
Bajo el aireado enlosado de esta plaza estuvo el antiguo Cementerio Mayor. Lugar en el que nuestros antepasados pensaban poder descansar en paz, hasta que su sueño de más de 800 años fue interrumpido para hacer un moderno parking.
A ellos se les desalojó del lugar del lugar que habían elegido para su descanso, y a nosotros nos cambiaron nuestro Templete por otro de hormigón de nueve pisos; y no contentos con eso, posteriormente, nos privaron de poder contemplar en ese lugar, rodeado de los mismos abetos, el Monumento a la Jacetania: una escultura de de Ángel Orensanz que nosotros llamábamos coloquialmente "Estatua de Belfegor".
Monumento a La Jacetania
Desde
el Banco de la Salud
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| El viejo olmo estaba rodeado de un banco octogonal de cemento con una inscripción que indicaba el año de su realización, 1938. Año en el que se ajardinó la glorieta y se construyeron el muro y la barandilla del fondo. (Antigua postal publicada en El Pirineo Aragonés ) |
Instantáneas del Árbol de la Salud con nuestro viejo olmo en plena forma. Se decía de él que transmitía calma y ayudaba a sanar a los peregrinos del hospital y de la leprosería. Se tienen datos de un árbol de la Salud desde la Edad Media. Y constancia de que el olmo de la fotografía fue plantado en el siglo XVI. Víctima de la grafiosis fue talado definitivamente en 1992. La tristeza que causó su pérdida reclamó de la ciudadanía alguna medida para no olvidarlo; se depositó en un almacén municipal parte del tronco ( de más de 3 metros y 3000 kilos) con el objetivo de hacerle un tratamiento contra la humedad y colocarlo en el mismo sitio, pero finalmente, se optó por plantar un castaño de indias en 1997 rodeándolo de otro banco octogonal de madera. Un acto de vandalismo truncó al joven árbol que fue sustituido por otro igual en el 2012.
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En la fotografía de la izquierda, tomada en los años 50 del siglo pasado, el tradicional hábito de recrearse de una formidable vista y de la tradicional paz interior que respira el lugar.
En la segunda, de 1988, un atrevido concierto al aire libre de unos viejos amigos rockeros jacetanos: "Cebada Express", entre los que se encuentran Mariano, "Lanas" y Pedro.
Hoy
sigue siendo un lugar muy frecuentado que se llama de la misma forma: "Banco o Árbol de la Salud":
"La Sauld es sinónimo de hospital, de casa de enfermos, porqué allí se va a buscar la salud. Grande sería el gozo sentido por los peregrinos cuando al llegar al puente de las Grajas avistaban la institución de la Salud, erguida en el balcón de la Cantera o corona de Jaca".
( Estudios de Historia Jacetana, J. F. Aznarez, 1960).
Allí estuvo la leprosería de la Corona o Casa de Enfermos, citada ya en el siglo XI, donde se aislaba y cuidaba a los leprosos para evitar un posible contagio.
Además, muy próximas al otro lado de la carretera, se construyeron "en el mismo lugar variando su advocación y función a lo largo de los siglos las iglesias de San Esteban (siglos XII-XIII), el Hospital de la Magdalena (siglos XIII-XIV), el Monasterio de de San Andrés (siglos XIV-XVI y la iglesia de San Marcos (siglos XVI-XVIII)" (Publicado por Alberto Gómez García en el nº 50 de Laestela.verano de 2023).
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| A la izquierda, desplazada de su lugar original, la Cruz de San Marcos. |
Como huella de aquellos tiempos, nos ha quedado un capitel románico cuya dimensión siempre he sospechado incompatible con cualquiera de los edificios citados. De ello nos pone luz Alberto Gómez " se trataría de un capitel románico de igual formato y tamaño a los que sustentan la lonja Mayor de la Catedral".
Del cómo llegó hasta allí dicho capitel, se puede especular, pero no del por qué. Se reutilizó invertido como pedestal de Cruz de Término. La también llamada Cruz de San Marcos todavía estaba jalonando por el norte la Capilla de San Marcos en el siglo XVIII y sus restos se dan por desaparecidos en 1836.
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A la entrada de Jaca por la actual carretera de Francia, frente a la Glorieta de la Salud, hoy ocupada por la Escuela Militar de Montaña, estuvo la Capilla de San Marcos con su Cruz.
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| 2016/1916 Fot. Daniel Dufol Álvarez |
Vista del valle del río Aragón desde el Banco de la Salud. De la foto de la izquierda a la de la derecha ha pasado justo un siglo. En primer plano, la casa de la Garisea y los campos que la rodean, vistos desde un auténtico balcón desde el que se contemplan el valle del río Aragón y las cumbres pirenaicas que, como Collarada, parece que se van a dejar tocar con la punta de los dedos.
