MIS COSAS DE JACA

Estas páginas van destinadas a todas aquellas personas que quieren a su ciudad, como me sucede a mí con la mía, Jaca. Hablaré, pues, de “mis cosas” esperando que alguna de ellas pueda ser también la tuya o, sencillamente, compartas mi afición por “colarme” entre el pequeño hueco que separa la memoria de la historia, lo general de lo particular o lo material de lo inmaterial. Estas “cosas de Jaca” están construidas a base de anécdotas , fotos de ayer y hoy, recuerdos y vivencias mías y de mis paisanos y de alguna que otra curiosidad, que me atrevo a reflexionar en voz alta. No es mi propósito, pues, ocuparme de los grandes temas de los que ya han tratado ilustres autores, es más bien lo contrario: quiero hacer referencia a rincones ocultos, héroes anónimos, huellas olvidadas, sendas por las que ya no se pasa, lugares que fueron un día centro de atención y hoy han sido relegados a la indiferencia, al olvido o al abandono; a unos escenarios donde se sigue representando la misma obra pero con otros actores.

jueves, 28 de diciembre de 2017

AQUEL FERIAL,II




Ganado vacuno por los glacis de la Ciudadela. Al fondo, la Cantera del río Aragón
                                              

           


En una ciudad que había sido capital del reino de Aragón y donde ya existía un floreciente mercado semanal, poco tiene de extraño que surgiera  

la primera feria de la que se tiene noticia en Aragón.

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 El privilegio otorgado por el rey Alfonso II, en el año 1187, de poder hacer todo tipo de transacciones económicas a una escala mayor de la semanal, bajo una estricta regulación y protección real, hizo que accedieran a la ciudad de Jaca, desde el siglo XII, todo tipo de mercaderes de procedencias lejanas, a una feria que se hacía en el mes de mayo y duraba 15 días:    


"Tendréis ferias todos los años, para la fiesta de la Santa Cruz de mayo por 15 días, 8 antes y otros 8 después de la  Santa Cruz: a todos los que acudieren a estas ferias los recibiremos bajo nuestra protección y salvaguardia, quien quiera que sean y dondequiera que vengan" (Nº XVIII "Libro de la Cadena").

Alfonso II 


Y además se protegió y garantizó el paso del ganado por las cabañeras que bajaban más allá de Monrepós: 

"Cuando bajen a España no se detengan en los vedados de los caballeros, más que una noche, sin pagar nada por ello, tengan libres y francas las hierbas y aguas del señor Rey...habrá en las acequias ciertos sitios para abrevar los ganados sin estropearlas" (Fuero dado por Alfonso II de Aragón  y Conde de Barcelona en 1187).
 
Aunque no tenemos datos del número de cabezas de ganado que en esos tiempos podían acudir a la feria, sí es fácil deducir que la ciudad era un gran foco de atracción para los intercambios de todo tipo. Hasta tal punto que, para proteger los intereses de sus habitantes, Pedro II, en 1197, prohibió la participación en el mercado semanal a los forasteros.
En le Libro de la Cadena se halla otro privilegio del rey Jaime I del año 1218,  donde se puede apreciar la transcendencia que tenía la producción de lana, la fabricación de paños derivada de ella y la preocupación por mantener ante la competencia foránea su monopolio ...

" los fabricantes de paños residentes fuera de la Ciudad llevaban à ella sus piezas para adovarlas, y batanarlas, y manda el Rey, que en adelante no permitan estas operaciones sino en los paños texidos dentro de la Ciudad, y que nadie pueda comprar las piezas en crudo ò sin teñir sino à los fabricantes de Jaca.




   Unos fabricantes de paños que por aquellas fechas debieron ser numerosos: sus casas se agrupaban en calles como las que se encontraban en la actual calle del " 18 de junio de 1891", todavía llamada  de "La Tinturería" entre los años 1450-1501, o la de "la Drapería" ( de "drap", trapo) como era conocida en 1527 la actual Plaza de la Catedral; en sus bajos se mostraban tanto los paños que habían confeccionado los pelaires y tejedores como los curtidos de pieles de las tenerías (talleres de curtidos). Del mismo modo, en 1249, el mismo rey Jaime I, concedió a los pelaires "de Jaca la facultad de teñir sus paños de varios colores en el Tinte Real, ò en sus casas, como lo hacían los de Lérida, y Huesca" (Enciclopedia Metódica. Geografía Moderna (Traducida del Francés al castellano por Juan Arribas y Julián de Velasco. Madrid, 1792).








