Libro publicado en noviembre de 2016 (portada) |
EXTRACTO DEL LIBRO
Al abrir estas páginas te vas a encontrar con una vista de Jaca que no se puede contemplar ahora, pero que existió. Una ciudad amurallada por la que, durante siglos, lucharon sin desmayo generaciones de jaqueses, al lado de su Concejo, con el apoyo de reyes aragoneses y españoles.
Murallas que, a modo de escudo protector, garantizaron su identidad política y que, en cierta manera, suponen un verdadero libro abierto donde pocas son las páginas en las que no hayan quedado registrados los principales avatares por los que pasó la dilatada historia de la Ciudad.
Paradójicamente no las tumbaron ni los cañones, ni las minas, ni los asaltos, ni el mal tiempo ni la dejadez. Terminaron con la misma dignidad con la que aparecieron, pues reyes las hicieron construir y reyes las mandaron destruir. Alfonso XIII, en 1915, solo puso la firma a una sentencia que se venía planificando en la ciudad desde finales del siglo XIX.
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C/ del Carmen, 4, 22700 Jaca (Huesca) Teléfono: 974361199
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En efecto, en 1312, les concedió el cobro del impuesto del “Peso Real” para que atendieran con sus ingresos a la reparación de las murallas, impuesto que obligaba a pagar por todas las cosas y mercancías que se hicieran pesar en el Peso Real, que se encontraba en el interior de la ciudad de Jaca, probablemente en la plaza del mercado, "pues allí, bajo los porches, en las casa de doña Dolça de Santa Fé, en el siglo XV, se localizaba el peso de la ciudad"(J.F.Aznarez Estudiosde historia jacetana")
De esta manera, dada la gran afluencia de mercaderes que venían tanto del interior como del exterior del reino a vender y comprar sus productos al mercado jaqués, se lograban ingresos, que, una vez en manos de los Jurados de Jaca, se destinaban íntegramente para la reparación de sus murallas. Ingresos que debieron ser importantes, si nos atenemos a los artículos traídos y llevados por los mercaderes del siglo XIII através de las aduanas de Canfranc y Candanchú:"cavallos, rocines, odres de oleo, queso, gengibre, malgramas, belas de sebo,trigo, pan, cafran, corcho, arroz, cera, sevo, cannamo, draperios,(paños), fierro, cueros, fusta (madera), covre, estanno, puercos vivos, tocino, pannos de Jaca, o de Lérida, vino, cominos, cordovanes, badanas"(ACA, Bofarull,"Libro de Rentas" citado por Juan Francisco Aznárez en "Estudios de historia Jacetana" )
Este impuesto posteriormente fue confirmado por su hijo Alfonso IV (1327-1334) cuando, en 1329, no sólo anuló los 200 sueldos deducidos en concepto de salario e impuesto, sino que además otorgó la posibilidad de subastar anualmente la percepción del cobro del Peso Real con la finalidad de obtener ingresos extras para mantener las murallas.
Del mismo modo, ante la “esterilidad, mortandades, incendios y otros azotes que la afligían”, unió a la ciudad de Jaca los lugares de: Suesa, Araguás del Solano, Nobés, Bescansa, Gracionépel, Orante, Fracua, Jarlata, Orna, Ipe, Sabiñánigo, Elpuente, Lanabe, Isín, Muro, Orzandué, Yosa de Arriba, Ataguás, y Osia de Soduruel, más los lugares de Ipas, Villanovilla y Sarasa, que le fueron confiscados al conde de Foix por su rebelión, cobrándoles una cuantía de dinero “para la conservación, reparación y defensa de los muros de nuestra Cuidad de Jaca".
En efecto, tan solo 11 años antes de su expulsión, en 1481, todavía se les nombra, junto a otros contribuyentes, en las obras de las murallas: ”Los sozdean, canoges, capital, Justicia, Jurados, concello, hombres e universidat, Adelantados, conselleros e aliama de judíos… para las obras comunes de los muros” (“Estatutos y Actas Municipales de Jaca y sus montañas (1417-1698).
A este respecto, resulta ilustrativo el informe, en 1542, de Micer Benedicto de Rávena, ingeniero militar de Carlos I, encargado de inspeccionar todas las fronteras del imperio, al objeto de mejorar sus defensas, que, al evaluar la de Jaca, dice que la encuentra con firmes lienzos , aunque no “a la moderna”, añadiendo que de nada servía su defensa frente a trenes de batir.
Gustábame saborear las bellezas de su vieja catedral, encaramarme en las murallas y explorar torreones y almenas. ¡Cuántas veces, sentado en lo alto de un baluarte, y explorando la llanura, a guisa de vigía medieval, por las angostas ballesteras, daba rienda suelta a mis ensueños artísticos, y me consolaba de mi soledad sentimental!... De cuando en cuando, la aparición de una friolera lagartija o el vuelo del milano sacábame del ensimismamiento, despertando mis aficiones de naturalista. Para estas correrías de tejas arriba, dábame grandes facultades la casa de mi patrón, cuyo huerto lindaba con un torreón de la muralla.
Este asunto se empezó a desenmarañar cuando se formó una comisión para haceruna nueva puerta.
Lienzo de la parte oriental de la muralla correspondiente al Convento de las Monjas Benedictinas visto desde los accesos a Jaca desde Barós.Todavía se puede ver a la izd. el torreón de las Monjas derribado en 1935. El lienzo que queda en la actualidad y el torreón que se utilizó como ábside de la la Iglesia de San Ginés.
Así, en 1918 se trabajaba en la demolición de importantes lienzos en la zona norte, en los Hortetes; en 1922 todavía quedaba en pie buena parte del cerco jacetano, a cuya extensión hace mención, en ese mismo año, F. Lamolla en su “Memoria descriptiva del proyecto de Ensanche para la ciudad de Jaca”, donde nos dice al respecto que la muralla “había sufrido varios seccionamientos imprescindibles, quedando subsistentes 1476,67 metros de longitud y 14 torreones” .Y en 1935 se derribó el Torreón de las Monjas por un importe de 1.751pts. pagadas a partes iguales entre D. Antonio Pueyo y el exmo. Ayuntamiento.
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A continuación se adjuntan tres artículos que se publicaron para conmemorar el centenario del inicio oficial del derribo de las murallas de Jaca, que tuvo lugar el 7 de enero de 1915, y que posteriormente, dieron lugar al libro de 200 páginas citado anteriormente: JACA, UNA CIUDAD QUE TUVO MURALLAS. SU HISTORIA Y DERRIBO (195 a.C.- 1960)
Robustos olmos que decoraban las rondas de la muralla (Francisco De Las Heras) |
A aquellas murallas por las que perseguía lagartijas, a aquellas que encerraban a unas monjas que gentilmente me alcanzaban la leche tras un torno, a aquellas que intenté escalar alguna vez para ver qué había detrás, a aquellas a las que todavía vi rodeadas de dos de sus centenarios e inseparables olmos situados frente a la terraza de “Casa Paco”, a aquellas de las que todavía recuerdo algunos restos entre la Puerta del Estudio y el Portal de Baños, a aquellas con las que no puedo dejar de soñar pensando en lo que representaron para muchas generaciones de jacetanos, y a aquellas que, a modo de escudo protector, fueron mantenidas con el esfuerzo y dinero de generaciones y generaciones de jacetanos a lo largo casi 1000 años, hoy les dedico este pequeño homenaje que intentaré resumir en tres artículos. Me encuentro a escasos metros de lo que queda todavía en pie y que, de forma milagrosa, ha resistido las embestidas del paso de los siglos, unos escasos sillares que, testigos mudos de numerosas batallas, todavía se mantienen unidos.
Entrada a la calle mayor por La Puerta de San Francisco, última de las siete puertas que se mantuvo en pie hasta 1914 ( De Las Heras, de una colección coloreada) |
Vaya por delante que mi pretensión no va más allá de reunir una serie de fotografías, planos y datos relacionados con su historia para intentar, en lo posible, ya que no puedo mas que lamentar la pérdida de sus muros, reconstruir, a base de imágenes que he reunido de las distintas partes de la ciudad, el perímetro de dichas murallas. Es una pena que, prácticamente, llegaran en su totalidad casi intactas hasta el 1915 y que las circunstancias históricas de principios de siglo vieran en su destrucción la liberación de un corsé, que impedía el desarrollo y la higiene normal de la ciudad.
Antes de Jaca cayeron otras murallas: Barcelona Córdoba, Sevilla, Valencia, Madrid etc... ese era el destino y la vieja aspiración de la que tenazmente se hacía eco la prensa decimonónica de la ciudad ya desde 1868, empeño que no cesó hasta que vieron sus muros por los suelos a partir de 1915.
“La ciudad de Jaca es de 700 casas y la cuarta en el reino en voto y lugar. Está edificada a las faldas de lo más alto de los Pirineos y en un lugar llano, y para en montaña apacible. De fuertes y torreados muros de piedra, es la más vecina ciudad del reino de Francia que hay en Aragón, porque apenas está a cuatro leguas de sus mojones. Hay en ella gente noble aunque no muy rica, porque es lugar apartado y de poco trato”.Esta descripción, que sobre Jaca hace un clérigo en 1556 en un informe sobre el obispado de Huesca, hace referencia a tres peculiaridades que serán claves en el desarrollo de la historia de la ciudad: Proximidad a Francia. Fuertes y torreados muros. Y su relevancia como ciudad en el reino de Aragón.
Efectivamente, Jaca, situada sobre una pequeña meseta a 820 m. de altura, elevada sobre el río Gas, el riachuelo de Argent y el poderoso río Aragón, que da nombre al valle y reino, tiene una ubicación privilegiada.
Situada a la salida de los Pirineos por el Somport, fue siempre un lugar de paso, entre otros, de legiones romanas y de peregrinos a Santiago de Compostela. Este enclave, en medio de la depresión de la Canal de Berdún y protegida por la imponente mole de la Peña Oroel, explica tanto la existencia de la propia ciudad, como su vocación comercial y su destino como plaza militar de alto valor estratégico.
Esta ubicación de Jaca, cercana a Francia y a Navarra, no pasó desapercibida ni para los reyes aragoneses ni para los españoles, quienes la consideraron siempre un punto estratégico militar de primer orden y a la que ayudaron a componer y mantener un sistema defensivo entre el que se encontraron en un primer momento las murallas, luego el Castillo de San Pedro (Ciudadela) y más tarde el fuerte Rapitán.
