MIS COSAS DE JACA

Estas páginas van destinadas a todas aquellas personas que quieren a su ciudad, como me sucede a mí con la mía, Jaca. Hablaré, pues, de “mis cosas” esperando que alguna de ellas pueda ser también la tuya o, sencillamente, compartas mi afición por “colarme” entre el pequeño hueco que separa la memoria de la historia, lo general de lo particular o lo material de lo inmaterial. Estas “cosas de Jaca” están construidas a base de anécdotas , fotos de ayer y hoy, recuerdos y vivencias mías y de mis paisanos y de alguna que otra curiosidad, que me atrevo a reflexionar en voz alta. No es mi propósito, pues, ocuparme de los grandes temas de los que ya han tratado ilustres autores, es más bien lo contrario: quiero hacer referencia a rincones ocultos, héroes anónimos, huellas olvidadas, sendas por las que ya no se pasa, lugares que fueron un día centro de atención y hoy han sido relegados a la indiferencia, al olvido o al abandono; a unos escenarios donde se sigue representando la misma obra pero con otros actores.

lunes, 7 de agosto de 2017

CAMPOY IRIGOYEN. JACA Y LA GUERRA DE MARRUECOS



                
                                           JOSÉ MARÍA CAMPOY IRIGOYEN




 
                                          Hasta el África que inmola
                     sus hijos en torpe guerra
                     no hay un puñado de tierra
                     sin una tumba española

Sirvan estos cuatro versos, que se hicieron célebres en la contienda que España mantuvo en el norte de África contra los rifeños, para comenzar este breve relato en recuerdo de personas y hechos que tuvieron lugar entre la ciudad de Jaca y la zona del norte de Marruecos.


                                                              
Nº 46  de la calle Mayor de Jaca. Lugar de nacimiento de José María Campoy Irigoyen.



José María Campoy Irigoyen nació en Jaca, el 8 de agosto de 1894, en el seno de una familia de rancio abolengo jaqués, los Campoy Irigoyen. Junto con su madre, ya viuda, Candelaria Irigoyen, trasladaron su residencia a Madrid en 1917. Hecho este que no le impediría seguir de cerca el acontecer de su ciudad, puesto que continuaron viniendo a Jaca los veranos junto con sus hermanos: Miguel (farmacéutico militar, número uno en las oposiciones a ingeniero militar y premio extraordinario de licenciatura), Ramón (abogado) y Luis (funcionario de telégrafos).




 José María en edad juvenil, junto a amigos y familiares,
en una huerta de los alrededores de Jaca.
(Fototeca de Huesca. Col. A. Allué)

José María, culto y orgulloso de su ciudad, fue entusiasta lector y redactor del periódico local que regentaban sus amigos, La Unión. Tras una etapa de seminarista en Jaca, el 2 de junio de 1917 ingresó con 23 años en el cuerpo eclesiástico del ejército. Apenas ordenado sacerdote y ante una esperada concurrencia, dio muestras de poseer una brillante oratoria al pronunciar su primer sermón lleno de emoción en Santo Domingo, en las fiestas de las Hijas de María, celebradas los días 25, 26 y 27 de mayo.
Posteriormente, se incorporó en su primer destino al Regimiento de infantería de San Fernando y formó en las columnas volantes de Kanduchi, Kaur y Monte Arruit, donde acreditó su valor en las tomas de Sidi, Yaquet y Tisi-Nidar.






J.M. Irigoyen con el uniforme de capellán. Esperando el
embarque para Melilla. (Fototeca de Huesca Col. A. Allué)
Su siguiente destino, el 26 de mayo de 1919, fue el Batallón de Segorbe, incorporándose a la posición avanzada de Yarda y participando en los combates de Alalex, Tenitex, Monte Cónico y en la ocupación de Fondax de Ain Yedida.

