unido, a izquierda y derecha, unos edificios de ladrillo donde los jóvenes jacetanos del "IES Pirineos" realizan los estudios de Bachillerato y Formación Profesional.  



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                                                                                     FUENTE DE FORRANCHINAS



AYER, 1914. Fuente de Forranchinas.  Sentado el eminente oftalmólogo Germán Beritens y a su lado Julio Lacasa, ambos con una afición común: la fotografía. 
  Es relevante el aprecio que los jaqueses siempre tuvieron por sus fuentes de las que, a poco que podían, presumían ante otras ciudades menos afortunadas. 
 Caminando hacia poniente, bordeando la Cantera del río Gas por el antiguo Camino de las Viñas y a 1 km de la ciudad, nos encontramos con esta hermosa fuente. Una fuente que, sin duda, ha sido de las más populares entre la veintena que, a una distancia igual o menor, rodeaban Jaca. Su nombre, además de su situación, nos ayuda a comprender su relevancia, pues ninguna de ellas osó llamarse Reina. En efecto, su nombre, una evolución del latín "Fonte Regina", fuente de la reina, nos deja la evidencia de su ancestral uso desde la Edad Media. Con posterioridad, pasó a llamarse en romance aragonés, "Fonregina", para terminar con el nombre que ha llegado hasta la actualidad: "Forranchinas".  
Esta fuente, junto con la de Marchán (situada al levante y también muy frecuentada para ir a pasar la tarde y merendar) fue objeto de atención preferente durante la II República, pues, dada su popularidad y la frecuencia con que era visitada, a propuesta del Sindicato de Iniciativa y Turismo, se pidió al Ayuntamiento  que "se plantaran árboles por todo el trayecto llamado de "Forranchinas" y que cuide con celo la alameda y pavimento de la explanada de la fuente, colocando en él bancos de piedra o elevar los actuales". (La Unión, 1932)


1914-2019

 Poco después, el 15 de septiembre de 1934, para celebrar el santo de la Madre General de las Casas de Amparo, se dio la orden de que los acogidos de Jaca (entonces, el Amparo estaba situado casi en frente de la fuente) fueran extraordinariamente obsequiados en la fuente de Forranchinas. Aquel día fue muy especial para los 50 ancianos de ambos sexos quienes, "en los últimos años de la vida consumieron una suculenta merienda, compuesta por tortillas, sardinas en lata y rico jamón de la tierra. Saborearon también buenos postres y hasta hubo un acogido que quiso brindar porque se dupliquen los 3500 años que suma la edad de los 50 reunidos". (EPA 15 septiembre de 1934)  
  La fuerza de la tradición de celebrar, ir de fiesta, merendar, almorzar en familia o con amigos en esa fuente llegó incólume hasta los años sesenta. A ese lugar, en alguna tarde de primavera, nos solían llevar a merendar los Maestros Nacionales un modesto pero excelente bocadillo de pan con chocolate. Ese momento de abrir la trencilla blanca de la saqueta de tela de pequeños cuadritos blancos y azules, y de "arrearle" el primer mordisco al bocadillo que con cariño nos había preparado nuestra madre, se ha convertido en uno de los recuerdos inolvidables. 
  
HOY, Fuente de Forranchinas


Este paraje sigue siendo un lugar con encanto: escaleras, caminos de acceso, barandillas, mesas, arbolado y un abundante y excelente chorro de agua invitan a hacer una parada a los caminantes. Cierto es que siempre fue motivo de preocupación mantener en  buen estado las fuentes, sobre todo cuando en Jaca no había agua corriente. No faltaban quejas para que el Ayuntamiento las reparara o adecentara y también alabanzas, como la que en 1882 publicaba El Pirineo Aragonés  "Felicitamos al ayuntamiento por las recientes reparaciones ejecutadas en algunas fuentes públicas, así como por la limpieza verificada en algunos pozos de aguas potables que tanto escasean por la sequía actual"
En la fuente que nos ocupa, no han cesado las modificaciones a lo largo de los siglos XX y XXI y resulta complicado  reconocer similitudes entre las dos imágenes. Por un lado el arco de medio punto de ladrillo de la fuente de 1914 parece haberse reciclado en el nicho de la parte superior con jambas y dintel también de ladrillo, y, por otro, vemos que el caño de agua de la renovada fuente actual, como el agua, siguen siendo los mismos en ambas imágenes.   



