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Crepúsculo en La Balsa de la Luz. Foto de F. de las Heras, 1925 |
Siempre hay algún motivo para el recuerdo. Desde hace unos años, de vez en cuando, caía en mis manos esta fotografía de F. de las Heras con su sugerente título: "La Balsa de la Luz", y balsa, lo que se dice balsa, no llegué a conocer ninguna fuera de los encharcamientos que solían formarse en el barranco de Membrilleras, entre Casa la Mota, el espacio de lo que es hoy la urbanización de Prado Largo y la huerta de Calabaceta. Lugares en los que, tras las lluvias, solía formarse un enorme humedal con cañaverales de dos y tres metros de altura y en los que, llegué a sospechar, era donde podía encontrase la Balsa.
Pero... ¿y los patos? Era imposible que ese barranco diera para tanto. Habría que buscar otro lugar, pues tampoco era cuestión de pensar que los patos se habían colocado como en los "tirapichones" de las ferias, a posta, para que Francisco se luciera con esa foto.
Pero... ¿y los patos? Era imposible que ese barranco diera para tanto. Habría que buscar otro lugar, pues tampoco era cuestión de pensar que los patos se habían colocado como en los "tirapichones" de las ferias, a posta, para que Francisco se luciera con esa foto.
Foto de 1918 publicada en "El real Monasterio de San Juan de la Peña" de Ricardo del Arco. Fotografía de F. de la s Heras |
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1.Balsa de la Luz 2.Casa-partidor del Canal 3.Acueducto del Canal sobre el Barranco de los Carnuzos 4.Vía del tren |
¿Cómo no había caído antes? ¡Pero si ahora estaba tan claro! ¡Era la Balsa! !La Balsa de la Luz! ¡De la luz eléctrica! Y, de repente, todo empezó a cuadrarme, o mejor dicho, todo se iluminó para poderles contar lo que sigue.
Aquel fue un día grande, diría que tan luminoso como las mañanas de enero a las que nos tiene acostumbrado nuestro privilegiado clima. Además de esperado e innovador, ese día, un miércoles 1 de junio de 1892, estaban a punto de concluir los tristes atardeceres y las largas noches del invierno jaqués. Las calles y escaparates de la ciudad iban a dejar para el recuerdo la lúgubre y pálida lumbre de lámparas de aceite y petróleo. Estaba a punto de borrase para siempre la estampa en la que los quinqués, estratégicamente distribuidos por la ciudad, venían siendo los focos de atención obligados desde siglos anteriores, al tiempo que los serenos iban a ahorrarse algunos pasos en el cometido de apagarlos y encenderlos.
No era poco lo esperado; algunas casas también estaban a punto de abandonar los leños de sus hogares, los tradicionales velones de sebo, los candelabros y los candiles negros de mecha, para introducir un milagroso invento considerado como uno de los grandes adelantos del siglo XIX: una nueva lámpara incandescente, una ampolleta eléctrica, que con el popular nombre de “bombilla” ha llegado hasta nuestros días y que patentó Thomas Alva Edison en 1880.
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Jaca, una ciudad en la
que según el censo de 1880 tan solo contaba con 4.155 habitantes, aspiraba a tener hechuras de moderna capital; la realización del Canal para
abastecer de agua a la ciudad y la llegada del ferrocarril, aumentaron si cabe en sus ciudadanos una fe ciega en el futuro industrial que completaría, con un pujante comercio (contaba con 160 puertas abiertas al público), las ya tradicionales actividades agropecuarias.
En 1886, cinco
años antes de terminar la gigantesca obra del Canal que tantas ventajas traería
para la ciudad, la Sociedad del Canal de Jaca, entre otros acuerdos tomó, en Junta ordinaria, el de
instalar un molino harinero dentro de la ciudad o en sus inmediaciones,
"debiendo coincidir, á ser posible, la terminación de esta obra con las del canal" (Monte Pano, 1886).