     Sello fundacional de la Casa de Ganaderos De 
Zaragoza, otorgado por Jaime I el 18 de mayo de 1218




La privilegiada situación de Jaca, paso obligado de la vía Tolosona de peregrinación a Santiago de Compostela que atravesaba los Pirineos por el Somport, también fue, y sigue siendo, una cabañera por la que subía el ganado de la tierra baja hacia los pastos de Astún y Candanchú. Este trasiego de mercancías y, sobre todo, la concentración de ganado lanar antes de subir a puerto, y después al bajar, justificó tanto las ferias que se hicieron en mayo-junio (dependiendo del tiempo) para San Juan y San Pedro, como las de septiembre-octubre para San Miguel y San Lucas.
 Ilustrativo del caso que nos ocupa resulta un documento de 1295, donde se constata, en algunos artículos relacionados con la ganadería y sus industrias derivadas, que atravesaban la frontera : "caballos, rocines, puercos vivos, pannos de Jaca, draparíos, cueros, tocino, queso, cordobanes y otros artículos como: odres de oleo, gengibre, malgramas, trigo, pan, cafrán, corcho, arroz, cera, fierro, vino, cominos, velas de sebo ..." (Rentas de la antigua Corona de Aragón. Bofarull (ed.). CODOIN, v. 39. Barcelona,1871 CODOIN, Vol. 39, 1895).


Zumaque (del árabe "simaq"): planta mediterránea de alto contenido en taninos. Probablemente la extendieron por la penísula los árabes. Su presencia en una zona tan septentrional como Jaca, en la cantera del río Aragón y el Gas, solo tiene sentido si la relacionamos con la época en la que  su uso resultaba imprescindible en la industria textil  para  teñir (color amarillo), como mordiente, y para  curtir pieles y cueros (Foto Valle del Aragón, tomada el 7 de enero de 2018).

Por otra parte, este documento vuelve a confirmar la existencia de paños fabricados en Jaca que, junto a otros productos derivados de la ganadería, siguieron teniendo relevancia en los siglos XIV, XV y XVI. 

Con posterioridad, el 26 de mayo de 1310, el rey Jaime II concedió a Jaca otra feria anual en junio, también de 15 días, en honor a San Juan Bautista. Una feria que posteriormente, a petición de la ciudad, fue repartida en dos periodos por la reina doña María, por aquel entonces regente del rey Alfonso "El Magnánimo", dejándola en 8 días en junio y 7 en septiembre.
 Y fue durante el reinado de Felipe II,  
 en 1593, cuando se autorizó a trasladar las ferias de septiembre al 18 de octubre y estas fueron las ferias que más fama y volumen tuvieron en los siglos posteriores y que llegaron con el mismo nombre hasta el siglo XX:

  las ferias de San Lucas. 


En estas ferias, además de ganado, los comerciantes ofrecían de forma ordenada  sus mercancías, al tiempo que exhibían sus muestras los pañeros, merceros, peleteros, vendedores de cordobán, hilo, lienzos... en una época, el siglo XVI, que podemos considerar como de máximo apogeo para la industria textil jaquesa, que se nutría de la materia prima que surgía de la ganadería que los montañeses vendían en la ciudad, y que daba trabajo a más de 300 tejedores jaqueses.  
  Así pues, entre los menestrales de la ciudad, los que se dedicaban a las manufacturas que se derivaban de la lana venían constituyendo la principal riqueza de Jaca llegando a exportar sus productos a lugares tan lejanos como Andalucía.
  Según Ignacio Jordán de Asso, en su "Economía política de Aragón", obra de 1778, en el partido de Jaca se contabilizaban 120 telares. 
  A pesar de ello, en el siglo XVIII, la tradicional explotación ganadera necesitada de renovación, es fomentada por la Real  Sociedad Económica de Jaca y sus Montañas. Por ello, en 1783 se procuró  la cría de ovejas y cabras, al mismo tiempo que se hizo patente la escasez de cría caballar y vacuno por falta de pastos. Además en 1782, traído de Francia por un vecino de Jaca, se instaló el primer telar de medias. Y en pocos años se contabilizaron en funcionamiento dieciséis de ellos llegando a un número de 30 a principios del siglo XIX.
A su amparo surgieron nuevas fábricas de lana con espacios necesarios para el lavado e hilado y se confeccionaron un surtido de medias de telar que fueron muy apreciadas en Huesca, Barbastro, Pamplona y otros puntos lejanos. También se fabricaban
 tejidos de paños burdos, "cadines" (calcetines recios hechos con fibras de lana y cáñamo), y estameñas, que alcanzaron gran fama. Para esta producción, la de estameñas, en 1789 se llegaron a contabilizar en funcionamiento 90 telares. Además se  confeccionaban cordellates a base de mezclar estambre y trama, y bayetas. Y en otros 30 telares se hacían medias de estambre, chalecos y calzones.  
Una industria que movía anualmente más de 7000 arrobas de lana (88452 kilos) y cuyos productos eran exportados a lomos de mulos por difíciles caminos de herradura; de vuelta, cargaban con hierro, bacalao y pescado fresco, así como tejidos finos, loza y cristal de Francia y Cataluña.
  A principios del  siglo XIX todavía se contabilizan 130 telares en Jaca: 30 de medias y 100 de estameñas y bayetas, pero su declive fue imparable pues, las fabricaciones de géneros de algodón perjudicaron de tal modo a la industria jaquesa, que en 1835, solo quedaba uno telar de los primeros y  seis de los segundos. 
 Esta pérdida de la tradicional industria textil jaquesa, conocedora de tejidos y colores tradicionales, creó dificultad en el abastecimiento de los trajes típicos montañeses como los de Ansó. Los últimos telares que estaban en funcionamiento hasta la mitad del siglo XX, se localizaban en Castiello, Espuéndolas y Araguás del Solano.
 ( Manuel Alvar "El habla en el campo de Jaca" pag.113)