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                               AVENIDA DEL PRIMER VIERNES DE MAYO
                                                             1920/2019                

Aspecto que presentaba la actual avenida del Primer  VIernes de Mayo desde la entrada de la Ciudadela, hacia 1920

La  casa encalada de austeros vanos rectangulares que se ve al fondo se debió realizar hacia 1920. Hoy, en sus bajos, se encuentra el bar Equiza, y en el extremo izquierdo de la fachada (ya casi desaparecido) queda parte de aquel gigantesco anuncio, sobre fondo azul, de la botella de "Calisay" que tantos jacetanos vimos pintado.
 En esos momentos esta casa, junto con el Paseo de Alfonso XIII (1903) y el Molino Mutua Electra Jacetana (1907) era la única nueva actuación urbanística extramuros que había en ese lado de la carretera. 
Los árboles, ya crecidos, habían sido plantados a raíz de la construcción de la carretera de Francia, por los peones camineros desde 1882. 
 Los soldados que custodian la entrada a la Ciudadela nos ayudan a contemplar la dimensión de los hermosos cañones de bronce de la época de Felipe V. Decorados con el escudo de armas del propio rey y asas en forma de delfín, esos viejos cañones de ánima lisa del calibre 24 y avancarga, ya obsoletos desde las guerras carlistas, pesaban 250 arrobas cada uno, y fueron colocados el 16 de marzo de 1902 por orden del gobernador militar Díaz Ordóñez, con la finalidad de decorar cada lado del camino aspillerado.
 Desmantelados durante la II República, fueron cedidos al Consistorio por el Ramo de Guerra, para ser fundidos y utilizarlos en un monumento a Galán y García que se estaba haciendo a la entrada del Paseo. El Monumento, con los moldes de escayola ya en el Ayuntamiento, no llegó a terminarse al estallar la Guerra Civil Española. 

 

AYER Y HOY

HOY
 En recuerdo de aquellos añorados cañones, en los años sesenta, se colocaron unas imitaciones de menor tamaño que podemos observar en la actualidad.
Los  edificios que se ven ahora al fondo: "Casa la Rubia" (nº 7) y el que está detrás, "Casa Borau" (nº 5), situados delante de la "Casa del Equiza", son dos bellos exponentes del renacer urbanístico jaqués, que, con aire modernista, se expandía por la ciudad durante las primeras décadas del siglo XX; de modo especial, por el exterior, una vez comenzado el derribo oficial de la muralla medieval, el 7 de enero de 1915. 
El edificio que se ve al fondo, "Casa la Rubia", siempre me recordó a uno que salía fotografiado en blanco y negro en los  calendarios, de tamaño naipe de baraja, que circulaban y coleccionábamos en la década de los sesenta. Y es que, efectivamente, aquel edificio, el del Banco de Español de Crédito de Madrid, situado en la confluencia de las calles Alcalá con Sevilla, obra de José Grases Riera (1887-1891), elegante muestra del eclecticismo académico francés, tiene bastantes semblanzas con este que, a mediados de los años veinte, se levantó en en Jaca. En ambos casos se utiliza la planta trapezoidal con dos fachadas en forma de "V" que convergen en un elegante chaflán circular rematado con un torreón cilíndrico.
 A pesar del parecido, el edificio jaqués, más modesto y austero, coronado por un chapitel de pizarra gris y cuatro ventanas abuhardilladas, se acerca más a los estilos historicistas del último tercio del siglo XIX que tanto utilizaron los arquitectos modernistas. Y que en este caso, de manera clara, evoca los castillos medievales y renacentistas de valle del Loira.