Vista de Jaca actual. Todavía se pude observar la forma del casco antiguo, rodeado por las rondas que en su día ocuparon las murallas y parte de la expansión de Jaca en el siglo XX (Domingo Poveda) |
Hoy, cuando se cumple justo un siglo del desdichado acontecimiento que supuso el derrumbe de las murallas de la ciudad de Jaca, uno no puede más que resignarse e imaginar cómo sería en la actualidad Jaca con sus murallas. Está claro que en su momento, y con la mentalidad de los jacetanos de finales del siglo XIX, su destrucción supuso un avance hacia la modernidad y el progreso; pero duele esta destrucción cuando la vemos tan reciente, ¡1915, fue casi ayer!, y más si tenemos en cuenta los cerca de 1000 años que llevaban de pie.
Fue una verdadera lástima que, cuando a Jaca ya se le reconocían valores incuestionables en cuanto a su potencial turístico, sus dirigentes no se percataran del innegable valor patrimonial que tenían esos muros y que, de estar hoy en pie, aumentarían en gran medida el rico legado cultural que la ciudad de por sí ya posee.
Por otra parte, resulta triste comprobar cómo la muralla no sería la última víctima de este afán por derribar lo “viejo”, pues, en aras de la modernidad, luego la acompañaron otros notables atropellos, como la demolición del Templete de Santa Orosia, la Iglesia de la Purísima Concepción de los padres escolapios o la amenaza que se cierne hoy día sobre el Seminario.
Situación estratégica de Jaca a la salida de los Pirineos por el Somport
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La historia de las murallas de Jaca es larga , tan larga como ha sido la historia de sus habitantes. En efecto, la ciudad de los iberos “Iaka”y sus moradores, iakketanoi" es citada por el geógrafo griego Estrabón. También, Tito Livio nos narra con cierto detalle cómo, en 195 a.C., Marco Poncio Catón, valiéndose de una argucia, toma la ciudad y consigue que le abran las puertas de lo que entonces debía ser un pequeño núcleo habitado en torno a una fortaleza (“oppidum”)
Reconstrucción artística de un “oppidum” |
Pero, a pesar de que se han encontrado restos arqueológicos de esta ciudad ibérica en el sector sudeste y de que no es descabellado deducir que Jaca ya contara con unas murallas defensivas (si nos atenemos a los recientes hallazgos en arqueología urbana obtenidos entre 2000 y 2011, pues según la opinión de J. Justes Floría y J. Ignacio Royo Guillén “ podemos suponer la existencia de una muralla anterior perteneciente a la ciudad ibero romana"); a día de hoy, no se conoce ni su tamaño, ni su ubicación
Otro tanto sucede con la ciudad romana, no se conocen restos de sus murallas en el caso que las hubiera habido, pero sí se le supone a la ciudad, un tamaño mayor de lo que se pensaba hasta hace muy poco, pues, a tenor de los restos arqueológicos encontrados, se puede asegurar que su suelo urbano podría “aproximarse a los límites de la medieval, al menos en su etapa de máxima expansión, entre los siglos I y III d. C.” (J. Justes Floría y J. Ignacio Royo Guillén )
Dibujo de Enrique Osset Moreno sobre un dibujo de F.J. Parcerisa, (1844): Puerta de San Ginés, Torreón de Cruzat, y Torreón de la Puerta Nueva.
A la caída del Imperio romano, sucedió un periodo de fuerte oscurantismo. Dada la escasez de datos concretos, ya no sólo de la posible muralla , sino también de la propia ciudad de Jaca, me parece muy sugerente la apreciación que Enrique Osset Moreno nos dejó en su libro el ”Castillo de San Pedro”, cuando nos dice: “El padre Aznárez, en sus estudios de historia jacetana, pág. 22, reproduce la “General Estoria de Alfonso X el Sabio” a propósito del origen de la fiesta local del primer viernes de mayo. Aquí, en forma velada, se da la primera noticia histórica de que en el año 860 ya existían las murallas de Jaca.
Textualmente dice: “determinaron las mugeres de Jacca, con ánimos cristianos y varoniles, salir a socorrer a sus maridos…” Si salieron, a la fuerza tuvo que ser de algún recinto cerrado, y ellas tenían que estar dentro de las murallas”.
Dejando atrás la Alta Edad Media y entrando ya en el siglo XI , cuando Ramiro I (1035-1063) se independizó de Navarra e hizo del condado un reino y de un viejo “castrum” la capital del reino de Aragón, Jaca, además de la “villa regia” en torno a San Ginés, contaba con otros dos núcleos habitados: la “villa episcopal” próxima al monasterio de San Pedro el Viejo y el barrio de Santiago.
Sancho Ramírez |
En la segunda mitad del siglo XI, con la construcción de la Catedral y poco más tarde con la aparición del burgo de San Nicolás, crece la idea de envolver todos los núcleos habitados y protegerlos con una muralla, voluntad que manifiesta Sancho Ramírez (1063-1094) cuando, además de eximir de peajes a los burgueses, a condición de que cerraran la villa, en 1077, según aparece en el articulo 2 del fuero de Jaca, insta a los habitantes a contruir la parte de muralla que linde con las traseras de sus casas (“cada uno cierre su parte según sus posibilidades”). Así pues, esta muralla, que comenzó formándose juntando las traseras de las casas, estaría en plena construcción en el último tercio del siglo XI y consta que contaba, al menos, con tres puertas que perdurarán a lo largo de los siglos: la de San Ginés ( Portal de las Monjas), la de san Pedro (Francia) y la de la Puerta Nueva y podrían alcanzar según opinión de Bielza y Betrán, por su parte meridional, hasta la actual calle del Coso.
Plano de Jaca después del fuero, 1094 según R.Betrán. La muralla por la parte sur, podría discurrir por la actual calle del Coso. |
Esta muralla, que durante el siglo XI surgió como un símbolo más de ciudad regia y de su independencia política, se transformó en el s. XII en una necesidad de primer orden y en una urgencia prioritaria, debido fundamentalmente a los dos ataques que sufrió por parte de García Ramírez V, de Navarra .
Calle de la Puerta Nueva, muy próxima a la puerta del mismo nombre |
Fue Ramiro II (1134-1137) quien se desvivió por acelerar esas defensas, que ahora eran más necesarias que nunca. Muestra de este interés es la “Carta-Decreto” (1135) que consta en el Libro de la Cadena de Jaca (traducción y anotaciones del cronista de la ciudad D. Dámaso Sangorrín y Diest-Garcés), donde dice: ”Y os doy la mitad de aquellos mis baños con la mitad del huerto, para cerrar la villa” .
Con esta orden, cedió a la ciudad de Jaca, la mitad de las rentas que se sacaban con la explotación de los Baños Reales situados no lejos de la muralla y cercanos al río Gas (en la actual Fuente de los Baños) para construir y mantener los muros y torreones de la muralla.
Jaca medieval (Agustín Sanmiguel) |
Tan solo 7 años después, en un documento eclesiástico, de 1142, a instancia de los vecinos, se les viene a exigir al obispo D. Dodón y al Cabildo su contribución a la construcción de los muros, quienes, en presencia de los jurados de la ciudad, firman y se comprometen a aportar la cantidad de 2.000 sueldos pagaderos en dos años, con pacto jurado de que en lo sucesivo no pudiesen exigir los hombres de Jaca cantidad alguna por este concepto, bajo pena de excomunión, haciéndose una donación en el acto de 500.
“Dinero” Jaqués de Sancho Ramírez. Anverso, leyenda: SANCIVS REX. Iconografía: Busto del rey de Aragón mirando a la izquierda. Reverso, leyenda: ARA-GON. Iconografía: Cruz procesional sobre vástago ornamentada con motivos vegetales a los flancos. Primera acuñación monetaria de un reino cristiano en la Península Ibérica.
Como resultado de este impulso “se puede decir que, en la mitad del siglo XII, la ciudad de Jaca se compone de un núcleo cerrado por murallas y del Burgo Novo, cerrado también, pero a las afueras de la de la muralla” (Jean Passini); un trazado que perdurará con las mismas dimensiones hasta principios del el s. XX.
Durante los siglos XIII y XIV, las ciudades viven una auténtica “Edad de Oro” en la que las murallas desempeñaron un papel fundamental para proteger su rico patrimonio y dar seguridad a sus mercados.
El desvelo por mantener este sistema defensivo en pie y operativo no fue una tarea fácil, el clima riguroso y los asedios requerían el esfuerzo constante no sólo de los reyes , sino también de todos los ciudadanos de toda condición y clase social, tanto de la ciudad como de los pueblos de alrededor: Jurados, Cabildo, burgueses, judíos etc.
Es ilustrativo el apartado que se observa en los célebres “Establimentz” u Ordenanzas municipales, redactados, en opinión de D. Sangorrín, en un“no muy bien escrito aragonés-jacetano del s. XIII”, que los jaqueses hablaban allá por el año 1238, donde los Jurados , el Justicia , Paciarios, Adelantados, Consejeros y Prohombres de la ciudad de Jaca no se olvidan de recaudar fondos destinados a las obras de la muralla, cobrando 5 sueldos jaqueses a todas aquellas personas que llevaran cuchillo o cualquier otra arma dentro de la ciudad o en sus poblados.(” … Stabliren demas che tot homen de iacca ni habitador qui portaria contel, ni nulla altra arma entz en la "Ciutad" de iacca, ni en sas poblacions, a tantas uegadas cuantas los iuratz lay trobaran portan, a tantas uegadas done V. solidos de iacches als iuratz de iacca, los chals V. sols, sian obs dela closon de "Jacca"...
Vista de la parte meridional de Jaca y sus murallas, pintado por Sorolla cuando se instaló en Jaca, durante unos meses, para pintar paisajes pirenaicos. Cuadro que el autor regaló a su hija Maria con motivo de su boda, celebrada en la Catedral de Jaca en septiembre de 1914
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Mientras Jaime II (1291-1327) extendía los dominios de la Corona de Aragón por el Mediterráneo, y sus temibles almogávares no cesaban de ampliar las “terras et sennyorios del Sr. Rey de d´Aragón”, aún le quedó tiempo para acordarse de “los de Jaca.”