El 28 de agosto de 1920 fue destinado al regimiento de Galicia de Jaca y en diciembre  ya había recibido la Cruz del Mérito Militar con distintivo rojo por los servicios prestados en África.
Con nuevo destino, desde el 27 de enero de 1921, en el Regimiento de Cazadores de Alcántara 14 de Caballería en Jaca, en febrero de 1921, a petición de la Hermandad de San Blas,  como si presintiera que iba a ser su último sermón, glosó el panegírico de su patrón, en los solemnes actos que había organizado dicha antigua Hermandad.
Ya en África, con los cazadores del Alcántara, acompañó a sus jinetes en las cargas de  Igueriben, Isumar,  Anzú, Sidi Midar y  Dar Drius hasta el momento trágico de su muerte, en la evacuación del Monte Arruit, el 9 de agosto de 1921. Murió a los 27 años habiendo tenido una vida militar corta, pero intensa, tan solo cuatro años; desprendiéndose de una acomodada posición social y afectos familiares para ser fiel a su vocación de militar-apóstol a la que entregó su vida y juventud.
Para la participación en la guerra de África no necesitó ni balas, ni fusil; su sólida formación y su hábito de capellán castrense le bastaron para sentirse útil. En los pocos días de calma se dedicaba a enseñar a los analfabetos las primeras letras, pero era más fácil verlo con la extremaunción en bandolera, el breviario y un pequeño crucifijo sobre el pecho que habrían de besar tantos y tantos moribundos mientras hacía un gesto, por desgracia ya muy habitual, que repetía una y otra vez: la mano levantada para bendecir y absolver a los caídos. Una actitud en la que mostraba el mismo cariño cuando confesó al teniente coronel Fernando Primo de Ribera, hermano del dictador, quien, herido de gravedad por una granada en la última y heroica carga del Alcántara cuando cubría la retirada de Batel, murió en Monte Arruit víctima de una terrible gangrena, tras haber sufrido la amputación de un brazo en plena consciencia, que cuando consolaba a los humildes soldados que tantas veces vio morir en la enfermería por falta de recursos médicos.
Por esta  gesta, el el jefe del regimiento recibió a título postumo la Laureada de San Fernando y 91 años después, con carácter colectivo, la recibió toda la tropa que componía el regimiento de caballería Alcántara. 



Tras la muerte del teniente coronel, los supervivientes de aquel desastre de Annual, en el que perdieron la vida más de 10000 soldados, ahora al mando del general Navarro, se refugiaron en el cuartel de Monte Arruit, a tan solo 30 kilómetros al sur de Melilla. Allí resistieron cercados por el enemigo dos semanas largas. Sin apenas provisiones, ni agua, bebiendo sus propios orines en los que disolvían azúcar, hasta que el general Navarro pactó la capitulación con Abd-el-Krim: entregar las armas a cambio de respetar sus vidas. Una rendición que no evitó la masacre, pues, una vez entregada las armas, los rifeños comenzaron la matanza cayendo sobre unos soldados desarmados que formados en columnas se disponían para partir a Melilla. Los rifeños entraron a degüello, con toda crueldad, ensañándose y descuartizando los cadáveres que, sin enterrar, quedaron para pasto de los buitres con evidentes signos de haber sido torturados.


Restos de cadáveres dispersos en Monte Arruit

Fueron unos tres mil los asesinados, solo sobrevivieron un reducido grupo de jefes y oficiales, unos sesenta, entre los que se encontraba el general Navarro; salvaron su vida después de ser tomados como prisioneros y pagar cuatro millones de pesetas de las de la época en monedas de plata. Rescate que al ser conocido por el rey Alfonso XIII y parecerle excesiva la  cantidad, comentó: " !No sabía que estuviera tan cara la carne de gallina!"

Cadáveres insepultos en Monte Arruit

Por desgracia para Irigoyen, él no se encontraba entre estos, pues a la mitad del trayecto de retirada, en un sendero,  ya se percató de que caminaba hacia una muerte segura. En ese lugar se encontró con Somoza, otro sacerdote y compañero que, enfermo y agotado, bajaba a la Plaza mientras él subía. Con Somoza se confesó allí mismo, en un recodo del camino, a la sombra de un espino de aquella carretera de la traición, en medio de una visión  dantesca, rodeado de víctimas fusiladas y de cadáveres mutilados y quemados, entre soldados enloquecidos por el hambre y la sed, que eran fácil blanco del fuego mortífero de la fusilaría rifeña y de los disparos de cañones que tronchaban y mutilaban sus cuerpos.