No cabe la menor duda de que esta vista ha atrapado a jacetanos, peregrinos, viajeros y a todo aquel que visita la ciudad, un paisaje que se pierden en la noche de los tiempos.
En el momento que plasma la fotografía en blanco y negro, en 1916, la casa de la Garisea constaba de una sola torre que servía de residencia para los dueños de la propiedad agrícola. Pero anteriormente, dada su ubicación, forma y presencia de aspilleras, no se puede descartar que tuviera función de vigilancia y defensiva.
Se sabe ese espacio que fue propiedad de los Templarios, pues en el siglo XV, los notarios, repitiendo formularios antiguos, aluden a que sus propietarios contribuían con una "Caballería" (tributo que debían pagar bien con un caballero armado cuando era solicitado para la guerra o con dinero) al Comendador del Temple de Huesca.
Fue también una antigua posesión de los Abarca. En el siglo XVII seguía en posesión de los Condes de Larrosa quien la vende a Elías Roldán. Su penúltimo propietario, Lorenzo Pueyo Ipiens, adquirió la finca en una partida de cartas y posteriormente la compró Roque Castán Ara del que descienden sus actuales herederos. deros. la heredó y en el siglo XX era propiedad de "Casa Castán".
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| La finca de la Garisea en plena explotación hacia 1930. |
A la vista de esta fotografía ya con la casa ampliada y en plena recogida de la cosecha de trigo, parece procedente especular sobre la etimología del nombre GARISEA.
Para Manuel Alvar: voz prerromana, del vasco “Gari” que significa trigo. Pero no es descartable, al contrario yo lo encuentro muy posible, que la palabra en cuestión, tenga relación con paños de importación. Así al menos nos la describe Cobarrubias en su diccionario de la lengua española del siglo XVII, GARISEA : “un paño delgado a manera de estamenete, labrase en Inglaterra, y truxo de allá el nombre Garisea, y acá le mudamos en Carisea. Así le nombró Cornelio de Iudaeis, en su mapa de la Europa, refiriendo las diferencias de paños que se traen de Inglaterra, tomaría el nombre de algún lugar”. Y que parece refrendado por el comentario de Ignacio Jordán de Asso en su Historia de la Economía Política de Aragón de 1789 cuando afirma “que los paños de primera suerte nunca se han fabricado en Aragón dependiendo siempre de la industria agena”. En la Edad Media 1331, Siglo XIV “también se introducía por la parte de Jaca la lana Inglesa" (2, Cabreo de peajes, fol.14) y eso me inclina a creer, que tal vez nuestros pelaires se veían precisados á usar de la estrangera en los texidos de superior calidad”.
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| La Garisea, primavera de 1917. Fotografía de A. López |
De
la plaza de la Estrella a la de Ripa
La que en el siglo XIX y hasta febrero de 1930 se conociera como Plaza de la Estrella cambió su nombre por el actual en honor a D. Manuel Ripa Romero (1850-1931) auténtico prócer jacetano, diputado provincial, alcalde de Jaca (11894-1895 y 1904-1909), director del periódico La Montaña y promotor de importantes reformas destinadas a embellecer y modernizar la ciudad. Bajo su mandato se realizaron entre otros logros: la Plaza del Marqués de La Cadena, la instalación del teléfono en la ciudad, la escalera, balaustrada y quiosco de la música del Paseo de Alfonso XIII, así como la reparación de la Casa Consistorial y la prolongación del cementerio.
Foto tomada en un rincón de la Plaza de la Estrella, posterior Plaza de Ripa.
El comienzo del siglo XX fue muy duro para la clase obrera en Jaca, por lo que fueron
frecuentes las instituciones que ayudaban a los pobres, como "El Pan de San
Antonio", "La Olla de los Pobres", El "Pan de los Pobres" o las llamadas "Suertes del Boolar", una fundación social que el Ayuntamiento puso en ejecución para que las familias pobres de la ciudad disfrutaran gratuitamente de tierras de labor.
Quizás transportadas desde la estación del ferrocarril en el carruaje de la derecha, con la finalidad de alimentar las estufas de algún hogar jacetano, esas traviesas, tan desgastadas como las rodillas del mendigo, sirven de hogar y asiento a un tal "CÁNOVAS, POBRE VERGONZANTE" que, ataviado con sombreo y alforjas, con una olla a sus pies y dos inseparables bastones que él mismo se ha confeccionado, es objeto de la atención de un fotógrafo anónimo allá por el año 1920.