Y, efectivamente, así fue. En 1891 al terminar el Canal, los mayores contribuyentes de la ciudad no dejaron escapar las ventajosas condiciones con las que podían contar y se formó una Sociedad, con un capital de 20.000 duros, para llevar el alumbrado eléctrico a la ciudad y la construcción de un nuevo molino harinero.
"debiendo coincidir, á ser posible, la terminación de esta obra con las del canal" (Monte Pano, 1886).
Y, efectivamente, así fue. En 1891 al terminar el Canal, los mayores contribuyentes de la ciudad no dejaron escapar las ventajosas condiciones con las que podían contar y se formó una Sociedad, con un capital de 20.000 duros, para llevar el alumbrado eléctrico a la ciudad y la construcción de un nuevo molino harinero.
Introducir el molino en la ciudad, junto con los postes necesarios para tender los cables, suponía un doble reto. Por un lado,
obtener el permiso de las
autoridades militares para ubicarlo en el interior de la ciudad, en la Plaza
del Toro, junto a la muralla; y por otro, moler el grano sin la fuerza del agua.
El primer reto se solucionó cuando fue concedido el permiso por el ministro de la Guerra a una nueva Sociedad creada al efecto, la del “Molino Harinero y Luz Eléctrica”, el 20 de marzo de 1892. Y el molino se construyó dentro de una de las “zonas polémicas”, que a su vez estaban bajo una severa normativa restrictiva edificatoria por tener la ciudad la consideración de Plaza Fuerte de Primer Orden. Un lugar, el del Campo del Toro, que desde el medioevo había servido como Cementerio Mayor y donde al hacer los cimientos del molino se vieron
"multitud de sepulturas que, al igual que en la plaza de San Pedro, se encuentran a cada paso..." (EPA 5 de junio,1892).
La obra en cuestión no debe
subestimarse y sí reconocerse y valorarse en su justa medida,
pues con su creación se sustituían los viejos molinos hidráulicos,
en su mayoría instalados en el río Aragón,
como el de Pequera, cercano al Puente de San Miguel, desde el que se acarreaban la mayoría de los
sacos de harina que surtieron a lo largo del siglo XVIII a la ciudad.
Un molino que, junto a otros, será propiedad de la familia Gastón en los siglos XIX y XX.
Un molino que, junto a otros, será propiedad de la familia Gastón en los siglos XIX y XX.
Por otro lado, en el nuevo molino “urbano” se incorporaba una tecnología totalmente novedosa: una harinera con motor eléctrico de la que se podían sentir orgullosos los jaqueses, ya que, junto a un plano de Jaca y sus alrededores elaborado por el cuerpo de ingenieros militares de España, probablemente levantado en 1888 cuando la brigada topográfica se encontraba en Jaca, los planos del moderno Molino jaqués también cruzaron el Atlántico paras ser exhibidos en la Exposición Universal de Chicago en 1893. Hecho este que, 32 años después, todavía recordaba quien fuera alcalde de Jaca entre 1913 y 1918, Antonio Pueyo, en El Noticiero en agosto de 1925:
"La S. A. Molino Harinero y Luz eléctrica de Jaca fue la primera sociedad de España que instaló el molino harinero con fuerza motriz figurando sus planos en la Exposición Univesal de Chicago".
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Plano de Jaca hacia 1890. Levantado por ingenieros militares |
De la mano del Molino, desde el inicio del proyecto, iba el complemento
ideal de un jugoso negocio para la Sociedad: producir electricidad por la noche para vender la luz a particulares e iluminar las calles, y por el día moler el grano en el molino harinero.
Era por mayo del mismo año cuando llegaron a la estación de ferrocarril, junto a dos
peritos instaladores, dos vagones repletos del material necesario tanto para el
Molino como para la distribución de la red eléctrica.