J. M. Irigoyen  esperando el embarque
para Melilla. (Fototeca Diputació de Huesca.
Col. A. Allué )



Conocer la noticia de su muerte, como la de tantos otros caídos, no fue ni fácil ni rápido. La lentitud de las comunicaciones y la dificultad para identificar los cadáveres se prestaba a la confusión, al tiempo que aumentaba la desesperación de sus seres queridos por el desconocimiento de su paradero.
Era septiembre de 1921 cuando aparecieron las primeras noticias escritas sobre la suerte de J. M. Campoy Irigoyen: en El Heraldo de Aragón se decía que había llegado a Melilla; un telegrama del médico primero del regimiento de Alcántara decía: "NOTICIAS CAPOY BUENAS"; otro, dirigido a su hermano Ramón, decía: "su hermano prisionero en Alhucemas. Enhorabuena";en la prensa de Madrid, El ABC y El Imparcial ratificaban la noticia y El Sol fue todavía más explícito al afirmar que "Llegó a Axdir el capellán castrense del Regimiento de Alcántara, J.Campoy que estuvo prisionero. Al evacuarse la posición ha pasado por una odisea hasta ser conducido a presencia de Abd-el-Krim".
Sin embargo, la incertidumbre sobre su paradero era tal que su hermano Ramón, el 27 de septiembre de 1921, le escribió una carta al caudillo de monte Arruit, al general Navarro, invocándole y suplicando en nombre de su madre, saber con certeza si vive o muere. Carta que fue contestada desde Axdir el 25 de octubre en estos términos:

 Capitán General  Felipe Navarro. 
Participó en las guerras de Cuba,
Filipinas y Marruecos. Murió
 asesinado en 1936 en
 Paracuellos de Jarama.


"...desgraciadamente, no puedo darle noticia alguna de su hermano...ignoro su suerte, solo puedo decir a V. que, durante el asedio de Monte Arruit, su conducta ejemplar fue elogiada entusiásticamente por todos. Incansable mostróse en prodigar los consuelos de nuestra religión a los que había menester; ayudando a bien morir a otros; enterrando a los muertos a pesar del continuo fuego de cañón y fusilería. Después de la evacuación de Monte Arruit nada he logrado saber de él, no obstante el interés inmenso que tuve y tengo por tener noticias de su paradero... Sírvanle de alivio a sus penas estas noticias que le doy y acepten Vds. la expresión de mi verdadero pesar por haber perdido un compañero del inolvidable Monte Arruit.
 Es mui suyo aff. S.S.
                              
 q. e .  s .M
                  Felipe   Navarro

Pero para el 20 de octubre, en el intervalo de ambas cartas, los hilos telegráficos transformados en mensajeros funerarios habían traído la noticia de la triste realidad que publicó el periódico local La Unión confirmando la noticia a los jaqueses:

"Los presentimientos se han cumplido (ayer la prensa de Melilla), en cuanto en Melilla se supo que el Monte Arruit había sido ocupado por nuestras tropas, muchas familias, más de un centenar, se dirigieron en automóviles por la carretera para reconocer cadáveres soportando un olor nauseabundo. Entre los cadáveres identificados figura el del capellán jaqués. Se había informado de que estaba prisionero en Aydir, se creyó que el cadáver de un capellán encontrado en Zeluán era el suyo, pero no. Pues su hermano y un tío suyo lo han reconocido"

Muy poco después, otro compañero del Galicia, también jaqués, recordará en su "Diario de un soldado" la recuperación para las tropas españolas del Monte Arruit:

"... el 24 de octubre se llevó a cabo la brillante toma del triste célebre Monte Arruit, calculándose en unos 5000 cadáveres encontrados en la carretera y en posición, víctimas cruentas de la barbarie rifeña a los que se les dio cristiana sepultura en dos grandes zanjas en forma de cruz. Allí fue encontrado e identificado el cadáver  del heroico y ejemplar capellán castrense del Regimiento de Alcántara D.José María Campoy, hijo de Jaca, que, poco tiempo antes, siendo capellán castrense del Galicia, pronunció una hermosísima y patriótica oración sagrada el día de la Purísima Concepción, en nuestra iglesia de Santo Domingo que hizo vibrar los corazones..."

De paso, el soldado jaqués no perdió la ocasión para anotar en su diario la opinión que le merecían sus enemigos tras la toma de Zeluán:

"... silban las balas, el rifeño es traidor por naturaleza, solo acomete cuando sabe que va a hacer daño con seguridad, espera tras de chumbares o piedras horas y horas hasta alcanzar a su presa; está probado hasta la saciedad que los moros son cobardes".

Y en la partida hacia Tahuima, tras hacer mención a su austero desayuno 
"...un café, y cuatro galletas más duras que peñas", y teniendo delante desplegadas las fuerzas del Tercio y Regulares en la toma de Buguen-Zein, añade:

"... escenas macabras de cadáveres de soldados y caballos víctimas del engaño de los traidores y cobardes moros que los asesinaron tras ser bárbaramente mutilados y otros quemados a mansalva cuando se encontraban huidos y desarmados".