En efecto, en 1312, les concedió el cobro del impuesto del “Peso Real” para que atendieran con sus ingresos a la reparación de las murallas, impuesto que obligaba a pagar por todas las cosas y mercancías que se hicieran pesar en el Peso Real, que se encontraba en el interior de la ciudad de Jaca, probablemente en la plaza del mercado, "pues allí, bajo los porches, en las casa de doña Dolça de Santa Fé, en el siglo XV, se localizaba el peso de la ciudad"(J.F.Aznarez Estudiosde historia jacetana")
De esta manera, dada la gran afluencia de mercaderes que venían tanto del interior como del exterior del reino a vender y comprar sus productos al mercado jaqués, se lograban ingresos, que, una vez en manos de los Jurados de Jaca, se destinaban íntegramente para la reparación de sus murallas. Ingresos que debieron ser importantes, si nos atenemos a los artículos traídos y llevados por los mercaderes del siglo XIII através de las aduanas de Canfranc y Candanchú:"cavallos, rocines, odres de oleo, queso, gengibre, malgramas, belas de sebo,trigo, pan, cafran, corcho, arroz, cera, sevo, cannamo, draperios,(paños), fierro, cueros, fusta (madera), covre, estanno, puercos vivos, tocino, pannos de Jaca, o de Lérida, vino, cominos, cordovanes, badanas"(ACA, Bofarull,"Libro de Rentas" citado por Juan Francisco Aznárez en "Estudios de historia Jacetana" )
Este impuesto posteriormente fue confirmado por su hijo Alfonso IV (1327-1334) cuando, en 1329, no sólo anuló los 200 sueldos deducidos en concepto de salario e impuesto, sino que además otorgó la posibilidad de subastar anualmente la percepción del cobro del Peso Real con la finalidad de obtener ingresos extras para mantener las murallas.
Jaime II el Justo, ilustración de Usatici
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Especial protagonismo adquirieron las murallas durante la guerra de los dos Pedros, entre Pedro IV (1334-1387) de Aragón y Pedro I de Castilla, en la que participaron, también, Francia, apoyando a Aragón, e Inglaterra y Navarra a Castilla . A la vista de estos acontecimientos, entre 1363 y 1366, el rey Pedro IV emitió diversas órdenes para la reparación urgente de la muralla, contando incluso con un director de obras, Juan López de Lisión. En este difícil trance, las murallas de Jaca resistieron magníficamente las dos acometidas de Carlos II “El Malo” de Navarra. En una de estas defensas peleó, con gran valor, el fiel servidor del rey y de Aragón, García Latrás, señor de Latrás y Sieso quien, con un grupo de vasallos suyos, se unió a la defensa de la ciudad cuando se vio sitiado por ingleses, navarros y otros confederados europeos. Latrás perdió la vida en dicha defensa y murió como un héroe cuando salió de la muralla para levantar el cerco. Esta gesta valió el reconocimiento del propio rey para toda la familia de los Latrás y la gratitud de los de Jaca, que en su memoria realizaron un busto que colocaron en la muralla, en un lugar próximo a donde perdió la vida.
Estaba claro que, para los reyes aragoneses, Jaca y sus murallas eran de vital importancia estratégica para defender los intereses de su reino y que, en mayor o en menor medida, casi todos ellos se esmeraron en su mantenimiento.
Representación de Martín I, el Humano,
retablo de San Severo
(Museo Diocesano de Barcelona)
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Pero si alguien mostró interés y empeño en dicha causa, ese fue el rey Martín I el Humano, (1396-1410) al considerar sus defensas “no solamente por su interés, sino por el de todo el reino de Aragón , porque estando dicha Ciudad situada en la frontera de los reinos de Francia, de Navarra, de Bearne y del Condado de Foix, allí donde hay mayor peligro es donde debe procurarse mayor seguridad”.
Del mismo modo, ante la “esterilidad, mortandades, incendios y otros azotes que la afligían”, unió a la ciudad de Jaca los lugares de: Suesa, Araguás del Solano, Nobés, Bescansa, Gracionépel, Orante, Fracua, Jarlata, Orna, Ipe, Sabiñánigo, Elpuente, Lanabe, Isín, Muro, Orzandué, Yosa de Arriba, Ataguás, y Osia de Soduruel, más los lugares de Ipas, Villanovilla y Sarasa, que le fueron confiscados al conde de Foix por su rebelión, cobrándoles una cuantía de dinero “para la conservación, reparación y defensa de los muros de nuestra Cuidad de Jaca".
Libro de la Cadena, escrito en 1270. Indumentaria y símbolos
de la tradición del Consistorio jaqués: capotillo de tafetán carmesí, maza con yelmo de guerra y sombrero. Juli Soler Santaló, 1907. (Arxiu Fotogràfic Centre Excursionista de Catalunya) |
(Libro de la Cadena de Jaca, Dámaso Sangorrín, Deán de la Catedral de Jaca.)
El celo y la ocupación que los jacetanos tenían por su muralla parece que no cesaba en ningún momento. No fueron ni raros ni infrecuentes bandos como el que el lugarteniente Juan de Frontillón dictó en 1463 para que la gente, en caso de nevada, construyera chozas junto a los muros, a los que, además, les prohíbe estar de noche sobre las rondas de la muralla, excepción hecha de los vigilantes.
De la contribución que obligaba a los hombres de Jaca a esas reparaciones constantes que la muralla necesitaba, tampoco se libraron los judíos que, a juzgar por sus barrios y sinagogas, fueros bastante numerosos en la ciudad. Amigos y protegidos, entre otros, de reyes como Jaime I, Pedro II y Pedro IV, a los que con frecuencia sacaron de apuros económicos, y odiados por los ciudadanos de Jaca, a causa de la práctica de la usura, no dejaron de colaborar con aportaciones pecuniarias.
En efecto, tan solo 11 años antes de su expulsión, en 1481, todavía se les nombra, junto a otros contribuyentes, en las obras de las murallas: ”Los sozdean, canoges, capital, Justicia, Jurados, concello, hombres e universidat, Adelantados, conselleros e aliama de judíos… para las obras comunes de los muros” (“Estatutos y Actas Municipales de Jaca y sus montañas (1417-1698).
Plano de Jaca en el S. XV. Obsérvese (en blanco) los grandes tramos despoblados de las partes contiguas a la muralla, especialmente los de la parte sur y oeste de la ciudad. (Ramón Betrán Abadía)
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Tampoco debían pasar por los mejores momentos de conservación los muros de Jaca durante el reinado de D. Fernando el Católico (1479-1516) al que se le conocen dos actuaciones concretas sobre las murallas de Jaca : la de ordenar hacer una "cava" o foso alrededor de la muralla; elevarla dos palmos, con el fin de dificultar posibles asedios; una nueva reparación general, ya que los muros "están muy derruidos"; y, otra segunda, cuando, en 1495, ante el incumplimiento del pago del Cabildo en los tres últimos años, les exigió seguir pagando y contribuir al mantenimiento de la muralla diciéndoles: ”ca sería manifiesto agravio e podría redundar en escándal , pues como sabéis, no menos son guardados los eclesiásticos por los muros, que los legos”.
El emperador Carlos I (1517-1556) siguió en la línea de apoyo, ordenando acciones dirigidas a obtener recursos con los que reparar, ampliar y conservar los muros, confirmando compromisos que habían contraído reyes anteriores, como el de Martín el Humano, renovado por el emperador, en Monzón, en el año 1553.
Pero la muralla jaquesa, pensada para la guerra medieval, estaba a punto de demostrar su debilidad al no poder defenderse, ante la utilización, generalizada en los asedios, del uso de la artillería.
A este respecto, resulta ilustrativo el informe, en 1542, de Micer Benedicto de Rávena, ingeniero militar de Carlos I, encargado de inspeccionar todas las fronteras del imperio, al objeto de mejorar sus defensas, que, al evaluar la de Jaca, dice que la encuentra con firmes lienzos , aunque no “a la moderna”, añadiendo que de nada servía su defensa frente a trenes de batir.
La Ciudadela de Jaca, 1908, Juli Soler Santaló, (Arxiu Fotogràfic Centre Excursionista de Catalunya)
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Desde este momento, se devaluaron, en gran medida, los muros de la ciudad, hasta tal extremo que Felipe II (1556-1598) decidirá crear una nueva defensa. Una defensa a la moderna, con baluartes soterrados e inclinados, que superará con creces la eficacia de los muros planos de la vieja muralla: el Castillo de San Pedro, o, como se llamó con posterioridad, la “Ciudadela”, construcción a la que se opuso con gran resistencia el Concejo de la ciudad de Jaca y que levantó Tiburcio Spannocchi a partir de 1592, en un contexto de fortificación del Pirineo, como consecuencia de las graves alteraciones habidas en Aragón y los ataques llevados a cabo por los hugonotes.
A partir de entonces, la murallas dejan de tener relevancia en las labores defensivas de gran calado. Es la Ciudadela, con una sede permanente de soldados e ingenieros, la que va a velar por la defensa de la ciudad, haciéndose cargo, a su vez, de las labores, el coste y el mantenimiento, tanto de la fortaleza como de las murallas. De esta manera, el estamento militar castellano, irá adquiriendo cada vez más protagonismo en la ciudad y sus decisiones, tendrán cada vez más peso en el devenir de la vida cotidiana de Jaca que, desde ahora, entrará en una constante pugna con el Concejo Municipal, dispuesto a no perder el poder que le otorgaban sus antiguos fueros.
Plano de Jaca y de la Ciudadela de Nicolás Pistón 1718 (Archivos militares). En extramuros todavía se ve el convento de San Francisco (S.XIII), próximo a la puerta del mismo nombre y que fue destruido por las tropas napoleónicas durante el periodo de ocupación (1809-1813)
A principios del siglo XVII se abrirá una nueva puerta en las murallas, me refiero a la Puerta de Santa Orosia, básicamente para facilitar la comunicación del Castillo de San Pedro con la ciudad y también se tienen noticias del desplome de un tramo de muralla en el Campo del Toro.
Entrada por la Puerta de Santa Orosia
(foto cedida por P. Juanín Esteban)
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De inusual y paradójico se podría calificar el papel que las murallas desempeñaron en nuestra ciudad durante la Guerra de la Independencia , pues, en 1809, en plena contienda, no hubo necesidad de probar su resistencia, debido a que se pactó la entrada de los franceses en Jaca, y porque fueron los propios españoles los que al fin y a la postre las asaltaron. En efecto, el teniente coronel Marcelino Oráa, al mando de las compañías de Cazadores aragoneses, de Granaderos alaveses y Húsares de Navarra, en la madrugada del 5 de diciembre de 1813, valiéndose de las escaleras que habían recogido, durante tres días, por los pueblos próximos y tras haberlas adaptado a los 29 pies que medía la muralla, inició un inesperado ataque por las distintas partes por la muralla de la ciudad y sorprendió durmiendo a los 300 franceses que la defendían, conquistando la ciudad en 15 minutos.