Se lo habían encargado a la
empresa más puntera que en esos momentos había en España en la fabricación de
turbinas hidráulicas, a "Planas, Flanquer
y Compañía", en cuyas instalaciones de Gerona, en 1887, se había fabricado la primera
dinamo española, presentada al año siguiente en la Exposición Universal de Barcelona.
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"Industria e Invenciones" Barcelona, 30 enero de 1897. Jaca figura entre las 27 ciudades de España donde se habían instalado turbinas y motores hidráulicos. |
Eran momentos en los que la "Sociedad del Molino Harinero y Luz Eléctrica", representada por Juan Sánchez Gastón, no perdía el tiempo. Para introducirse en el negocio harinero puso a disposición de las personas que quisieran moler el grano en su fábrica un carro para hacer el traslado de forma gratuita. En su secretaría ya se admitían cédulas de abono para que los instaladores pasaran por los domicilios de los abonados particulares, a la vez que intentaba persuadir a sus potenciales clientes con anuncios y circulares como la siguiente:
"Esta sociedad que su deseo se concreta á adquirir el mayor número de suscripciones á precios económicos, tiene el gusto de hacerlo constar á los que nos honren con su confianza, asegurándoles que siempre tendrán la bonificación de 25 céntimos de peseta por cada foco de cualquier intensidad que suscriban, más barato que cualquier otra sociedad, ya que sus máquinas son de alta intensidad é inservibles para otro trabajo ó industria más barato que el que se ofrece"
¿A qué “otra sociedad” se refiere? ¿Es que había competencia?
Más que a
la competencia a lo que probablemente aspiraba la Sociedad era a tener el monopolio del negocio. Y es que,
efectivamente, la familia Gastón, ricos terratenientes y propietarios de varios
molinos, también habían renovado sus instalaciones formando la "Sociedad
Colectiva Gastón y Cía", cuyo máximo accionista y propietario era Pascual Gastón. Entre sus emplazamientos se encontraba la espectacular instalación, situada entre el Puente San Miguel y el Puente Nuevo (1926), de donde salían los tendidos eléctricos que en 1893 también estaban trasladando corriente para vender luz eléctrica a un buen números de abonados
a los que, en el mes de abril de ese mismo año, ofrecía "una rebaja de una peseta mensual en los abonos de lámparas de diez bujías". Además de producir electricidad, su principal molino era también fábrica de harina; contaba con teléfono (el primer teléfono en Jaca se había instalado en 1892, de forma
experimental, para comunicar el Palacio Episcopal con los gabinetes de Física de
Escolapios y Seminario) y disponía de habitaciones para dos molineros especializados en
el manejo de la nueva maquinaria: uno para hacer el turno de día y otro el de
noche. Una Sociedad, la de "Gastón y Cía", que en 1894 acabó
fusionándose con otra recién llegada al negocio, la potente "Sociedad del Molino
Harinero y Luz Eléctrica", de lo cual se hizo eco El Diario de Huesca:
"Según hemos oído el fin de esta fusión obedece á dirimir antagonismos perjudiciales para todos, y á disminuir el excesivo gasto de ambas sociedades, aspirando a que sus capitales produzcan el menor interès que cabe percibir en empresas de tanto riesgo;
por lo cual será probable que los abonados sufran sólo un aumento insignificante en el precio al cesar la competencia que ambas sociedades han venido sosteniendo, al dar las luces a precios desconocidos en poblaciones que disfrutan de este adelanto" (6 de marzo de 1894).