J.M. Campoy en la terraza de una casa de Jaca. Al fondo, a la izda, el monte Cuculo 
y a la dcha. el paseo de Alfonso XIII con el Quiosco de la música.
(Fototeca Diputación  Huesca. Col. A. Allué)

Estremecedora y conmovedora resulta también la carta que Esteban Gilberte Grech escribió desde Axdir en respuesta a otra de Ramón Campoy Irigoyen, el 27 de noviembre de 1921, cuando este todavía no sabía el paradero de su hermano que por encontrarse herido contestó al recuperar su salud en noviembre de 1922 :(el sobre lleva escrito la indicació.Sale el 16-I-23)

"... más nos semejamos a perros que a personas por la forma inhumana humillante y asquerosa como se nos trata, aprovecho esta ocasión clandestina que se nos brinda para cumplir mi deuda con V. ... satisfaré gustoso la justa ansiedad que por suerte y conducta de su amado hermano, mi querido capellán y amigo. Desde Dar Drius donde lo saludé a su hermano. No desatendió ni un momento su especial misión y durante la retirada a Batel y Monte Arruit, nadie pudo notar en él (que sería muy disculpable)la menor prueba de abatimiento... primero al Cuartel General y luego a la tropa les fue dando a todos la absolución... el trágico final del 9 de agosto estuvo a punto de ocurrir el día 2, en el que los moros atacaron el campamento por todas las partes llegando a montarse sobre el parapeto, pero aún teníamos armas todos y la lección fue tan dura que dejaron más de cien bajas alrededor del campamento; en cambio el 9 se valieron de la traición y cuando después de capitulados y desarmadas las cuatro quintas partes de la guarnición, salía esta del campamento conduciendo sus heridos (402), fue arrollada la columna y asaltado el reducto por todas las partes, y entre aquella jauría de chacales, cayeron sacrificados al deber patrio cerca de 3000 hombres, y entre ellos, como único representante del Sumo Hacedor, cayó el virtuoso capellán Campoy, dando ejemplo de valor y santidad, ya que murió bendiciendo a sus hermanos, y ocupando dignamente el puesto que como le corresponde en nuestra envidiable historia Militar cuyas páginas al recoger con letras de oro los nombres de tantos héroes , no podrán olvidar el de D. José Maria Campoy Irigoyen...".  


Tumba de J. M. Campoy Irigoyen, cementerio de la
 Purísima Concepción de Melilla.


No es extraño, pues, que jefes, oficiales y prisioneros de Axdir, testigos presenciales de esos hechos, exalten los valores del capellán del Galicia y del Alcántara y menos que le otorgaran la Cruz Roja del Mérito Militar y la Medalla de África a un jaqués que yace lejos de las montañas de su Pirineo Aragonés, en el cementerio de la Purísima Concepción de Melilla, desde el 25 de octubre de 1921 . Y es lógico que en noviembre de 1921 recibiera indulgencias de los señores vicario general castrense, del patriarca de las Indias, del nuncio de su Santidad, del eminentísimo cardenal de Zaragoza y de los obispos de Madrid-Alcalá, Segovia, Pamplona y Jaca.
Placa reubicada, de la calle Ancha
a la actual, en la iglesia de Santiago. 
  

También que, una vez terminada la contienda, el Ayuntamiento de Jaca perpetuara su nombre dedicándole una de las calles  por aquel entonces  considerada de las más amplias y transitadas. Una calle de larga tradición para los jaqueses, pues, aunque con diversos nombres, formó parte de la columna vertebral de la ciudad desde su nacimiento: San Jacobi en los siglos XI y XII; San Jaime en 1484, 1500 y 1618 y Santo Domingo desde 1664. Dicha calle, comenzaba en la Torre del Reloj hacia la iglesia de Santo Domingo (hoy iglesia de Santiago), luego giraba a mano derecha al llegar a la iglesia y, tras recorrerla  por el lado septentrional, daba a parar a la calle la Luna y al Pozo del Rey. 




Calle Ancha de Santo Domingo. Al fondo, la Torre de Reloj
con el campanil modernista hoy desaparecido.
El día de la inauguración de la calle con su nuevo nombre, un domingo 9 de octubre de 1927, la ciudad cumplió con un deber que tenía con uno de sus hijos al que consideraban como un héroe y como un santo. Partieron desde la Casa Consistorial las autoridades, acompañadas por numerosísimos paisanos, hacia la calle "Ancha" de Santo Domingo, donde tras el discurso de turno, el alcalde Francisco García Aibar destapó la cortinilla que cubría la placa de mármol, al tiempo que la banda de música militar hacía sonar los compases de la Marcha Real entre aplausos de una abigarrada multitud que  ocupaba la calle y los alrededores.
Acto seguido y aumentando el número de acompañantes, la comitiva se dirigió a la calle Mayor para detenerse en el nº 46, la casa de sus padres y la casa donde nació. Encima de la puerta se hallaba colocada la placa-lápida que se había realizado por suscripción popular para homenajear a José Mª. De nuevo, discursos: el del teniente vicario general castrense de la 1ª región militar José Alonso y Alonso, muy aplaudido por el público, y, posteriormente, otro encendido discurso pronunciado por el general gobernador de la Plaza, Fernando Urruela, quien encogió el ánimo de los presentes cuando en un momento dado, y volviendo hacia la placa dijo:

"Bien morir es nacer en la gloria! Campoy Irigoyen! No has muerto, no. Vives y vivirás eternamente en las calles de Jaca, de tu Seminario, en el escalafón del Ejército, en el corazón de la madre Paria...".