Grabado con vista y explicación de los edificios y partes más representativas de la cuidad, realizado en el s. XVIII por Juan Bernabé Palomino, grabador de cámara de Fernando VI y procede de la obra de Bernardo Espinalt y García “Atlante Español”
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Parece ser que, hasta la primera mitad del s. XIX, la muralla, sin grandes sobresaltos ni acontecimientos bélicos que la inquietaran, se mantuvo en un relativo buen estado de conservación. Formaba parte de ese paisaje jacetano que, con sus rondas exteriores rodeadas de olmos, decoraba la ciudad, alegrando los paseos de sus habitantes, lugares que el Ayuntamiento se esforzaba en mantener con periódicos engravados y arreglos. En este sentido, no faltan testimonios de viajeros que las veían como un elemento tan consustancial a la ciudad como su propia Catedral.
Portal de las Monjas (Puerta de San Ginés) de F. J. Parcerisa 1844
La muralla, a pesar de que fue el resultado de una obra que careció tanto de proyecto inicial, como de una planificación que la dotara de uniformidad, hecho que se puede observar no sólo en el diseño de sus puertas, sino también en la variedad de almenado y torreones: cuadrados , circulares y poligonales, se adaptaba perfectamente al terreno. Cosa sabida era que presentaba su lado más vulnerable por la parte septentrional, dado lo llano del terreno, aspecto este que se intentó contrarrestar con una mayor concentración de torreones; pues, ese tramo, que es el más corto de la muralla, llegó a tener hasta 8 torreones.
Parte septentrional de las murallas de Jaca. -Cromolitografía de
C. Labaille-(1855-1883) -Editor Pontificio G. Bórdas , Barcelona |
Sucedía lo contrario por la parte oriental, que descendía hacia el riachuelo de Argentone ( Membrilleras), así como por la parte meridional, orientada hacia el valle del río Gas, donde los desmontes y escarpes facilitaban en mucho la labor defensiva de la plaza. La parte Occidental se quedaba en una situación intermedia, pues corría una leve vaguada hacia el Portal de Baños, que ayudaba también a su defensa, vaguada que se acentuaba en la zona comprendida entre la Puerta de Baños y el Castellar.
Entrada a Jaca por el puente del antiguo Camino y Cañada Real de Zaragoza a Francia. En la parte superior derecha todavía se puede ver uno de los torreones más emblemáticos de la muralla, el del Castellar, nombre que hace alusión a los solares y fortaleza ya existentes desde Ramiro II y Ramón Berenguer IV
Por otra parte, se ha de tener en cuenta que la situación del Castillo de San Pedro protegía eficazmente el tramo de muralla comprendido entre la Puerta de San Francisco y la de San Pedro, motivo por el cual, en dicho tramo, se perderán varios torreones.
El cerco de Jaca, que recuerda en su forma a una oreja, tenía unos muros compuestos de sillares pseudoisódomos, de piedra caliza y de doble parámetro con relleno interior. Su altura rondaba los 7 m. y tenía un espesor que oscilaba entre 1.35cm. y 1.50cm siendo su perímetro de 1828,67m. De estas peculiaridades nos dan fe y testimonio algunos viajeros que, a mitad del siglo XIX, les dedicaron unas breves reseñas.
Tal es el caso de Enrique Rodríguez Solís (1844-1923) cuando en "Los guerrilleros de 1808: Historia popular de la guerra" nos las describe así: “Son de ambiguo carácter, ofrecen variedad inmensa en altura y forma de sus torreones, distinguiéndose entre ellos el de la moneda, por haberse batido en él, los célebres sueldos jaqueses, únicos que desde el siglo X corrían en el reino”; o la que Madoz expone en su Diccionario " Historia de todos los pueblos de España. Censo, fiestas y datos de 1845": “… Las murallas que la circuyen son muy fuertes y de piedra bien labrada, con almenas y 23 torreones, facilitando la entrada al interior siete puertas, y comprendiendo una circunferencia de 2,312 varas ( 1.8 km.) con una extensión de 789 de N. á S. y 529 de Este á Oeste…”.
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Retrato de D. Santiago Ramón y Cajal,
pintado por Sorolla en 1906
( Museo provincial de Zaragoza)
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Tampoco se olvida de ellas nuestro premio Nobel, Santiago Ramón y Cajal cuando recordaba su estancia en Jaca: “Corría el año 61. Hallándome próximo a cumplir los diez de mi edad, decidió mi padre llevarme a estudiar el bachillerato a Jaca, donde había un Colegio de padres Escolapios … La ciudad misma tenía para mí inefables encantos.
Gustábame saborear las bellezas de su vieja catedral, encaramarme en las murallas y explorar torreones y almenas. ¡Cuántas veces, sentado en lo alto de un baluarte, y explorando la llanura, a guisa de vigía medieval, por las angostas ballesteras, daba rienda suelta a mis ensueños artísticos, y me consolaba de mi soledad sentimental!... De cuando en cuando, la aparición de una friolera lagartija o el vuelo del milano sacábame del ensimismamiento, despertando mis aficiones de naturalista. Para estas correrías de tejas arriba, dábame grandes facultades la casa de mi patrón, cuyo huerto lindaba con un torreón de la muralla.
Como es natural, en Jaca hallé también amigos y camaradas con quienes compartir juegos y travesuras. País extremadamente frío el jaquense, nuestra diversión favorita consistía, durante el invierno, en arrojarnos a la cabeza bolas de nieve, en cuya diversión tomaban parte hasta las señoritas, que disparaban sus proyectiles a mansalva desde ventanas y balcones.Cuando los glaciares del enero formaban grandes taludes de nieve junto a las murallas,nuestro predilecto deporte consisistíaen socavar en el espesor de aquellélla corredores y aposentos..." (Recuerdos de mi vida.Ramón y Cajal, Primera parte, VIII)
Vista de la parte oriental de la muralla hacia1950 (foto cedida por P. Juanín Esteban)
Portal de Las Monjas con el "fielato" (de fiel o balanza que se usaba para el pesaje) |
Allí se encontraba el "vedor" que controlaba las mercancías que entraban por
las puertas de la muralla (antiguo "derecho de puertas") desde la salida del sol
(diana), hasta la puesta del mismo (silencio)
Vista del lado occidental de las murallas. Con el Torreón de la Moneda, la Puerta de San Francisco y el Torreón del Seminario
Conforme avanzaba el s. XIX, parecía que no corrían buenos tiempos para la conservación de los muros de las ciudades y menos para aquellas ciudades que, como Jaca, gozaban de la peculiaridad de ser Plaza Fuerte o de pertenecer a lo que se dio en llamar zonas “polémicas”.
Barcelona primero, en 1854, luego Córdoba , Sevilla, Valencia y Madrid vieron caer sus muros, haciéndose eco de la tendencia urbanística europea de expandir las ciudades mediante amplios ensanches, aunque fuera a costa de las murallas que las rodeaban.
En este contexto, y en plena renovación de las ciudades, que se intensificó durante la Revolución de 1868, podríamos entender mejor una de las primeras noticias que surge de la propia ciudad de Jaca, tendente a derribar y no a mantener sus ancestrales muros, pues en dicho año se derribaron las puertas de San Francisco y San Pedro por orden de la Junta Revolucionaria de la ciudad. Obras que, "ante la dificultad de falta de medios", se hicieron gratuitamente, tras petición expresa del Ayuntamiento, por el vecindario quienes, de forma voluntaria, acudieron "provistos de escalas , picos, azadas y demás utensilios". En octubre del mismo año, se completaron los trabajos con una tercera aportación vecinal para el ensanche de dichas puertas y con la subasta de los escombros surgidos de los derrumbes.
Entrada por la desaparecida Puerta de San Pedro (Francia). Todavía se puede observar el antiguo “fielato”, o caseta, donde se hacía un control sanitario de los alimentos y se cobraban los arbitrios y tasas municipales sobre el tráfico de mercancías. Estaban situados en cada una de las puertas de la ciudad
En muy mal estado debía estar el paso por dichas puertas, llamadas ahora de Prim y de la Libertad, cuando, el 10 de noviembre de ese mismo año, se dan órdenes desde el Ayuntamiento para que despejen el paso por ellas y , a la vez, se arregle la puerta de los Baños.
También parece que hubo bastantes desencuentros entre la población civil y los mandos militares de la plaza durante estos años. Por un lado, y ante la situación crítica que vive el país, el gobernador militar ordenó: en 1873, cerrar provisionalmente las puertas con maderos y tablones, en 1874 “a cal y canto”, en 1875 se manda poner maderas en las puertas y, “si fuera necesario, se tapiaran para prevenir un posible ataque carlista”. Cosa que no estiman conveniente ni los ciudadanos, que se quejaban de no poder salir y entrar a su antojo, ni el propio Ayuntamiento, argumentando que no era menester alarmar a la población, además de "estimar poco probable que se acercaran las facciones por ser este país liberal”.
El desencuentro también quedó patente en la financiación de las reparaciones, pues para unos era responsabilidad del municipio y para otros “debería correr a cuenta de la plaza con el presupuesto por el rango de Guerra”.En ese mismo año, 1875, se seccionó un trozo de muralla junto a la Puerta del Castillo (Santa Orosia) para construir el "Hotel Mur": primer hotel moderno que hoy continúa ofreciendo sus servicios a los visitantes.
En 1876 , se habla del feo aspecto que presenta la puerta de San Francisco, la cual, con una brecha de tan solo tres metros, dificultaba y ponía en peligro el paso de los peatones, “sobretodo los domingos que concurren muchos carros y caballos al mercado” además de dar muy mala imagen de la ciudad a los forasteros, en especial “a los muchos que entran por ella en la temporada de los baños de Panticosa”.
Este asunto se empezó a desenmarañar cuando se formó una comisión para haceruna nueva puerta.
Proyecto para la puerta de S. Francisco (Archivo M. de Jaca).
Tras expropiar dos casas contiguas al espacio que ocuparía la puerta, se diseñó un proyecto en el que dicha puerta debía de constar de tres arcos, uno muy grande y central para carruajes, dos colaterales para peatones y encima de la dovela central se colocaría un sillar con la siguiente inscripción: ”Jaca, Puerta de San Francisco, reedificada en 1877”. Debía ser sencilla, no lujosa y armónica con la vieja muralla, lo que obligaba a rematarla con almenas y hasta se propuso reponer los 61metros de muro entre san Francisco y el torreón del Seminario para intentar lavarle la cara a esa zona tan transitada.