"Aumento" que se concretó en cuatro pesetas al trimestre por las lámparas de 10 bujías y de seis pesetas por las de 16, y que produjo las consiguientes protestas de los consumidores. Y que poco después, en 1900, Francisco Quintilla Aramendía, director y propietario del semanario local, "El Pirineo Aragonés" no se anduvo por las ramas al comentar el perjuicio que a los consumidores había supuesto dicha fusión, "pues los consumidores desde entonces se han visto obligados á pagar casi á doble precio los servicios de aquéllas pero, en cambio, la luz ha ido perdiendo por momentos su intensidad"
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El Pirineo Aragonés, 19 de febrero de 1893 |
"Según hemos oído el fin de esta fusión obedece á dirimir antagonismos perjudiciales para todos, y á disminuir el excesivo gasto de ambas sociedades, aspirando a que sus capitales produzcan el menor interès que cabe percibir en empresas de tanto riesgo;
por lo cual será probable que los abonados sufran sólo un aumento insignificante en el precio al cesar la competencia que ambas sociedades han venido sosteniendo, al dar las luces a precios desconocidos en poblaciones que disfrutan de este adelanto" (6 de marzo de 1894).
"Aumento" que se concretó en cuatro pesetas al trimestre por las lámparas de 10 bujías y de seis pesetas por las de 16, y que produjo las consiguientes protestas de los consumidores. Y que poco después, en 1900, Francisco Quintilla Aramendía, director y propietario del semanario local, "El Pirineo Aragonés" no se anduvo por las ramas al comentar el perjuicio que a los consumidores había supuesto dicha fusión, "pues los consumidores desde entonces se han visto obligados á pagar casi á doble precio los servicios de aquéllas pero, en cambio, la luz ha ido perdiendo por momentos su intensidad"
Pero, al margen de negocios, en Jaca había llegado la hora de que la electricidad, ese nuevo vocablo que unido a la modernidad sonaba como algo mágico, hiciera acto de presencia y la pudiera ver, en forma de luz, la gente de la calle que, por otra parte, no cesaba de especular con el invento;
todo un acontecimiento que como ya hemos dicho tuvo lugar el 1 de junio de 1892 y que El Pirineo Aragonés comentó así:
“La noche del miércoles lució por primera vez en nuestra ciudad el
alumbrado eléctrico. La sociedad representada por D. Juan Sánchez Gastón puede
congratularse de habernos hecho conocer este adelanto científico del siglo, y
por tal razón se hace acreedora al
parabién de todos los que quieran apreciar su gran importancia. El resultado de
la prueba, verificada en el espacioso y esbelto local del comercio del Sr.
Sánchez, artística y lujosamente guarnecido formando inmenso escaparate, y en
el elegante Salón del Café del Pasaje,(1) fué completamente satisfactorio; pues
durante las cinco horas que funcionó la corriente, no se notó la menor
variación ni en la estabilidad de los focos ni en su intensidad lumínica,
muestra evidente de la regularidad en la fuerza motriz y de la esmerada
instalación, practicada por los inteligentes peritos los Sres. Jackson
hermanos de Madrid. A todos damos la más cumplida enhorabuena, y á la citada
sociedad las mas reconocidas gracias por su atención en invitarnos á disfrutar
de la alegre y opulenta fiesta, que celebró con motivo del extraordinario y
feliz acontecimiento” ( EPA, 5 de junio 1892).
Tras ese histórico día, en cuestión de semanas, los ingenieros de la
empresa ayudaron a
extender las instalaciones eléctricas por toda la ciudad. Así lo recogían varios
artículos de El Pirineo Aragonés:
“En la actualidad, la moderna Jaca es una ciudad agrícola por excelencia, industrial y comercial, en la que han entrado los adelantos modernos más que en otras poblaciones de mayor importancia como el alumbrado eléctrico que se ve instalado hasta en la tienda más pobre" (A. Gascón de Gotor. EPA, 7 de junio).
“En la actualidad, la moderna Jaca es una ciudad agrícola por excelencia, industrial y comercial, en la que han entrado los adelantos modernos más que en otras poblaciones de mayor importancia como el alumbrado eléctrico que se ve instalado hasta en la tienda más pobre" (A. Gascón de Gotor. EPA, 7 de junio).
“No hay
en España luz eléctrica que, en su clase, aventaje a la de Jaca” (EPA, 19 de junio ).