Placa-Lápida sobre la fachada de la la Casa de J. M Campoy Irigoyen.


Y tras un largo aplauso, y de nuevo con la banda del Galicia tocando la Marcha Real, se destapaba y corría la cortinilla con los colores de la bandera de España, dejando al descubierto su busto en alto relieve, forjado en bronce, con uniforme militar, rodeado por dos medias guirnaldas. Debajo de ellas, dos emblemas que marcaron su vida y destino: la doble cruz con las cabezas de los cuatro reyes moros y un crucifijo, a derecha e izquierda respectivamente.
Todo ello en una inscripción sobre mármol donde reza lo siguiente:







AL CAPELLÁN DEL EJÉRCITO D. JOSÉ Mª CAMPOY IRIGOYEN QUE NACIÓ EN ESTA CASA EL 8 DE AGOSTO DE 1894. SUS COMPAÑEROS Y AMIGOS EN TESTIMONIO DE ADMIRACIÓN DEDICANLE ESTA LÁPIDA POR SUSCRIPCIÓN POPULAR. APÓSTOL DE LA CRUZ Y HÉROE DE LA PATRIA A ELLAS OFRENDÓ SU VIDA EN LA TRAGEDIA DE MONTE-ARRUIT EL 9 DE AGOSTO DE 1921. OCTUBRE DE 1927.

Del periódico La Unión


              
 
          
             JACA Y LA GUERRA DE MARRUECOS






Prácticas de telegrafía en el camino de Ipas, Jaca,1910. (Fototeca de Huesca) 


Difícil y fuera del alcance de este trabajo sería nombrar a todos los jaqueses y montañeses que encontraron el sueño de la muerte en aquella guerra de África cuyo duelo sufrieron de forma anónima sus parientes y amigos. A la sentida muerte de J. M. Campoy en aquella guerra cruel se unieron otros nombres que no volvieron a ver el verde de sus montañas. La misma madre de J. M. Campoy, Candelaria, al agradecer toda la condolencia que había mostrado la ciudad de Jaca, se acordó de nombrar a otros hijos de la ciudad de Jaca que también murieron en combate como: López, Del Hoyo, Prado, Delgado y Antonio Vidal. Este último, el padre Antonio Vidal, conocido cariñosamente como el "Padrecito" por haber sido profesor en el colegio de lo Padres Esculapios, se incorporó al Batallón de Galicia 19 como capellán, partiendo a principios de septiembre de 1921 para África. En su primer destino realizó las tareas propias de su condición de sacerdote en una "cómoda" posición, en hospitales y cementerios, hasta que, un buen día, se presentaron ante él unos oficiales de los Tercios suplicando voluntarios para asistir a  muchos de sus hombres  que morían llamando a sus madres o a un sacerdote. Ante tal petición, Antonio no se lo pensó dos veces y se alistó voluntario en el Tercio de Extranjeros. Un paso adelante que le costaría la vida tan solo cinco meses después de integrarse en la Legión. Murió a los 26 años en acto de servicio auxiliando a un moribundo, el 18 de marzo en Dar-Drius. Los legionarios, después de recoger su cuerpo, con lágrimas en los ojos, lo llevaron a hombros hasta Melilla, donde envolvieron su cuerpo con la bandera de España al tiempo que depositaban coronas y emblemas de cariño.


             Si te toca te jodes
   que tienes que ir,
      que tu madre no tiene
    para librarte a ti.
        
Estos versos de una canción que cantaban los quintos de la época reflejan el reclutamiento de tropas basado en un sistema de quintas a todas luces injusto, en el que los hijos de las familias humildes tenían un sitio asegurado. Este reclutamiento, temido siempre, y odiado en tiempos de guerra por motivos obvios, no lo era tanto para aquellos mozos que entrando en quintas, tenían la posibilidad de evitar su incorporación a filas de dos maneras: bien pagando en metálico 6000 reales, una cantidad que no estaba al alcance de cualquiera, si pensamos que el sustento diario de un trabajador ascendía en la época a 10 reales, o pagando a un sustituto para que fuese en su lugar. Tanto la "redención" como la "sustitución", así era como llamaban a estas formas de evitar servir en el ejército y evitar los riesgos de la guerra, fueron modificadas en 1912. Desde este año, el servicio militar activo fue de tres años y la "sustitución" y la "redención" en metálico se sustituyeron por el "soldado de cuota". 