De la anterior foto en blanco y negro a esta en color, tomada en 2016, ha pasado casi un siglo.
Y a pesar de que los cambios son evidentes, en la parte de la derecha, el alerón del tejado de la que yo conocí como "Casa Burro" y las balconadas en estado ruinoso de las casas del fondo son perfectamente reconocibles.
Tras el abeto sigue estando el mismo edificio de factura noble al que se le ha añadido un tejado a dos aguas. Un edificio con contrafuertes, canecillos y un vano gótico que nos lleva a sospechar que tuviera algún uso anterior al de albergar la sacristía de la Catedral. Bien pudiéramos estar en presencia de lo que queda de la antigua iglesia románica de San Nicolás y que el portal románico que hoy se encuentra el nº 21 de la calle San Nicolás ( "Casa Gaitero") fuera el de la puerta de acceso de esa iglesia.
Otra foto donde se observa a "CÁNOVAS, POBRE VERGONZANTE" ante la mirada de dos jacetanos.
Esta perspectiva nos deja ver mejor el cerramiento encalado que aislaba la Catedral del resto de la plaza. Así como el desproporcionado ábside mayor, tambien encalado, con uno de sus tres gigantescos óculos. Este ábside sustituyó al original en 1790, y en su interior, posteriormente, se colocó la sillería del coro.
En esta foto de G.Beritens y J.Lacasa, también de principios de siglo, en la que se ve la calle que da acceso por levante a la Plaza de la Catedral, todavía se mantiene el muro que impide ver la totalidad del ábside derecho o de la epístola, único que ha llegado hasta la actualidad en su original factura.
Son los años sesenta.
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| Cuartel de la Guardia civil. |
Por aquel entonces ya podíamos contemplar mejor la joya del ábside de la epístola y su rico decorado escultórico, pues se ha quitado la tapia y se ha sustituido por un muro bajo de piedra con una verja de hierro. Y la plaza de Ripa se adorna con un jardín en el centro. A la izquierda, donde se ve la niña, estuvo la casa cuartel de la Guardia civil.

Así es como yo recuerdo (falta el abeto que lució en el centro del jardín) la plaza de Ripa. En esta fotografía, ya había cerrado la carnicería de Burro, ubicada a la izquierda de la entrada principal de la casa y donde, por cierto, se hacían las mejores tortetas y morcillas de Jaca. Se había quitado por completo la tapia alta que impedía ver el ábside central de la Catedral. Y se observa un inoportuno negocio de maquinaria agrícola, "Comercial Tello", que aumentó la altura de la tapia decimonónica privándonos ( durante unos 50 años) de una vista mucho más agradable.
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Año 2015, obras en la plaza de Ripa,
fotografía del Museo Diocesano de Jaca. |
La
plaza de Ripa se renueva.
Aislada por el hormigón
contemporáneo de la plaza de Biscós y abrazada a una antigua vecina, la Catedral, que
vio cómo pusieron sus cimientos, la "Casa Burro" parece estar pidiendo a
gritos algo más que una mano de pintura.
Esta casa, en opinión de Alberto Gómez, en su "Estudio inédito sobre el Barrio Episcopal de Jaca", "se construyó en la segunda mitad o finales del siglo XVI y correspondía al palacio del Arcediano de Gorga, canónigo encargado de administrar el Arcedianato de Gorga ( de Guarga)"

Año 2015. Estado actual de la Plaza Ripa.
De izquierda a derecha: un establecimiento comercial situado en el lugar en que estuvo la casa cuartel de la guardia civil; el mural que reproduce algunas pinturas románicas que se encuentran en el interior del Museo Diocesano y que sirven para ocultar la casa en ruinas donde se encontraba la antigua funeraria "El Paraiso", cuyas letras gigantes, pintadas en azulete, ocupaban la pared de la funeraria más antigua de la región, la de Manuel Gonzalez ; los ábsides de la Catedral: el derecho o de la epístola, el ábside mayor y el ábside izquierdo o del evangelio "restaurado" con dudoso criterio; la antigua iglesia de San Nicolás; la "Casa Burro", y en primer plano, la fuente que tras rondar de una plaza a otra (yo la conocí con el nombre de fuente de la Palma a la entrada y a la derecha del la actual calle de Zocotín) y de un lugar a otro de la plaza, me transporta a aquellas tardes-noches de agosto, en las que mis padres me mandaban por agua fresca para la cena, de la que bajaba desde San Salvador, y yo llenaba mi botijo, tras esperar pacientemente una larga cola.