Feria de San Lucas en el Campo del Toro, hacia 1900. Situada en frente del veneratorio de Santa Orosia, recibió ese nombre por que era el lugar habitual donde se celebraban desde la Edad Media corridas de toros. Fue durante mucho años una plaza en la que además de fietas religiosas se hacian eventos de todo tipo: espectáculos circenses, conciertos musicales, demostraciones gremiales...


 Junto a los productos derivados de la lanas surgieron
tenerías, fábricas donde se curtían y trabajaban las pieles. Efectivamente, Jaca disponía de los elementos necesarios para estas producciones. Los meandros que el río Aragón describe, desde el puente de las Grallas hasta pasado el de San Miguel, se poblaron de sierras de agua, molinos y batanes ("molinos traperos") e incluso en lugares más próximos como el río Archen (barranco se Membrilleras) donde los monjes de Santa Cristina tuvieron una "adobería". Maestros tintoreros abatanaban las telas, teñían y curtían al año entre 3000 y 4000 pieles de cabras, hirascos (machos cabríos), bueyes, vacas y becerros para producir: baquetas, becerrillas, cordobanes, y cabrilla; productos que se siguieron  exportando a Huesca y a Zaragoza. Trabajo este, el de zurrería que junto a los trabajos derivados de la explotación de la lana, comenzaron su declive al entrar en el siglo XIX, terminando por desaparecer a mitad de siglo fundamentalmente por dos motivos: por la elevación progresiva del precio de la carne en detrimento de las transacciones de lana y por la competencia que supuso la llegada del algodón a España y las producciones catalanas.


La crisis derivada de la competencia del algodón parece que se dejó sentir en las ferias, aunque no por eso dejaron de asistir los ganaderos a las tradicionales citas de junio y octubre. A mediados de siglo aumentó la venta de ganado vacuno y las ferias se nutrían de cantidad de géneros, que pasaban por la frontera los numerosos "paqueteros" (contrabandistas), especialmente aquellos que se dedicaban a pasar caballos y mulas, muy escasos en la comarca, debido a la ausencia de prados.  

Algo mejoró el comercio y la feria cuando en 1860 se sustituyó el camino de herradura que llegaba a Jaca por la carretera de Zaragoza-Francia por Oroel, pues desde entonces, los antiguos arrieros pudieron ser sustituidos por las primeras diligencias, tartanas, carruajes y volquetes.

Tras atravesar el puente de San Miguel por el  antiguo Camino de los Molinos y terminando ya el costerón, los habitantes de los pueblos de la Solana se disponen a entrar en Jaca con sus machos, alforjones y cestos bien repletos. Conocidos en Jaca como "tochés" eran habituales todos los viernes, día de mercado en Jaca, par vender los productos de sus humildes  haciendas. (Fot. Hacia 1930).
 

  En el último tercio del siglo XIX las ferias, y sobre todo la de San Lucas a la que se le dedicaban tres días (18, 19 y 20), no dejaron de prosperar. Corrían los años 1882-83 y 84 cuando más de un vecino  se quejaba de no poder salir de casa sin correr el riesgo de llevarse alguna cornada o coz.  En efecto, el Campo del Toro se llenaba de cabras, bueyes, vacas y puestos de ventas que eran frecuentados por las parejas de la guardia civil que imponían su autoridad con tan solo mostrar su sable y tricornio. En el año 1888 se vendieron en la feria más de 2000 cabezas de distintos ganados.
  La ciudad y su Ayuntamiento se implicaban con celo en la organización de las ferias y se procuraba añadir a estas otros alicientes, fundamentalmente bailes en el Salón de la Amistad situado en la calle Clavería. Unas ferias que dejaban bastante rédito en los comerciantes, que cada año abrían una nueva tienda  en la calle Mayor. 