Anuncio del peródico jacetano La Unión,1908.
El plazo para la solicitud se entregaba en la
 delegación de Hacienda y terminaba,
 sin posibilidad de prórroga, el 31 de diciembre. 

De modo que, aquellos que accedían por este nuevo sistema de reclutamiento, además de hacer una mili más corta, quedaban exentos de ir a África a cambio de pagar, 1000 pesetas si su incorporación era por ocho meses, o 2000 pesetas si lo era por cinco. De manera que los hijos de los pobres siguieron siendo los que componían el mayor contingente de tropa y, en consecuencia, de muertos en una guerra donde el porcentaje de bajas se acercaba al 50%. 

En la ciudad de Jaca, el sorteo de quintos se hacía los domingos en el salón de actos del Ayuntamiento al que acudía un numeroso público expectante. Como se suele decir en estos casos, la suerte iba por barrios. Apretones de manos y abrazos, para aquellos a los que la suerte les había sido propicia o se habían librado por causas alegadas como la de ser corto de talla o tener otras "anormalidades"; y palabras de aliento para aquellos que habían obtenido número y se tenían que incorporar a filas. Un año con otro, el número de quintos de la zona solía oscilar entre 50 y 60. 
Más temido era el sorteo que se celebraba en el "Círculo Oscense" (Huesca). En él se tomaban medidas ante la posibilidad de incidentes, puesto que los que aparecían en la lista iban a ser destinados a las plazas africanas. He aquí la procedencia de los 48 quintos de la montaña, más voluntarios, en febrero de 1923. Los había de Javierregay, Sallent de Gállego (4), Panticosa (3), Tramacastilla, Pueyo de Jaca, Olivan, Embún, Anzánigo, Hecho (2), Villanúa, Agüero, Barbenuta (2), Fago, Abay, Escuer, Jabarrella, Sinués, Berdún, Arbués, Sabiñánigo, Latre, Yesero, Hoz de Jaca, Ansó, Triste, Jasa, Larués, Acín, Gésera y Jaca (4) : Antonio Lanaca, Victoriano Duó, Tomás Cirén y José Larraz.

1ª Compañía del 2º batallón del Galicia. Tropa en descanso. Maniobras realizadas en Santa Cilia de Jaca en 1910.
(Fototeca Diputación de Huesca).

La llegada de los quintos a Jaca era una nota pintoresca que no pasaba desapercibida y menos para aquellos que se acercaban a la calle Mayor. Eran fácilmente reconocibles puesto que, además de mirar las cosas con la avidez de aquel al que todo le resulta novedoso, andaban en compactos grupos, con su gorrico bicolor colocado con una ligera inclinación que lo dejaba caer sobre  su oreja izquierda con la coquetería propia de un veterano, al paso que piropeaban a las muchachas jacetanas, con acentos de casi todos los lugares de España, siendo los más frecuentes el acento andaluz y el catalán ( 200 quintos en 1908).
Ya de veteranos, aparte de pasear por la calle Mayor, era frecuente verlos por alguna casa de citas camuflada, por la "Alegría Juvenil", por cafés, cines, teatro o agolpados en alguna mercería haciendo acopio de hilos, botones, agujas y dedales para remendar sus uniformes o comprando otros efectos como betún, recuerdos y postales para escribir. 
La ciudad siempre tuvo presente el valor y el sacrificio de aquellos jóvenes de remplazo que iban a luchar en aquellos campos de la muerte en que que se había convertido la guerra de África. A los soldados del Galicia nunca les faltaron muestras de entusiasmo para despedirlos, ni locuras de cariño en su recibimiento; pero no era menos cierto que de forma paralela se vivía la otra cara de la moneda: la que representaba ver a diario la desesperación y desconsuelo de los padres que no vieron volver a sus hijos.
La rondalla militar, dirigida por el sargento Baró, se hizo
   muy popular en Jaca tanto por su simpatía como por
  su extenso y ameno repertorio, entre el que no solía
  faltar ni " la Canción del Olvido" ni jotas aragonesas.
 ( Del periódico La Unión, 1917)

 