“Las calles de nuestra pequeña ciudad nada tendrán que envidiar en claridad a las más cultas y populosas capitales” (EPA, 6 noviembre de 1892).
“Las calles de nuestra pequeña ciudad nada tendrán que envidiar en claridad a las más cultas y populosas capitales” (EPA, 6 noviembre de 1892).
A pesar de que la inauguración de
la fábrica harinera con motor eléctrico y la instalación completa del alumbrado para toda la ciudad se anunciaba a bombo y platillo para el 8 de septiembre, día en que estaba previsto celebrarla con músicas, un banquete nocturno en el Campo del Toro
alumbrado por un foco de 2.000 bujías y el reparto a los pobres de las primeras 20
fanegas de trigo molidas en el nuevo establecimiento en raciones de pan,
la inauguración se retrasaría un par de meses por varios problemas y contratiempos:
faltaban por
llegar dos de las cinco dinamos; se había tenido que reparar el acueducto;
y a finales de octubre, cuando se hicieron las pruebas generales de
las maquinarias en los dos saltos de agua próximos a la “casa- partidor” del Canal, se reventó el depósito de la segunda turbina impidiendo su
funcionamiento. De tal manera que tan solo quedó operativa la dinamo del primer salto.
Por fin, y tras una semana de pruebas continuadas se pudo solemnizar la
inauguración de sus industrias incorporando, a los eventos previstos, un espectáculo reservado para las grandes ocasiones, como se había hecho en 1891 para celebrar la finalización de las obras de Canal, una
novillada. La ansiada demanda de corridas de toros siempre era esperada con gran interés por los jaqueses y habitantes de la vecina República. Anunciada convenientemente,
un articulista se encargó de calentar el ambiente glosándolo en El Pirineo Aragonés:
“Sí señores toros en Jaca… Cuando este número llegue á manos de los lectores ya habrá empezado la lidia. Conque tendremos toros. Sé yo de tres varones de vasta contextura y de más vasto abdomen, que quieren emular en suertes. Será de ver al triunvirato taurino ó á la trilogía taurómaca, como diría cierto ateneísta, dando volapieses á diestro y siniestro; y quite por aquí, capeo por allá,…”
un articulista se encargó de calentar el ambiente glosándolo en El Pirineo Aragonés:
“Sí señores toros en Jaca… Cuando este número llegue á manos de los lectores ya habrá empezado la lidia. Conque tendremos toros. Sé yo de tres varones de vasta contextura y de más vasto abdomen, que quieren emular en suertes. Será de ver al triunvirato taurino ó á la trilogía taurómaca, como diría cierto ateneísta, dando volapieses á diestro y siniestro; y quite por aquí, capeo por allá,…”
Efectivamente, la novillada
tuvo lugar en la misma Plaza del Toro, enfrente del edificio del Molino y la Estación Eléctrica,
el domingo 13 de noviembre. Tal como se venía anunciando, y
“se distribuyeron entre los
pobres 400 raciones de a dos
libras de exquisito pan, resultado de la
colecta hecha entre los socios de la compañía anónima “Molino harinero y luz
eléctrica". Por la tarde se corrieron por aficionados dos novillos, bastantes
para hacer perder la afición; y por la
noche hubo en el casino “La Unión Jaquesa” un animado y brillante baile,
mientras la banda municipal ejecutaba en las calles una alegre retreta”.
( EPA,
13 noviembre de 1892).
La producción de energía
hidroeléctrica no cesó de aumentar como tampoco lo hacían las
fábricas de electricidad que en estos
primeros años acumulaban sus instalaciones en las cercanías del
Canal.