La obra, financiada por el Ayuntamiento alcanzó un coste de 17.970 pts. y el episodio concluyó del todo cuando, el 12 de enero de 1878, el Ayuntamiento recibió las llaves de la puerta de manos del gobernador militar.
Puerta de San Francisco (fiestas de Santa Orosia de 1910). Obsérvese el “intento” de armonización con el almenado oscuro de la vieja muralla, así como la inscripción en uno de los sillares situado sobre las tres dovelas centrales (F. De Las Heras )
Lienzo de la parte oriental de la muralla correspondiente al Convento de las Monjas Benedictinas visto desde los accesos a Jaca desde Barós.Todavía se puede ver a la izd. el torreón de las Monjas derribado en 1935. El lienzo que queda en la actualidad y el torreón que se utilizó como ábside de la la Iglesia de San Ginés.
“Sorteando un obstáculo”. Soldados del Regimiento Galicia franqueando la muralla en la parte sur de la ciudad, junto a un Torreón cercano a la puerta de los Estudios, 1914. (Foto publicada en “Historia del Galicia, 450 años de historia”)
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Desde el último tercio del siglo XIX y hasta 1915, fecha de inicio de la demolición de la muralla, la prensa local no cesa de dar continuas noticias referentes a los muros de la ciudad. En ellas, se refleja un anhelo constante por parte de los distintos Consistorios elitistas que se sucedían en el gobierno de la ciudad: hacer desaparecer las murallas.
El 20 de agosto de 1881 “El eco del Pirineo Central” abría su primera página con este titular: “La puerta de los Baños”. Se quejaba el articulista de que no era propio de una capital de partido el deterioro en el que se encontraba dicha puerta, llena de piedras y suciedades; también recogía las peticiones al Consejo Municipal que, en el mismo sentido, hacían los vecinos de los barrios contiguos. Se reclamaban urgentes reformas para las puertas y para toda la ciudad y se pedía que se evitara hacer gastos en “ceremonias y espectáculos para los que como nosotros, quieren de todo corazón a los muros que encierran dentro de si la cuna del seno maternal, las murallas...
“ El autor también comentaba lo cansado que estaba de oír “…los apóstrofes que todos los días lanzan contra nuestra querida Jaca, ¡pobrecita!, los viajeros sanos y enfermos que al pasar de venida y regreso de Panticosa por esa puerta…” porque la veían en ese lamentable estado.
Vista del ángulo entre la parte meridional y el extremo occidental de la muralla. Lienzo desde la Puerta de Baños hasta el Torreón del Castellar (F. de Las Heras)
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En “La Montaña”, otro periódico local, aparecía una opinión en el mismo sentido: restaurar esa puerta y no dejar caer los muros. Las únicas que podía dilatar el proyecto de reforma de la Puerta de Baños, querido por el pueblo y el Ayuntamiento, eran “ciertas entidades” que no eran otras que las entidades militares
No había pasado mucho tiempo, el 9 de octubre de 1881, cuando, otra vez, “El eco del Pirineo Central” anunciaba lo siguiente: “Por correr riesgo de hundimiento, la comandancia de ingenieros de la Plaza hizo demoler un gran trozo de muralla junto al torreón de la parte oriental en la puerta del Estudio de esta ciudad“.
“Parking” que el Ayuntamiento destinó a los carruajes
y que con el título de “Lugar donde se preparaba el vino para Francia” fotografió Julio Requejo en 1917 (DARA). |
El semanario local “El Monte Pano”, en abril de 1887, también llama la atención sobre el mal estado de la muralla entre “San Pedro y Nueva” advirtiendo que, con más frecuencia de lo debido, caen piedras de la parte superior; para concluir afirmando “que si su voz hubiera de ser oída, propondríamos que, a fin de evitar los gastos de una reparación que se impone, se gestione la correspondiente autorización para el derribo de aquellos vetustos muros, que hoy ya no sirven más que para tapadillos de basuras y otras inmundicias”.
Los muros volverán a ser noticia en “El Pirineo Aragonés” del 21 de abril de 1889: “En atención al estado ruinoso en que se hallan algunos trozos de la vetusta muralla que cierra nuestra población, la comandancia de ingenieros, a cuyo cargo corre el cuidado, ha dispuesto demoler los lienzos que más peligro amenazan, habiendo ya comenzado por los dos trozos de la parte del mediodía que se hallan visiblemente quebrantados y que creemos que no se reedificarán por haber sido suprimido el capítulo de conservación de dicha muralla, en atención a los fuertes que se construyen y que en breve alterarán las vigentes restricciones polémicas…”
Esta alusión a la supresión del “capítulo de conservación” y a los “fuertes que se construyen” dejaba bien a las claras no sólo el abandono presupuestario para el mantenimiento de las murallas, sino la apuesta firme por un sistema defensivo nuevo, que iba a “licenciar” de paso, a la que fue la primera causa del declive de las murallas, me refiero a la vieja Ciudadela, relegada, desde ahora, a un pequeño cuartel y a un papel puramente testimonial como monumento histórico.
Fuerte de Rapitán.
Uno de los “fuertes”, a los que hace referencia el artículo anterior, es el Fuerte de Rapitán, comenzado en 1884, terminado en parte en1900 y concluido de forna definitiva en1911. Con esta nueva construcción defensiva, mucho mejor adaptada a los ataques de artillería y situada en el monte del mismo nombre, a 1.142m. de altura, renovaba Jaca el ya histórico recelo a una posible invasión por parte de los franceses. |
Según leemos en estas noticias, nos enteramos de que, poco a poco, van desapareciendo, como si de un castillo de naipes se tratara, pequeñas partes de la muralla; después iba a ser el turno de una puerta emblemática, puerta que durante muchos siglos había sido, junto con la de San Pedro, la puerta más importante de entrada a la ciudad: la Puerta de los Baños.
Parece que los intentos de realizar su restauración no llegaron a buen puerto y se tiró por la tangente, es decir, se optó por echarla abajo. Su derrumbe fue todo un acontecimiento, pues se celebró con gran solemnidad y pompa, a tenor de la noticia que aparece en “El Pirineo Aragonés” del 13 de noviembre 1892, donde se dice que a dicho evento asistió el Ilmo. Ayuntamiento con toda la corporación y en el que, de paso, se aprovechó para inaugurar la tan esperada unión de dicha entrada con la carretera de Zaragoza-Francia, que pasaba a unos escasos 200 m. más abajo.
No faltaron abrevaderos en cada una de las puertas de la ciudad. En la imagen, la pila del abrevadero del Portal de Baños. Hoy se encuentra reubicado, al igual que algunos sillares de la muralla (parte derecha), reforzando el talud de la entrada del antiguo camino de Zaragoza
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A estas alturas, las intenciones del Consistorio parecen claras y denotan una firme determinación sobre cuál debería ser el destino de la muralla, pues, a las actuaciones concretas que se hacían en la ciudad , se van a añadir otras largas gestiones administrativas y políticas a nivel nacional. Jaca, al igual que otras ciudades españolas que se encontraban en situación similar, es decir, aquellas que tenían la peculiaridad de ser Plaza Fuerte, aspiraba a liquidar los muros en las mejores condiciones para la ciudad.
“Murallas de Jaca” en 1917. Julio Requejo (DARA).
Tramo de muralla entre la Puerta de Santa Orosia y
San Francisco. Al fondo, el"Hotel Mur",esdificado
sobre la muralla en 1875
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En este contexto, y en plena pugna entre militares y civiles por la titularidad de los terrenos que ocupaban las murallas, el que fuera alcalde de Jaca desde el 1893 al 1909, D. Manuel Ripa, en unas gestiones “muy atinadas”, se sumó, en 1894, a una iniciativa que había surgido desde el Ayuntamiento de Pamplona. Se trataba de unir la causa de Jaca a la de 30 ciudades más (Pamplona, San Sebastián, Palma de Mallorca, Cádiz…) para, en una acción conjunta, hacer una campaña de presión a nivel nacional. Aspiraciones que quedaron satisfechas con una Real Orden (de 21 de diciembre de 1896) que propuso replantear las zonas “polémicas” de toda España.
Panorámica de Jaca tomada desde un globo aerostático Montgolfier,
”Ciudad Condal".Fue pilotado por el capitán LLavier tras elevarse 300m.desde el Campo del Toro y aterrizar cerca de Guasa (Archivo del Obispado de Jacan 1889)
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Olvidados ya los criterios estéticos por mantener las puertas en buen estado y sabedores del nulo papel defensivo de la muralla, del que los propios militares eran más que conscientes, ahora llegará el turno de los argumentos de tipo sanitario, que se utilizaban un día sí y otro también, para disparar salvas contra las murallas. En efecto, no eran pocos los que las consideraban un foco de infecciones o de insalubridad, que amenazaba la salud de los jacetanos, a causa de los desperdicios y basura que había en algunos puntos de la muralla.
Así pues, no será extraño que unas veces sea el Ayuntamiento y otras las autoridades militares quienes se encarguen de continuar limando, poco a poco, los muros de Jaca.
Vista desde la Puerta de Santa Orosia con la muralla en primer plano. Era frecuente que, ante la falta de espacio, durante la feria de San Lucas, el ganado campara alrededor de las murallas, en la plaza del Toro y Hortetes, en las eras Mayores o, como en este caso, en los glacis de la Ciudadela (1900/1910)
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En enero de 1895, el alcalde D. Manuel Ripa ordena la demolición del torreón adosado a la Puerta del Estudio, esta vez con el argumento de “que quede más expedito el agradable y abrigado paseo de invierno” (“El Pirineo Aragonés”). Paseo que, en estos momentos, correspondía al tramo de ronda entre Estudios y Castellar, que adornado de hermosos árboles y amenizado, con frecuencia, por la música militar que surgía del Cuartel de los Estudios, era, junto con los glacis de la Ciudadela, uno de los lugares preferidos por los jacetanos para pasear hasta que el sol se ocultaba por detrás del monte Cuculo.
Tampoco fueron infrecuentes las noticias en la prensa de la capital de la provincia, Huesca. De vez en cuando, se hacían eco de las aspiraciones de los jacetanos, así el “Diario de Huesca” de abril de 1900 decía al respecto: “Desde hace algunos días se ocupan en Jaca varios obreros en el derribo de la parte ruinosa de las muralla comprendida entre San Francisco y Baños. El vecindario vería con gusto que dichas operaciones se extendieran a otros trozos que también se hallan ruinosos”. Y en1902, un artículo de “La Montaña” recordaba lo que Madoz había escrito de Jaca y sus murallas a mediados del s. XIX: “que no eran ni sombra de lo que fueron pues hoy no resistirían media docena de cañonazos del cercano Rapitán...” “… y de las siete puertas solo quedan dos: la de las Monjas y la de San Francisco...”