Tampoco faltaron, pues fueron muy frecuentes, campañas para recaudar dinero para los soldados. Así sucedió en julio de 1921, cuando el comercio cerró las puertas de sus establecimientos de 10 a 12h. para sumarse al homenaje que se rindió en su despedida al ejército a iniciativa del prelado.
La salida hacia la guerra de África iba unida a emotivos actos que contribuían a paliar los temples y el ánimo de los soldados, como sucedió antes de la partida del 2º batallón del regimiento Galicia en un tren especial a Sevilla, a las 23,30, de la estación de ferrocarril, un 29 de agosto de 1921.  
Para entonces, y con antelación, se habían organizado festivales en el Salón de Variedades con la finalidad de recaudar dinero para los soldados. En esos festivales participaban instituciones y personas de la propia localidad que podían mostrar alguna cualidad artística o de entretenimiento. Fue el caso del maestro nacional Miguel Celma, de los niños de las escuelas, de la rondalla militar, de los cuadros artísticos dirigidos por Alfredo Lacasta y Pascualito Sánchez, así como las rifas organizadas por las señoritas Laurita Leante, Asunción González y Carmen Badía. 
También fue muy estimable la colaboración de las artesanas de Jaca, que consiguieron unos miles de reales de los habitantes de la ciudad a base de colocar y custodiar  las bandejas que ellas mismas habían distribuido en diversos puntos de la ciudad, o con la compra de cigarrillos que repartirían entre los soldados el mismo día de partida en el interior del cuartel. 
Con estas iniciativas y otras de distintas entidades se llegaron a recaudar 6275 pesetas: 1000 del Ayuntamiento; 300 de la Diputación Provincial; 250 del obispo; 250 del cabildo de la Catedral; 2200 de la recaudación de la 1ª velada teatral; 1575 de la cuestación del barrio de los Estudios; 25 de Francisco Ripa y 675 de la 2ª velada teatral. La recaudación se la entregaron al teniente coronel Mariano González quien fue distribuyendo el dinero en momentos puntuales entre los 875 soldados del batallón. Así sucedió el 25 de diciembre cuando entre vivas a Jaca recibieron 3,50 pesetas en concepto de "Aguinaldo del soldado".


Foto decida por Josechu Domínguez 





También se estableció todo un ritual de partida del convoy que comenzaba el día anterior por la tarde-noche. Ese día los jefes daban licencia a los soldados para divertirse y pasar el tiempo de forma agradable por los cafés de Jaca y de forma muy especial en el afamado "Café Universal", situado en un rincón de la actual Plaza de la catedral, al costado de la Lonja Chica, y que regentaba el bueno de Mariano Domínguez.


Al fondo, a la dcha. el "Café Universal"





El Salón lo abrió Juan Domínguez  en la última década del siglo XIX, lo continuó su viuda junto con su hijo Mariano y supuso para la ciudad tener "un trocito de capital" en Jaca.


Del periódico La Unión, 1911.
 Del peródico La Unión, 1912.












En ese café, además de inaugurar un "potente y hermoso cinematógrafo" en 1910, se progamaban conciertos musicales y actuaciones de todo tipo. Eran frecuentes las actuaciones de artistas foráneos, entre las que no faltaban varietés y cupletistas que hacían las delicias de la tropa. Y en esa tarde de despedida tan especial, además de permitir cantos, bailes y más de un exceso, Mariano les obsequiaba con café, copa  y puro. Mientras tanto, los jefes y oficiales  también lo celebraban con un banquete en el Hotel La Paz y bebiendo champán en uno de los Casinos muy vinculado a la oficialidad militar: el "Gabinete de Recreo", luego Casino de Jaca.   

El día siguiente comenzaba con una revista de tropas en la Ciudadela, un beso a la bandera y un desfile por las calles más importantes de la ciudad: calle Mayor, Echegaray y Plaza de la Constitución (hoy Plaza de la Catedral), y terminaba entrando a la Catedral para encomendarse a la protección de las reliquias de Santa Orosia.  