A los primeros momentos de entusiasmo siguieron años en los que los ciudadanos se fueron acostumbrando al nuevo invento. Pero los sufridos abonados también veían que los precios de la luz no siempre iban acorde con la calidad del servicio. Eran frecuentes las quejas de los abonados motivadas por las caídas de tensión y los cortes producidos por averías y tormentas. Estos motivos y la necesidad de renovar la ya obsoleta maquinaria llevaron en 1899 a las sociedades fusionadas de la luz eléctrica de Jaca, encabezadas por la junta del "Molino Harinero y Luz Eléctrica" a utilizar un solo salto en lugar de dos y solicitar de
la Junta del Canal la cesión de aguas y solares de emplazamiento para su fábrica,
capaz de desarrollar 2.000 luces de 10 bujías. Y al año siguiente, en 1900, la casa Planas, Flanquer y Cía. hace llegar a
"...la “Electra Jacetana” el material completo para la
nueva instalación eléctrica para la producción de luz con un generador capaz de
alimentar 2.700 lámparas de 10 bujías... la Sociedad se ocupa de embellecer los
terrenos contiguos a la fábrica con plantaciones de adorno y frutales, lo cual
unido á la próxima realización del proyecto de empalmar la carretera de Francia
con la de Rapitán y la Estación por aquellos lugres, convertirá los alrededores de la nueva fábrica en uno de los sitios amenos, que por desgracia
no abundan en las cercanías de esta ciudad" (La Montaña, marzo 1900)
Y no fue solo la electricidad. La faraónica obra que en su
momento supuso la construcción del Canal hizo que la producción de la huerta
jacetana multiplicara por 10 las
"70 cahizadas que de forma natural se regaban con el agua del Río Aragón, Gas y Argent" (Asso Jordán Ignacio, 1798).
"70 cahizadas que de forma natural se regaban con el agua del Río Aragón, Gas y Argent" (Asso Jordán Ignacio, 1798).
Con la llegada de la luz eléctrica la noche había cambiado para
los jaqueses. Era normal iluminar las fachadas de las calles para anunciar algún acontecimiento especial o para las procesiones de Semana Santa, que desde entonces "se vieron como nunca antes"; los casinos, cafés, bailes y conciertos alargaban sus veladas; el teatro
posibilitaba funciones nocturnas; las verbenas al aire libre en el paseo de Alfonso XIII se "iluminaban á la veneciana" y se ofrecían sesiones cinematográficas par las fiestas en el Campo del Toro (1906) y en el Café Universal (1910). De paso, la ciudad se adelantó a la
aplicación de la normativa que obligaba a sustituir las viejas y peligrosas
lámparas por las eléctricas, en teatros y lugares cerrados. Sobre todo, tras la
repercusión que tuvo en toda Europa el horroroso incendio causado por la explosión del alumbrado de gas del teatro de la Ópera de
París, en junio de 1887, donde quedaron sepultados por un incendio 200 cadáveres.
Jaca se había situando entre las ciudades pioneras que habían incorporado centrales hidroeléctricas para generar electricidad y alumbrado urbano.
Y
aun siendo cierto que fue Comillas (Cantabria) la
primera ciudad que iluminó con 30 farolillos sus
calles para recibir a Alfonso XII en 1881, y Gerona la primera ciudad española en establecer
una red primaria de alumbrado público urbano en 1886, no
lo es menos que Huesca tuvo que esperar al año 1900 para construir en el río Gállego un "salto" en Anzánigo donde la "Sociedad Hidroeléctrica", inauguró su fábrica de luz, tendido de cables y aparato de distribución montado en las inmediaciones de dicha capital, en 1903
y que Zaragoza instaló su primera
central hidráulica en 1894, cuando aprovechó el antiguo molino de Casablanca en
el Canal Imperial de Aragón.
1. El Salón del Café del Pasaje. Era un moderno Salón propiedad de Juan Dominguez, "decorado con buen gusto, lujoso y cómodo mueblaje" que se había inaugurado el 1 de enero de 1888 con banda de música incluida. Su nombre se debía a que ocupaba un espacio entre la actual calle Zocotín y la de Echegaray.