Razón no le faltaba al redactor de esta noticia, ya que en ese mismo año, en 1902, y a petición de D.Rufino Abad Mayner, alcalde de Jaca,se derribó el Torreón de la Puerta Nueva "por considerarlo un obatáculo que impide la alineación de uno de los paseos más frecuentrados de la población en época de invierno", así como la Puerta de San Pedro "con los pilares o trozos de muralla en la que se apoya por ambos lados, por tener poca anchura y considerarlos un peligro constante para toda clase de vehículos"
La Puerta de San Francisco engalanada
para la visita de Alfonso XIII en 1903 |
En esta coyuntura, ante la visita del Rey Alfonso XIII a la ciudad, en 1903, las autoridades jaquesas no perderían la ocasión para plantear al propio monarca, de viva voz y por instancia,redactada por el alcalde de Jaca D. Rufino Abad Mayner, la demolición de sus muros. Ante tan importantísimo evento, la ciudad se embelleció con magníficos arcos patrióticos, además de adornarse con "gigantescos medallones de estilo modernista, los cuales serán colocados sobre la tapia de unos jardines en la calle del Obispo, para que su majestad pueda, desde los balcones del palacio, leer las inscripciones: ¡Viva el rey!, ¡Vivan los príncipes de Asturias!, ¡Viva el ferrocarril de Canfranc!, ¡Jaca sin murallas!. Y en otro artículo titulado “Visita regia” se dice: “… al inolvidable monarca D. Alfonso XII debe esta comarca que la locomotora, cual rayo luminoso, cruce el Alto Aragón”… “a su augusto hijo suplicamos que, decretando el derribo de las vetustas e inútiles murallas que nos oprimen como cinta de hierro, satisfaga nuestra aspiración de que los puros aires del Pirineo oreen nuestros hogares” (El Pirineo Aragonés).
No faltaba mucho para la orden que daría el pistoletazo de salida para la desaparición de los muros, tan solo 12 años, y, mientras tanto, en el Consistorio se iban preparando para lo que se daba ya por hecho: la pronta orden del derribo. Así, entre noviembre y diciembre de 1903, se ordena y se confecciona un plano, donde constan las parcelas de las propiedades contiguas a la muralla con los nombres de sus dueños, con la finalidad de conseguir otras aspiraciones añadidas que acompañaban a la demolición: “que en lo posible queden parcelas edificables y que no sea vía pública la totalidad o la parte del terreno que el Ramo de la Guerra haya de ceder cuando se efectúe la demolición” (Acta Archivo Municipal de Jaca).
Plano parcelario de las propiedades contiguas
a la muralla, con los nombres de los dueños,realizado el 12 de diciembre de 1903. En base a él, se efectuó el deslindado, tasado y enajenamiento en pública subasta, con derecho de tanteo, a los poseedores de las fincas colindantes (Archivo M. de Jaca) |
También llegan al Ministerio de la Guerra instancias de vecinos jacetanos solicitando que se les cedan trozos de terreno que hoy ocupan las murallas y rondas, cuya propiedad no está bien definida. Iniciativas que el Ayuntamiento tratará de impedir pidiéndole al Ministerio de la Guerra que suspenda dichas peticiones hasta que las Cortes autoricen la demolición.
Mientras tanto, se iban sucediendo un goteo de intervenciones que iban afectando a todos aquellos lugares de la muralla que estaban deteriorados, o, simplemente, estorbaban para la construcción de nuevos edificios. En este sentido, la primera zona que vio caer sus muros, casi de una forma sistemática, fue la zona norte; por otra parte, la más lógica, dado su planicie y la frecuente comunicación que exigían las tareas agrícolas, dada la proximidad de las eras Mayores.
Trabajo en la eras de Jaca. Al fondo, la parte septentrional de la muralla anterior a 1908
Así, en 1907, se aborda el desmantelamiento de un primer tramo que incluía la puerta de Felipe III, octava puerta, de verjas de forja, que, de forma tosca, se había abierto en la plaza del Campo del Toro.
Celebración de Santa Orosia en la plaza del Campo del Toro ante el
antiguo veneratorio adosado ala muralla.
Foto tomada en 1896 por Ignacio Coyne
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En esta misma zona, en el Campo del Toro, el 1 de abril de 1910 se hicieron derribos de importantes lienzos, con queja incluida de la vecindad, encabezada por Ramón Biscós. En este caso, por el método empleado en los trabajos, pues, en contra de lo acordado, el contratista de obras utilizó explosivos para la demolición, trabajos que costaron al Consistorio 850 pts.
En 1912 se derriba otra buena parte de la muralla, en la misma zona, al amparo de la edificación del nuevo y flamante Templete de Santa Orosia.
El nuevo Templete en construcción y la Sociedad del Molino en el día de Santa Orosia de 1908. Autor: Juli Soler i Santaló
(Arxiu Fotogràfic Centre Excursionista de Catalunya) |
Era ya el año 1913 y, al parecer, había más de una duda sobre la parcelación que se había hecho con los terrenos adyacentes a la muralla, por considerar que varias de las propiedades no estaban muy bien definidas. Al respecto, es aclaratorio el acuerdo tomado en el Consistorio al hacerse eco de que el Ramo de la Guerra “había tratado de enajenar a particulares unas parcelas de terreno contiguas a la puerta de San Francisco”, cosa que el Consistorio intenta evitar argumentando que esos terrenos eran considerados como paso de Cabañeras, y que, además, se encontraban situados en la alcantarilla o cloaca general de la población.
En ese mismo año, el 13 de mayo de1913 y basándose en la ley de de 17 de junio de 1864, el Ministerio de la Guerra, tiene a bien resolver la petición de Doña Petra Ara Petriz, concediéndole el viejo e histórico Torreón de la Moneda, que linda con una casa de su propiedad "mediante el pago del citado Torreón y superficie por él ocupada".
En primer plano el Torreón de la Moneda; Juli Soler y Sataló.
( Arxiu Fotogràfic Centre Excursionista de Catalunya) |
El año 1914 iba a ser clave para las aspiraciones de aquellos jacetanos que venían luchando por el derribo de las muralla, pues, desde que se iniciara el año y hasta diciembre, mes en el que fue sancionada la ley de derribo por el rey Alfonso XIII, se van a prodigar los plenos en el Ayuntamiento y las gestiones políticas, tanto a nivel local como a nivel provincial y nacional. El Ayuntamiento, encabezado por su alcalde Antonio Pueyo Bergua, llevó a cabo una tenaz actividad con el objetivo de que se vieran realizadas las aspiraciones por las que el Consistorio venía trabajando desde hacía un cuarto de siglo.
En un ambiente de euforia, y convencidos de que la muralla estaba al caer, el 1 de abril , a moción de Fermín Díaz, y tras cumplir una serie de condiciones impuestas por el Ministerio de la Guerra, entre las que se encontraba la de utilizar los materiales resultantes de la demolición en arreglar y mejorar el camino a la iglesia-polvorín de San Miguel de Abós a cuenta del Municipio, se derribó la puerta del Estudio por un importe de 295 pesetas: “único arco que quedaba subsistente de los siete que antiguamente servían para incomunicar con las afueras a los habitantes de la ciudad y cuyas llaves eran guardadas por la autoridad militar de la plaza” (“El Pirineo aragonés”). Y en mayo, el Ayuntamiento solicita al ramo de la Guerra la demolición del rehecho portal de San Francisco, por ser un impedimento para el desarrollo de edificaciones adosadas al mismo.
En julio, a propuesta del alcalde Antonio Pueyo Bergua, se forma una Comisión para desplazarse a Madrid y tratar con el ministro de la Guerra “soluciones armónicas para el interés del Estado y Jaca para tratar el asunto de las murallas que ha sido y sigue siendo objeto de las aspiraciones de los vecinos”. Esta Comisión estuvo formada por el propio alcalde, el secretario del Ayuntamiento y los diputados provinciales D. Manuel Gavín y D. Juan Lacasa. Fruto de estas gestiones, encabezadas por el diputado Sr.Piniés fue la aprobación, el 10 de julio, por el Consejo de Ministros, de la demolición total de las murallas de Jaca, para lo cual se preparará y presentará el oportuno proyecto de ley.
La calle mayor de Jaca, desde el intradós
de la Puerta de San Francisco |
Entre agosto y septiembre del mismo año, “Porque impide la circulación del aire necesario para la ventilación de muchos edificios próximos cual lo requiere la salubridad pública”, la Junta Municipal de Saneamiento justificaba la destrucción de la puerta más emblemática que Jaca tuvo durante 37 años, me refiero a la reedificada Puerta de San Francisco. En su momento costó 17.970 pts. y ahora, por el módico gasto en jornales de 355 pesetas con 25 céntimos, iba a ser demolida por encargo del Ayuntamiento, tras la aceptación de la autoridad militar competente, “por el maestro albañil D. Agustín Ato, comprometiéndose a ejecutar las obras en el término de un mes” (El Pirineo Aragonés, 22 de agosto). Y el 12 de septiembre del mismo año, se podía leer en el mismo periódico otra razon que justificaba dicha desaparición: la de lucir “las esbeltas construcciones a que ha dado lugar la reciente desaparición de la llamada puerta de San Francisco…”
El 24 de octubre, el diputado Sr. Piniés se reúne en pleno con el Ayuntamiento para exponer “lealmente” sus iniciativas en Madrid, a los concejales, a los que anuncia la pronta aparición de la ley de derribo de las murallas. En efecto, el 25 de noviembre sale publicado en “La Gaceta” el proyecto de ley que el ministro de la guerra, Ramón Echagüe, presenta en las Cortes y el 15 de diciembre se forma una comisión nombrada por el Senado para el derribo de las murallas, donde estaban el Duque de Bivona, Escuer, Nuñez de Prado, Santa Cruz, Polo y Royo, don Ricardo, (ABC del 15 de diciembre de 1914).Y el 26 de diciembre del 1914, en la Sección política del ABC, aparecía la siguiente información, con la que se terminaba este largo y tortuoso camino que condujo a la desaparición de las murallas: “Hoy a las 12h. acudirán a Palacio las Mesas de las Cámaras para someter a sanción Real las leyes últimamente votadas…la demolición de las murallas de Jaca y Pamplona".