La feria había llegado a un punto en el que necesitaba una reorganización, pues en el interior de la ciudad los espacios para el ganado se habían quedado pequeños. Por aquel entonces Jaca todavía conservaba su ancestral muralla y era una imagen muy frecuente ver a las bestias ocupar los espacios cercanos a las puertas.  
Fue en 1887 cuando, a instancia de los vecinos, el Consistorio estableció estrictas normas para el posicionamiento de los puestos y del ganado alrededor de la muralla. Desde ese momento, los tenderetes de la feria de San Lucas se colocaron en el lugar más resguardado del viento y más soleado, en el tramo que iba desde la Puerta Nueva a la del Estudio; el ganado mular, caballar y asnal, entre la puerta de San Pedro y la de Santa Orosia; el lanar y cabrío, desde la puerta de Santa Orosia hasta la de San Francisco; el de cerdo, en el camino que va desde la puerta de San Pedro a la Puerta Nueva y el único ganado que se resguardaba en el interior de la ciudad era el vacuno, que ocupaba el Campo del Toro y la placeta de los Hortetes.












Placeta de los Hortetes un día de feria.


  Se accedía a ella tras atravesar por el norte la Puerta de San pedro, girar a la izquierda y pasar bajo un arco medieval similar al que se encuentra en la actualidad en la calle San Nicolás. Estaba situada entre la muralla y la parte septemtrional de la Catedral. Este  espacio público, además de ser  ocupado por el ganado los días de feria, también era un lugar donde se colocoban tenderetes y puestos para las fiestas, se corrían toros, y  se hacían bailes y teatro, sobretodo en verano.

En 1888 la falta de tesorería por la que pasaba el Ayuntamiento llevó a imponer un nuevo impuesto para los feriantes. "Un derecho de Puertas" que por injusto y odiado fue abolido al año siguiente.
 Se acercaba el fin de siglo y las ferias se veían amenazadas tanto por las crisis económicas como por la competencia del extrajero, cuando vinieron a revitalizarse y a adquirir dimensiones nunca antes logradas a partir de


 1893, con la llegada del ferrocarril. 




Casa del Ayuntamiento en el Campo del Toro. Desde la balconada disponían de una vista privilegiada para los eventos. Especialmente el día de Santa Orosia. Ese día colocaban un amplio pendón granate con el escudo de la ciudad colgando del balcón. El otro lado de la Casa daba a los Hortetes.



La antigua plaza de Campo del Toro hoy Biscós. En primer plano Casa Burro. Un caserón del siglo XVII de homologa factura a la desaparecida Casa del Ayuntamiento.

El 30 de mayo de ese año, los jacetanos vieron aparecer por los llanos de Abós el humo de la primera locomotora que pararía en la estación de Jaca. 
Se puede decir que a raíz de la llegada del ferrocarril hubo un antes y un después para el comercio y las ferias. Aquella ciudad que a principios del siglo XIX se reducía a 3.120 habitantes con 16 tiendas que vendían artículos de primera necesidad, poco se parecía a la de final de siglo que rondaba los 5000 habitantes y en la que proliferaban todo tipo de negocios y novedosos artículos.
 Fue tal su repercusión que, a pesar de las crisis de carácter general que sufrió España en los años posteriores, las ferias de Jaca no dejaron de prosperar y aumentar las transacciones ganaderas. De la importancia que tenían por aquellas fechas, nos puede dar muestra la afluencia y variada 


 procedencia de los feriantes.


Tratantes  Altoaragoneses de cerdos al otro de los Pirineos a principios del siglo XX. Fototipia coloreada Labouche Fréres


 Era frecuente el paso de los montañeses a la vecina República para obtener recriaderos de ganado. De la misma forma que también era habitual la presencia de franceses en Jaca, junto a mercaderes, arrieros, trajineros y charlatanes que vendían sus útiles y baratijas entre la inconfundible presencia de los feriantes, ataviados con su blusón oscuro de Dril y la vara de fresno o avellano, en su mayoría  procedentes de Navarra y 
Cataluña.