Embarque en la estación de ferrocarril de Jaca del Galicia. (Fototeca Diputación de Huesca

Ya en la estación de ferrocarril, tras los discursos del general Pin y del alcalde José Mª Campo, el convoy se aleja hacia el sur entre las notas de la banda militar. Era un adiós de un tren repleto de soldados que mostraban brazos, cabezas, gorros, pañuelos y banderines por las ventanillas. Un tren entre en el que una docena de asientos estaban ocupados por hijos de Jaca que lucían con orgullo en el cuello de la guerrera el nº 19 de su batallón, el Galicia, pero  un tren que dejaba en el andén lágrimas de  padres y pálidos semblantes de amigos.
Convoy militar sobre las vías de la estación del ferrocarril de Jaca.
 (Foto de Julio Requemo, 1916)


El viaje que les esperaba era todo menos corto. Fueron 35 días los que les costó llegar a Melilla tras pasar por Ayerbe, Huesca, Tardienta, Zuera, Zaragoza, Épila, Ricla, Calatayud, Ateca, Sigüenza, Guadalajara, Madrid, Manzanares, Linares, Andújar, Córdoba, Sevilla y Málaga. Cierto es que el convoy hizo paradas, como la de Calatayud, donde les regalaron un vagón de sandías, la de Madrid, donde les dio tiempo para hacer una escapada y, especialmente, la de Sevilla, ciudad en la que estuvieron 24 días y donde entre desfile e instrucciones "...nos gastamos las 5 pesetas que llegaron desde Jaca y disputamos varios partidos de fútbol entre nuestro batallón y el de los sevillanos en los que casi siempre salíamos vencedores. Luego pasamos 7 días en Málaga, allí se incorporaron cerca de 40 soldados venidos de Jaca enfermos ya restablecidos, y recibimos 5 pesetas de los festivales realizados en Jaca. Antes de embarcar vimos barquillas de pescadores, balandros ligeros, vapores de guerra, trasatlánticos conduciendo tropas. Ya en el puerto, tras apretones de manos, y un regalo de un paquete de tabaco, desfilamos con arrogancia y con aire marcial. Y tras petición nuestra y escuchar una interpretación de un jota aragonesa a cargo de la banda militar, subimos a nuestro barco "A. Lázaro" alejándonos de España. Los bravos del Galicia fuimos cantando jotas y viendo a delfines que se disputaban las sobras de la cena para llegar al muelle de Villanueva de la ciudad de Melilla. Tras desfilar por la calle Alfonso XIII en medio de un numeroso público que aplaudió nuestra llegada, subimos al fuerte de Cabrerizas Altas, nuestra primera estancia en el Riff para inmediatamente entrar en las zonas de Combate de: Gurugú, Buguen-Zein, Monte Arruit, Nador, Camino de Segangan, Res-Tikermin, Valle del Sebt, Atlaten, Camellos, Pico de la Muela (cercano al triste célebre Barranco del Lobo, tumba funesta de las armas españolas en el año 1909) y Zeluan...Comiendo higos chumbos, rancho de garbanzos como piedras, durmiendo en el suelo y en sacos de paja, bebiendo agua mala, siempre con sed insoportable y echando de menos el agua pura y cristalina que brota de la fuente de San Salvador en las faldas del monte Oroel, oyendo el incesante cañoneo, el silbido de las balas y siendo paqueados todas las noches, sin que los tiros corten las notas de la jota de nuestra querida tierra que cantamos después de la puesta de sol en aquella posición de Buguén-Zein". ("El Batallón de Galicia en campaña. Diario de un soldado"). 


Vuelta de veteranos de la guerra de Marruecos desfilando por la carretera de Francia.
Se trata de 82 soldados del Batallón Galicia 19. Un 4 de marzo de 1927.

( foto  publicada en Historia del Galicia, 450 años de historia).



Alivio y júbilo sintieron en Jaca cuando en julio de 1927 se rindió Abd-el-Krim recuperándose el territorio anteriormente perdido. No era para menos, se había terminado la guerra y no se perdió la ocasión para celebrarlo. Fue el 12 de octubre de 1927, el día del Pilar, cuando, en el Salón del Ayuntamiento adornado con lujosos mantones de Manila, la población civil y la militar se unieron para celebrar con un gran banquete la Fiesta de la Paz. Previamente, el Consistorio había invitado a los hijos de Jaca alistados en el Ayuntamiento que habían servido en África desde 1909, invitación a la que respondieron con su asistencia 100 veteranos de África.
El servicio de mesa y la comida, exclusivamente militar, se había preparado en el cuartel: vajilla con el escudo del Regimiento; cubierto y vaso de soldado, pan de munición y comida hecha en la cocina del cuartel. Se comió judías con morro y oreja, merluza a la vinagreta, ternasco asado con entremeses; postres, vino, café y licores. Todo bien guisado y abundante por 4 pesetas. Hubo discursos y, en nombre de los soldados, habló Juanito. Se terminó la velada con el himno español que el público escuchó en pie, ahogando sus últimas notas con vítores y aplausos. Luego los soldados pudieron ir al teatro con las entradas que el general les había regalado y, con el correspondiente permiso, salir de ronda por las calles de la Ciudad con música. 


          









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