Noticia publicada en la Gaceta de Madrid,
del 8 de enero, con la sanción real firmada por el Ministro de la Guerra el día anterior, autorizando el derribo de las murallas de Jaca |
Al eco de esta noticia, el lunes 28 de diciembre, y en sesión extraordinaria, se reunió el Ayuntamiento para celebrar la sanción de la ley, tan esperada, del derribo de las murallas que circundan la ciudad así como el ensanche y su urbanización. En este mismo pleno se decidió declarar hijos adoptivos de esta ciudad al excelentísimo señor D. Ramón Echagüe, conde del Serrallo y actual Ministro de la Guerra, al ilustrísimo señor D. Vicente de Piniés, Diputado en Cortes por Jaca y Director General de Administración y al señor D. Julio Rodríguez Mouredo, Coronel de Ingenieros, por su decidido interés en beneficio del derribo de las murallas. También se dispuso poner los nombres de : “Conde de Serrallo”, “Piniés D.Vicente” y “Rodríguez Mouredo D. Julio” a tres calles del proyectado ensanche, entregándoles, además, sendos títulos de reconocimiento, encargados a un vecino de Madrid, D. Francisco Llorens, por un importe de 600 pesetas, dado su “notable trabajo calígráfico.
El 7 de enero de 1915 se publicó la Real Orden en la que de una manera sucinta, se reconocía lo siguiente: que..."el terreno que ocupan las murallas y el correspondiente á los caminos de ronda exterior e interior, después de deslindado y tasado, será enajenado en pública subasta con la concesión del derecho de tanteo á los poseedoresde las fincas colindantes á las parcelas respectivas, adjudicándose el 75 por ciento de la venta al Estado y el 25 por 100 restante al ayuntamiento...exceptuando de esa enajenación los terrenos necesarios para vías públicas.." El resultado de la tasación hecha por una Comisión mixta el 27 de febrero ascendió a un valor total de 59.603,60 pesetas, de las que correspondieron 44.702,70 al ramo de la Guerra y 14.900,90 al Municipio.
Conseguida y publicada la ley el 7 de enero de 1915, parecía que el invierno no era la mejor época para el inicio de las obras del derribo. Mientras tanto, tampoco faltó la voz de algún jacetano que, consciente del momento histórico que se vivía, tirando de fina ironía y humor, aprovechó la ocasión para intentar matar dos pájaros de un tiro, al proponer hacer, con las piedras de la muralla, la tan deseada plaza de toros, para reemplazar la existente de madera:“Fuerte y definitiva como las rocas de las montañas y la testarudez que la raza aragonesa... La piedra de nuestras murallas, "que desprecio al aire fueron", se dispone a venir al suelo, humillada y solícita, como diciendo: Pasó el tiempo de ballestas y arcabuces. Cogedme y colocadme en círculo pintoresco, donde se estrellen los ecos del aplauso popular y los acordes de la música de la que amenice los quintos pares de los novilleros de tronío…”. (27 marzo de 1915, El Pirineo Aragonés).
El asunto de la plaza de toros, no era una cosa baladí, y venía de largo, pues según nos dice Prancisco Quintilla en "Cosas de Jaca "," edificóse el año 1895 una bonita plaza de toros, que hubo necesidad de destruir por ...causas agenas a la á la voluntad de la Empresa", animando a construir un nuevo edificio al que no le sucedería lo mismo por "que el Teatro no tiene zona de guerra" (Nota: en las plazas de guerra, como era el caso de Jaca, estaba prohibida toda clase de obras que modificasen sensiblemente la configuración de los glacis de las murallas)
Artículo publicado en el Pirineo Aragonés
el 27 marzo de 1915, sobre la utilidad que se les podía dar a “las piedras de nuestras murallas” |
Despertado del letargo invernal, el Ayuntamiento se dispuso a poner en práctica la Real Orden; en el pleno del 1 de mayo se trata el controvertido tema de los deslindes y tasaciones de los terrenos ocupados por las murallas y las rondas interior y exterior, la separación de parcelas, la delimitación de los terrenos para edificar y aquellos que quedarían para vías públicas. A este respecto es notorio resaltar las discrepancias que tuvieron entre el Ayuntamiento y el Ministerio de la Guerra por dilucidar a quién pertenecía la propiedad de algunas casas que desde tiempos inmemoriables estaban adosadas a la muralla, así como del camino interior de ronda; por lo cual tuvieron que echar mano de órdenes tan antiguas como la que el 3 de octubre de 1552 concedió a los Jurados de esta ciudad el Príncipe de Asturias, gobernador General del reino de Aragón, en nombre del Emperador su padre y que disponía "...que entre las murallas y el caserio y los huertos interiores, quedase una anchura necesaria para el paso a la vez de dos carruajes de artillería"
También en sesión plenaria el Ayuntamiento acuerda cuál iba a ser la fecha oficial para comenzar la liquidación de los muros y decide que sería el 20 de octubre, añadiendo que debía ser un acto que revistiera la solemnidad que el acontecimiento merecía. Llegado ese día, a las 16h. acudieron, a la zona norte de la muralla, el Ilmo. Sr. D. Vicente de Piniés, las más altas autoridades locales y representaciones de entidades civiles, militares, eclesiásticas y sociales, así como el Ayuntamiento en Corporación. Tras los discursos correspondientes del Alcalde y D. Vicente Piniés, a los que siguieron efusivos aplausos, el señor alcalde D. Antonio Pueyo Bergua escenificó el acto, subiéndose a uno de los torreones de los Hortetes y derribando un “peñasco”, para, a continuación, seguir la tarea los obreros. El acto concluyó con un espléndido “lunch” para los invitados, en el teatro, a cuenta del Ayuntamiento, gastos que, junto con las obras, ascendieron a 248 pesetas con 75 céntimos.
Así se hizo eco de la noticia del inicio
de la demolición de la muralla el Heraldo militar (Madrid) 23/10/1915 |
Pese a que la Real Orden del 17 de septiembre de 1904, obligaba a realizar la demolición de la muralla en un plazo de dos años, dicha demolición, no se ejecutará siguiendo una planificación ni un plazo determinado, pues los lienzos irán cayendo, bien en función de los presupuestos que a tal efecto disponía el Ayuntamiento, o bien cuando se solicitaba la edificación de un nuevo edificio en las inmediaciones de la muralla.
Así, en 1918 se trabajaba en la demolición de importantes lienzos en la zona norte, en los Hortetes; en 1922 todavía quedaba en pie buena parte del cerco jacetano, a cuya extensión hace mención, en ese mismo año, F. Lamolla en su “Memoria descriptiva del proyecto de Ensanche para la ciudad de Jaca”, donde nos dice al respecto que la muralla “había sufrido varios seccionamientos imprescindibles, quedando subsistentes 1476,67 metros de longitud y 14 torreones” .Y en 1935 se derribó el Torreón de las Monjas por un importe de 1.751pts. pagadas a partes iguales entre D. Antonio Pueyo y el exmo. Ayuntamiento.
“Jaca. Murallas” con el torreón de la Misericordia (a la derecha) y al fondo ( a la izda.) el torreón de San Francisco o de la Moneda (F. De Las Heras) 1915
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Así, de forma paulatina, pero continuada, durante los años 30, 40 y 50, las murallas fueron desapareciendo de la vista de los jacetanos del mismo modo que habían aparecido, lentamente y sin hacer mucho ruido, de tal modo que hubo generaciones de jacetanos que vieron transcurrir su juventud acostumbrándose a unos “parches” que, de forma inconexa, aparecían y desaparecían por las distintas partes de lo que fuera el antiguo cerco, y que, como si de un “puzzle” se tratara, hacía costoso descifrar su verdadero significado.
Los sillares y material de la muralla demolida no solían ir muy lejos. En este caso sirvieron para afianzar los muros de las huertas (1966). En la foto se inician los trabajos del futuro cine Astoria (Foto cedida por P. Juanín Esteban)
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Un considerable tramo de muralla se conservó casi intacto hasta principios de 1950 en el llamado Paseo de Invierno y en la zona que iba desde la Misericordia hasta el Castellar, dejando a al vista, desde la década de los 60, el único testimonio que el que suscribe recuerda: los lienzos en torno a la huerta y Convento de las “Benitas" y el torreón que fue utilizado como ábside en dicha iglesia.
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Templete de Santa Orosia, muralla y Torreón del Campo del Toro
a mediados de los años 20
Según lo anteriormente expuesto, queda meridianamente claro que los motivos que condujeron a la pérdida de los muros fueron el resultado de unas circustancias históricas complejas, en gran medida producto de la mentalidad de una época que vio en la desaparición de las murallas, una contribución estética e higiénica para la mejora de la ciudad.
También parece evidente que la primera causa que motivó la pérdida de las murallas fue la desaparición de la finalidad que las habían originado, es decir, la defensiva. Cuando, a finales del s. XVI, para la defensa de Jaca, se decidió apostar por la construcción de la Ciudadela. Desde ese momento, la reparación y consolidación de los muros ya no será una necesidad imperiosa.
Castillo de San Pedro (Ciudadela), pentágono de 160 m. de lado, diseñado por Tiburcio Spanochi, mandado construir por Felipe II a finales de S.XVI
A diferencia de lo que podía suceder en otras ciudades, el desmantelamiento de los muros, desde el punto de vista técnico y económico, no fue una empresa extremadamente complicada, pues a pesar de que Jaca tenía 500 casas y 50 calles, como observa atinadamente Jean Passini, ”a principios del s. XX el espacio urbano no estaba totalmente ocupado y los edificios o las casas solo apoyaban sobre las murallas en sitios muy precisos como en el monasterio de las Benedictinas y en algunas casas de los barrios de San Pedro y de la calle del Pez. La existencia de un espacio libre entre las casa y las murallas facilitó la destrucción de estas.”
Otro factor importante es que el hecho de que Jaca adquiriera la condición de plaza fuerte fue creando, en la mentalidad de los jacetanos de fines del S. XIX, una sensación de opresión, tanto física como psíquica, que desembocó en la necesidad de zafarse de la rigidez con la que los mandos militares de la plaza ordenaban todo aquello que estaba relacionado con la muralla.
Restos de la muralla muy próximos a la Puerta de San Pedro, en 1930 (Foto de Pedro Juanín)
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En efecto, fueron frecuentes las voces de jacetanos que se lamentaban de que para hacer cualquier reforma, por pequeña que fuera, tenían que pedir un permiso con instancias y planos a Madrid.