Julio de 1898, La Montaña

Los primeros en llegar eran los omnipresentes gitanos. Días antes, a modo de heraldos, se les veía recorrer los caminos comarcales  con sus caravanas repletas de hijos anunciando la proximidad de las ferias. Eran hábiles negociadores, siempre dispuestos a mostrar  su astucia y sentido práctico en los tratos.
  Algo más lejana, la presencia de
catalanes garantizaba la venta a buenos precios de numeroso ganado, pues acaparaban gran cantidad de vacuno para el consumo humano que ahora podían transportar cómodamente por ferrocarril en repletos vagones. Del llano, de la parte baja de la  provincia, también se dejaban ver.

 Huesca. El real de la feria de ganado vacuno 
(fot. E. Capell,1905) 
 Eran habituales los recelosos "toches" (habitantes de los pueblos de los alrededores de Jaca) quienes tenían fama de mirar hasta la última "perra- gorda" antes de deshacerse de sus abríos y, junto a ellos, los habituales "gorrineros" o "marranchos" que semanalmente recorrían los pueblos de los de los alrededores

Feria de San Andrés en la Pza S. Clara. Ganado mular( Fot.Viñuales, 1909)



Como en su segunda casa se sentían bajando a la "capital" los habitantes  de los valles próximos, dada su ancestral presencia en esas fechas: ansotanos, chesos, pueblos de la Canal de Berdún...  siendo muy numerosos los del valle de Tena. También subían de la parte baja de la provincia como a su vez, y a pesar del costoso viaje, era frecuente ver en la feria de San Andrés de Huesca a jacetanos vender potros lechales y quincenos. Potros cuya edad aproximada era de hasta 15 meses para los primeros y de 23 meses para los segundos. Una feria, la de San Andrés, que por a quel entonces estaba considerada como de las más célebres de España tanto por el el número de reses como por la  gran presencia de ganado mular.
 
Trabajo en las eras de Jaca. Fot. Daniel Dufol Álvarez.














Tampoco faltaban a la cita los "Maranchoneros", nombre con el que se conocía a los castellanos que subían a la montaña en busca de mulas y caballos, que los montañeses previamente habían adquirido en la vecina Francia o en las Vascongadas, cuando escaseaban en el país.

La afluencia de público en las ferias también era motivo de apertura de nuevos negocios. Eso debió de pensar Félix Preciado cuando abrió una sucursal del negocio de fotografía que tenía en Huesca (Coso Alto, 28) en Jaca, en 1881.



El Pirineo Aragonés, julio 1882.


Dada su amplia demanda abrió un estudio en la calle del obispo nº 6 Jaqueses, transeúntes, gentes de los pueblos de los alrededores, viajeros que acudían a los Baños de Panticosa o a los de Tiermas, aprovechaban las ferias  y fiestas para hacerse la fotografía de rigor y a los que les garantizaba, que su retrato al aire libre también se hacía "aunque estuviera nublado" un eslogan publicitario que complementaba con la exposición en los Porches de la Plaza de la Catedral con una galería de retratos de personas conocidas en Jaca. Sus trabajos fotográficos se vieron continuados por su discípulo Ignacio Coyné y  por Francisco de las Heras (1886-1950), quien se hará cargo de su establecimiento en 1910. También se ofrecían conciertos en el Paseo de los glacis o en la Calle Mayor si el tiempo era malo; bailes refinados en el reformado local del Ambigú y otros  más populares en el Trinquete (calle Mayor 34) y couplés con "pataitas" flamencas en los Cafés Universal e Internacional.

  La concurrencia de las ferias también era aprovechada por más de un avispado que esperaba hacer el agosto con los allegados, pero no siempre con buenas artes, pues el Ayuntamiento vigilaba posibles fraudes que se venían dando en años anteriores durante la feria de San Lucas, llegando a prohibir "toda clase de juegos, rifas y otras industrias muy apropiadas para limpiar los bolsillos de de los incautos...pues no es cuestión de perder la justa fama que nuestra ciudad y sus montañas tinen hasta la fecha: laboriosos, económicos y honrados cual ninguno; tan laboriosos y económicos que antiguamente se decía de los montañeses QUE  NINGUNO SE DESAYUNABA SIN ANTES GANARSE EL ALMUERZO (El Pirineo Aragonés 1892)
Y es que, a pesar de la extrema vigilancia de la guardia civil y funcionarios del ayuntamiento, la aglomeración y la presencia de forasteros en la feria daba para todo: altercados, timos, estafas, fraudes, robos de carteras... siendo más frecuente de lo habitual que alguno de aquellos "avispados" fuera puesto en a buen recaudo en la cárcel del partido de Jaca.
Cañabla, (2018)

La bien ganada fama del comercio jaqués se mostraba en los escaparates y colgaba en la entrada de sus establecimientos aquellos productos que hacían la delicia de los habitantes de los pueblos. Gracias  a la llegada del ferrocarril se podía disponer de productos de la capital e incluso del extranjero y no se echaba cen falta de nada. Eran muy demandadas las abarcas y sandalias fabricadas en Jaca; calzados, toquillas, mantones de Manila, quincalla, calendarios, productos ultramarinos, tejidos, las apreciadas esquilas de Nay (Francia) o de Pamplona, "cañablas" (collar de madera que sujeta la esquila a la res) y los célebres "tapabocas" ( bufanda enorme) tras los que se les iban los ojos al personal masculino de la montaña. 


Poema de José Gracia. Nacido en Sinués en 1899


En los puestos de la feria, entre el áspero sonido de las esquilas y alguna escena cómica, se oían voces pregoneras de romances y de charlatanes que ofrecían: ungüentos milagrosos, frascos con aguas reconstituyentes para dar energía y virilidad, remedios para curar la tisis, el pecho y la parálisis.

De las ferias casi siempre se  sacaban conclusiones, y había años mejores que otros, pero no faltaban ni balances oficiales, ni alabanzas, ni quejas partidistas. Como se suele decir, cada uno contaba la feria según le iba en ella. 
Un "comandulero" (persona que todo lo sabe y todo lo "casca") con las manos en la tripera y amorrado a la barra de la reputada taberna de Carcunda decía que este año en la feria: 

"...han traído pocos cerdos debido al peligro de contagio de la epidemia que había en Jaca, que se vendieron muchas de vacuno que el buen negocio lo habían hecho los catalanes. Pero que eran tan abundantes las tiendas que las ganancias fueron pocas al tenerlas que repartir, que había baratillo de las telas, y que ajos y cebollas en habeba pa toda la provincia y ni aún de regalo las quereban" (La Montaña, 1899).



Fermín Arrudi con su esposa Louise

Sin embargo, en 1902 parece que las ferias fueron  más exitosas. Ese año estuvieron iluminadas por primera vez con luz eléctrica, y los montañeses habían bajado con los bolsillos llenos de "fachenda" para gastar. Fue una atracción más para la feria el hecho de que se dejara ver ese año  el famoso "Gigante Aragonés" nacido en  Sallent, Fermín Arrudi, quien se paseó acompañado de su esposa.
 De su presencia y del comercio de Laureano nos dejó noticia El Pirineo Aragonés

"...las extremidades del gigante aragonés se han exhibido estos días por las calles de Jaca, mientras el resto de su cuerpo se mecía, con desgarbado contorneo, en las dilatadas regiones de la atmósfera...
No faltaron los tapabocas del comercio de Laureano Costa confeccionados con refinado tegido nacional que han sufrido los chispazos de miles de ojos viendo el escaparate. En su puerta colgó siete el propio D. Laureano, pero vino un ansotano y al punto se los compró" (El Pirineo Aragonés, 1902).


En 1900 Jaca contaba con más de 30 comercios 





Jaqueses luciendo tapabocas (marca roja)
 Un personaje, Fermín, del que se podrían contar anécdotas para empezar y no acabar, como la que, entre otras, destacó a modo de homenaje póstumo, el periódico La Unión en 1913: 

  "Estaba en otra ocasión   Fermín sentado en el pretil del puente á la entrada de Sallent, departiendo con sus amigos, cuando las voces les avisaron para que detuvieran a una mula de recría, de treinta meses, de esas que los maranchoneros llevan á las ferias de Castilla. 
Se acercaba el animal en vertiginosa carrera, rebrincando y coceando. Rápidamente se abalanzó Fermín, cogió entre sus brazo el cuello de la bestia, la derribó y sujetó, como si se tratara de de un débil cordero".
         
                                        


A pesar de la crisis agrícola de 1914 causada por una pertinaz sequía, a las ferias  seguían acudiendo miles de forasteros y los comercios obtenían buenas rentas. Modernizar la feria y adecuarla tanto por su aumento de volumen como por dotarla de nuevas necesidades comenzó a ser un reivindicación tanto de los mismos feriantes como de la población de Jaca, que no querían que su feria se quedara estancada.


Hispano Tensina, 1918. (Fotografía J. Carlos Domíguez.