Parece que los tiempos en que las puertas de la ciudad se cerraran desde “silencio” a “diana” y en que las llaves de las puertas de la ciudad, en última instancia, pertenecieran al estamento militar, no estaban acorde con la libertad de movimientos que reclamaban los jacetanos; reflejo de ello es la nota que en su sección de “Crónica local” nos cuenta el semanario “El Monte Pano” de 15 de julio de 1886: ”Algunos vecinos de la Puerta de los Baños se han acercado hasta nuestra redacción para rogarnos hagamos pública la satisfacción que experimentarían si la autoridad local ordenase dejar abierta aquella puerta por lo menos hasta las once de la noche; medida que les evitaría las molestias y perjuicios consiguientes al rodeo que hoy se ven precisados a dar, si han de comunicarse con las eras por la puerta de San Francisco”.
Tres años más tarde, en el mismo periódico, aparecen dos nuevas noticias que aluden a la misma problemática: una comentando la incidencia que tuvieron unos jacetanos, que se habían trasladado hasta los glacis a escuchar un concierto y “al retirarse los paseantes, la Puerta de San Pedro estaba cerrada y tuvieron que ir por la de San Francisco, rogando no se cerrase hasta la entrada de los paseantes”; y la otra, que hacía la petición de no cerrar la puerta de las Monjas al haber pasado la calle Mayor a ser carretera del Estado.
Plano de Jaca de 1908 en el que se observa todo el recinto amurallado
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Así pues, no es de extrañar que tanto el Ayuntamiento como el resto de la población jacetana relacionaran las murallas con el control jurisdiccional que el Ministerio de la Guerra ejercía sobre las zonas polémicas de las plazas fuertes y que, en consecuencia, aspiraran a liberarse de ellas.
Después de iniciarse el derribo, el Consistorio jaqués, tras acogerse a la ley de ensanches de 21 de julio de 1892 y pensando en el futuro desarrollo industrial y mercantil, que aumentaría la prosperidad de la ciudad, encarga, en 1917, a Francisco Lamolla, el ensanche de la ciudad, la reforma del interior del casco y sus enlaces con los nuevos ensanches. En dichos planes no se contempló la conservación de los muros, pues el propio Lamolla, en la memoria realizada en 1922, justificaba su desaparición, aludiendo a que facilitaría las comunicaciones interiores y exterior, además de permitir que el sol penetrara en las viviendas y que “fundamentalmente” favorecería las condiciones higiénicas de la ciudad.
Mujeres junto a la muralla en 1912
(Foto cedida por P. Juanín Esteban) |
Efectivamente, las condiciones higiénicas y de salubridad de la Jaca del S. XIX no eran ejemplares, pero parece desproporcionado pensar que el derribo de las murallas fuera parte de la solución a estas, máxime cuando la llegada de agua a través de la tan esperada obra del canal(1891) y la traída de aguas desde San Salvador(1912) habían mejorado sustancialmente las condiciones higiénicas de la ciudad.
Tampoco es desdeñable recordar que algunos jacetanos no dejaron pasar la oportunidad de hacer buenos negocios con la adquisición de terrenos adyacentes a las murallas, pues, tras la delimitación de solares y la correspondiente parcelación, el suelo rústico adquirió el carácter de suelo urbano, con el consiguiente enriquecimiento de sus propietarios.
Un siglo después se puede observar que la ciudad ha crecido, que el trafico rodado es fluido, tanto por los ensanches como por las rondas y que, paradójicamente, con la acertadísima peatonalización del antiguo casco histórico, Jaca ha recuperado gran parte del encanto de una ciudad con historia; pero, desgraciadamente, sin las murallas que la acompañaron durante casi 1000 años.
Como ya he mencionado anteriormente, el derribo de las murallas de Jaca no fue un caso aislado; hubo otras muchas que también sucumbieron ante el afán de renovarse a base de hacer desaparecer del mapa importantes episodios de su pasado; pero pocas murallas, como las de Jaca, alargaron su existencia hasta el 1915 .
Vista de la parte oriental de la ciudad de Jaca, hacia 1955
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Contrariamente, algunas ciudades españolas como Lugo, Ávila, Ciudad Rodrigo, Montblanc o europeas como Dubrovnik, Carcasona, Lucca, Bergamo o Rothenburgo mostraron un escrupuloso respeto por sus conjuntos pétreos, al expandir la ciudad con unos planes urbanísticos en los que no se contemplaba la desaparición de sus históricas murallas.
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AGRADECIMIENTOS:
Mi agradecimiento a Jorge Ochando, por su colaboración y asesoramiento en labores técnicas; a Esteban Gómez, por sus impagables préstamos y a los componentes del Archivo Municipal de Jaca por su atención y amabilidad: Archivera, Blanca Calavera. Aux. Archivero, José A. Rivero y Administrativa, Antonia Rius.
12 comentarios:
- trimbolera12 de enero de 2015, 2:30Este magnífico trabajo es para leerlo despacio, releerlo y rumiarlo, recorrer los puntos, reconocer los espacios, caminar por los lugares que ocupaba ... algo que pienso hacer. Muchas gracias.ResponderEliminar
- valentin mairal12 de enero de 2015, 10:54Gracias Trimbolera. Eres muy amable.ResponderEliminar
- Anónimo16 de enero de 2015, 9:17Hola, Tino: con la cantidad de trileros que pululan hoy en día por esas redes, da gusto visitar tu blog, tan documentado como bien redactado y escrito (no te dejas ni un acento ni coma bien puestos). No sé si serás ya el cronista oficial de la villa de Jaca pero, si no es así, yo te propondría. Lástima lo de la muralla, pero siempre nos quedará visitar Ávila o Lugo y, en Francia, casi aún más cerquita todavía, Avignón o Aigues-Mortes. Creo que, después del derribo de la muralla, el atropello urbanístico más grande cometido en Jaca, en lo que yo conozco, es el perpetrado en la plaza Biscós, Templete y arbolado incluidos. Para no ser tachado de paleto antihistórico, me reservo mi opinión sobre la "decapitación" de la Torre del Reloj o de la Cárcel, pero me gustaría conocer la tuya y que un día, cuando tengas tiempo, dedicases una crónica a la misma y a la plaza en que se ubica, donde están mis mejores recuerdos.Cambio de tercio: tengo entendido que eres cuñado de C.L.A. (o era C.L.G.?). Si es así (y si se acuerda de mí), dale recuerdos y un abrazo de parte del mayor gamberro que ha pasado por el instituto Domingo Miral en sus cincuenta y tantos años de historia.Un abrazo y feliz año. PLV.ResponderEliminar
- valentin mairal19 de enero de 2015, 1:09Hola de nuevo, Paco:Gracias por tus amables palabras y me alegro de que te guste mi blog al que le dedico todo el cariño , que no el tiempo, que me gustaría. Sí, es cierto que Jaca sigue siendo muy bonito, y lo es a pesar de los errores urbanísticos que nos han querido vender camuflados de progreso, cuando no han sido más que puras y duras especulaciones. También se le pueden añadir detalles de "buen gusto" como el que aludes de la Torre del Reloj y espero tener tiempo de hablar de tu sugerencia.Y sí, mi cuñado es C.L.A. al que trasmitiré tus recuerdos. Su padre también fue maestro y no dudo que conociera a tu madre.Un abrazo para todo el año.Tino.ResponderEliminar
- Ateneo Jaqués20 de enero de 2015, 8:02Interesantísimo y muy necesario el trabajo que has emprendido amigo Valentín. Mil gracias. Compartimos.ResponderEliminar
- valentin mairal20 de enero de 2015, 13:26Lo mismo digo de vosotros, vais a toda máquina con vuestros proyectos. Y gracias por vuestro seguimiento.ResponderEliminar
- José Domínguez13 de octubre de 2015, 3:52Magnifico trabajo Valentín, a pesar del tiempo que lleva publicado no habia llegado a él, es buen momento para difundirlo todo lo ampliamente posible ahora que se habla de la conmemoración de los cien años del derribo de Las Murallas, evento del que intuyo tu no estas lejos. Lo comparto en Viejo Aragón, gracias por tu trabajo y generosidad.ResponderEliminarRespuestas
- natalia13 de octubre de 2015, 7:40Gracias por compartir tus conocimientos, excelente trabajo.ResponderEliminarRespuestas
- Juan Sandin23 de octubre de 2015, 2:45Gracias por tan bonitas imágenes de una historia apasionante.ResponderEliminar
- valentin mairal23 de octubre de 2015, 3:40Hola Juan,me alegro de que te guste. Un abrazo.ResponderEliminar
10 comentarios:
- Un extraordinario trabajo. Muchas gracias. He disfrutado muchísimo y con tu permiso lo comparto.
- La verdad es que es un tema que siempre me ha parecido atractivo y yo también estoy disfrutando y enterandome de sosas que desconocía. Muchas gracias por tus palabras y por supuesto puedes compartirlo.Un saludo.
- Enhorabuena pedazo de documentación, gracias solo por estas cosas balen la pena las redes sociales. un saludo
- Muchas gracias Rosario por entretenerte leyéndolo.
- Anónimo16 de febrero de 2015, 14:00Eres un fenooomeno VALENTIN, enhorabuena.Domingo.
- Hola Domingo.Me alegro de saludarte.Y gracias.
- Hay que ver lo bien que te lo curras, gracias amigo, que bueno es este jacetanismo, te admiro, un fuerte abrazo
- KPIK, gracias por tu comentario. Unsaludo.
- Anónimo2 de marzo de 2015, 10:50Estoy de acuerdo con todos: excelente trabajo. PLV
8 comentarios:
- Muchas gracias por tu trabajo, lo he disfrutado mucho.
- Este comentario ha sido eliminado por el autor.
- Anónimo17 de mayo de 2015, 14:51Gracias VALENTIN por tu esmerado trabajo un fuerte abrazo joaquin
- Magnifico reportaje Valentín, buenas fotos y mejor texto, gracias por hacernos participes.
- Creo que el tema de las murallas, como a otros jacetanos, te ha ido por la cabeza alguna vez. Muchas Gracias, Josechu.
- Anónimo21 de octubre de 2015, 10:14La información y los documentos gráficos que nos ofreces en estos artículos son muy interesantes e inéditos para muchos jacetanos. Me han gustado mucho los tres capítulos.Ahora sólo me queda volver a Jaca y darme un paseito por los lugares que has mencionando y tratar de ubicarme en el pasado. Buen trabajo!Susana