 En 1916 se demandan cuadras para el ganado. En 1921, a las tradicionales ferias que se celebraban el 18 de mayo, a la de San Pedro, San Lucas y las de diciembre, el alcalde José María Campo, en acuerdo del Ayuntamiento estableció que, "desde el próximo Noviembre, en adelante, los días 1 y 2 de todos los meses se celebrarían ferias de ganados".
  En 1926, fecha en la que se hizo otro concurso comarcal de ganado de toda clase incluyendo las gallinas, se echan de menos unos cobertizos (eran frecuentes las lluvias que deslucían la feria) y una báscula para pesar el ganado en vivo. 



 Calle de Jaca, 1932, La Unión.
En 1927 se califican las ferias de extraordinarias a pesar de que se echa en falta a los abastecedores catalanes, que hasta hace poco llenaban los vagones de reses lanares y vacunas    provocando una bajada de precios por excesiva oferta.  Ante esta inespera da ausencia, los jaqueses se preguntan si se podía deber a la competencia de carne muerta que llegaba de Francia perfectamente preparada. Esta ausencia debió de ser pasajera, pues en 1932 salieron 32 vagones de ganado para Barcelona y Navarra y comienza a ser un clamor y una esperanza la construcción de



 un moderno Mercado de Ganados. 


Asunto este que empieza a ver la luz cuando, en 1933, los jaqueses pueden ver publicado en el periódico La Unión el proyecto realizado por Teodoro Ríos. 
Al fin, tras incesantes gestiones realizadas por el consistorio republicano, encabezado por Julio Turrau Calvo, las magníficas y esperadas instalaciones del flamante ferial se inauguraan de forma oficial el 18 de de octubre de 1934 (se habían utilizado parte de las instalaciones en construcción de en las ferias de mayo) con el inicio de la feria de San Lucas.


 Para esta novedosa instalación solo se escucharon frases laudatorias en un año en el que se hicieron cuantiosas transacciones a nivel comarcal, y en el que salieron para fuera de Aragón 32 vagones de ganado, en su mayoría de vacuno.

Proyecto Teodoro Ríos. La Unión, 8 de junio de 1933

En su inauguración se celebró un Concurso Comarcal de Ganados con la colaboración de la Dirección General de Ganadería, la Diputación Provincial, la Cámara de Propiedad Urbana y la Asociación Avícola Aragonesa. Como novedad, causó auténtica sensación el apartado de avicultura y cunicultura organizado por la Asociación Ávicola Aragonesa, siendo la sección que más agradó a un público que pudo ver varias razas de gallinas, palomas, ocas de Toulouse, faisanes, patos, conejos...

La ambiciosa obra del Mercado de Ganados fue acometida por la Corporación Municipal gracias a un préstamo del Instituto Nacional de Previsión o Caja de Colaboradora de Zaragoza de 350.000 pts
  El solar donde se ubicó el Mercado de ganados y abastos se dividió en manzanas atravesadas de norte a sur por el camino que conducía a la estación del ferrocarril y a San Lure
 En los 52.500 metros cuadrados de superficie se construyeron: el mercado de abastos, las caballerizas, un puesto para el mercado semanal, un pequeño pabellón con puestos divididos por barandillas de hierro, pabellones para el ganado lanar y vacuno y otro descubierto para los cerdos. Las instalaciones se completaban con una portería, árbitros, almacenes, lugar de reunión para tratantes, báscula de peso en vivo, retretes, abrevaderos, tapias y un puesto para  servicios municipales. 


Panorámica del Nuevo Mercado de Ganado y de Abastos



Los terrenos en los que se realizó el Mercado de Ganado estaban en la parte septentrional de la ciudad, en el  espacio público que se conocía como Eras Mayores y en terrenos de Gastón; de manera que las instalaciones principales quedaron justo detrás del Templete dedicado a Santa Orosia, espacio que hay en la actualidad entre el bar Jaizquibel y la estación de autobuses.
Vista parcial del interior del Nuevo Mercado
 de Ganado y de Abastos.


   Las nuevas instalaciones lindaban por la parte occidental con los campos de López, lugar donde se establecerían posteriormente las Serrería Valero o de Altahoja; por el norte lindaban con la casa de Mazuque (que todavía existe) y por la parte oriental se extendió hasta la fuente de San Juan y la carretera de Biescas, sobre los campos en cuesta propiedad de Gastón. Esta parte se habilitó para una formidable pradera, de verde natural, cerrada con una tapia de hormigón de metro y medio de alto y una puerta de acceso de hierro en la parte baja, junto a la fuente de San Juan. Una pradera capaz de albergar 1500 cabezas de ganado vacuno y 6000 de lanar.


Entre las instalaciones del Mercado y la pradera, hasta 1892 todavía se encontraba en pie la ermita románica bi-absidial de "San Juan de las Eras". Había pertenecido a los Hospitalarios de San Juan de Jerusalén y, entre las numerosas ermitas que rodeaban Jaca, pasaba por ser la más destacada. Probablemente sus últimos restos debieron de ser sepultados definitivamente, bien cuando en 1942 se construyó el pabellón del nuevo parque de bomberos, o cuando en 1955 se edificó el actual Barrio de San Juan. 

 El funcionamiento de las nuevas instalaciones y la rentabilidad de la feria continuó su tradicional trayectoria que se vio ampliada con otras nuevas ferias los días 15, 16 y 17 de noviembre, hasta que se vio truncada por la Guerra Civil Española.
Celebración del día de la patrona, Santa Orosia. Exposición de los mantos  de la patrona ante el público que hace el saludo franquista en el desaparecido Templete del Campo del Toro, actual Plaza Biscós (Foto de Alfred Claver Trigo, junio de 1940).

A pesar de las circunstancias extraordinarias en que se vieron envueltas en esos años de guerra, las ferias continuaron, pero con gran desánimo, poco ganado y añorando épocas pasadas.

Las instalaciones se encontraban " mutiladas" y el poco ganado existente se vio afectado por la invasión de la glosopeda. Unas circustancias que favorecieron la invasión del mercado comarcal por el ganado de la vecina República y que condujeron a una severa crisis ganadera en 1939.
Recuerdo de aquellos tiempos.
Es a partir de 1941 cuando la montaña comienza a salir de la crisis ganadera y en las ferias se vuelven a realizarar  abundantes transacciones con gran afluencia de personas, si bien seguía siendo escaso y abusivo el precio que se debía pagar por el ganado mular y caballar "que apenas han cumplido los dos años, y han venido pagándose a diez, doce, y hasta catorce mil pesetas" (El Pirineo Aragonés 1942). 
 A ello contribuye  la ampliación de las  líneas regulares de pasajeros: la Sangüesina, la Hispano Tensina, la Pamplonesa, la Biesquense, la Ansotana... de tal manera "que la pradera del ferial se ve otra vez casi llena y la feria comienza a ser la que fue" (El Pirineo Aragonés 1943). 
 
Pradera del Ferial. Feria de San Lucas (Foto de  Alfred Claver Trigo, 1941)
 Una pujanza ascendente que continúa hasta que se entra en la década de los 50.

 A partir de esa fecha, la feria inicia un lento pero progresivo ocaso,


 acentuado por la aparición de fiebre tifoidea en 1957, que impidió la presencia de especies.

Durante los años sesenta todavía se vendía ganado y los comarcanos seguían con la costumbre de venir a Jaca para las ferias, pero se reconocía que las ferias no eran lo que habían sido y que habían perdido vigor.
 En el año 1962 se dieron dos hechos que mostraban el poco futuro que tenía la ancestral feria de Jaca. Ese año se derribó gran parte del Mercado de Ganados para construir la actual estación de Autobuses y en el balance de la memoria Municipal de la feria se reconoce que no había habido beneficio alguno.

Esta imagen de los años sesenta, tomada en el lugar donde tradicionalmente se colocaban los puestos de las ferias, y donde aparecen los animales de tiro y carrujes en el mismo "parkin" que los modernos vehículos de motor, ilustra con gran fidelidad el  punto de inflexión de las ferias de Jaca.


Así, las ferias de Jaca, como las del resto de Aragón, se vieron afectadas por la crisis de las actividades agropecuarias tradicionales. El éxodo rural, la compra de ganado en el lugar de origen (facilitada por la facilidad de transporte por carretera), y, sobre todo, la  mecanización del campo, llevó a un cambio drástico en la forma de vida. Ahora se hacía innecesario el ganado de tiro: caballos, mulas, asnos y bueyes; y, en consecuencia, aquellos oficios y utillajes que siempre les habían acompañado: basteros, herreros, arneses, cordelería, herramientas de corte, aventamiento... 
 En 1970 ya no se hablaba de ferias en Jaca y solo se recordaba el hueco que, aunque costoso de remplazar en la memoria de los comarcanos,  se aceptaba como  una realidad inapelable:
 "Las ferias de Jaca quedarán como un símbolo en el calendario ciudadano, las que fueron feria de San Lucas no se distinguen poco más de un viernes de mercado semanal"(El Pirineo Aragonés,1971).

Años veinte del pasado siglo. Pionera mecanización en las eras de Jaca, situadas en la carretera de Navarra. Fot. Daniel Dufol Álvarez.